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Noventa y nueve

21/09/2009 00:30 1 Comentarios Lectura: ( palabras)

¿Qué nos falta para tener la felicidad? ¿Realmente nos falta algo?

Había un rey muy triste, y tenía un sirviente que como todo sirviente de rey triste, era muy feliz, Todas las mañanas el paje llegaba con el desayuno y despertaba al rey cantando y tarareando con alegría canciones y melodías que llenaban el espíritu de todos quienes lo escuchaban; su sonrisa contagiaba a todos con quienes se cruzaba y quienes lo rodeaban.

-No hay secreto, Alteza...

-¡No me mientas! ¡He mandado a cortar cabezas por faltas menores que una mentira!

-No le miento, Alteza, se lo juro, no guardo ningún secreto.

Un día el rey lo mandó a llamar.

-Paje..., le dijo- ¿Cuál es el secreto?

-¿Qué secreto, Majestad?

- El secreto de tu alegría

-¿Porqué estás siempre alegre y feliz? ¿eh...? ¿Por qué...?

-Majestad, no tengo razones para estar triste. Su Alteza me honra permitiéndome atenderlo. –Vivo con mi esposa y mis en la casa que la Corte nos ha asignado, nos dan vestido y alimentación y además su Alteza me premia de vez en cuando con monedas que nos permiten darnos algunos gustos. ¿Cómo podría no estar feliz?

-¡Si no me dices ya mismo el secreto, te haré decapitar! - Dijo el rey... -¡Nadie puede ser feliz por esas razones que has dado!

-Pero Majestad, no hay secreto. Nada me gustaría más que complacerlo, solo que no hay nada que yo este ocultando...

-¡Lárgate, vete antes de que llame al verdugo!

El sirviente sonrió, hizo una reverencia y salió.

El rey estaba como loco... No podía explicarse cómo el paje podía estar feliz viviendo lleno de deudas, vistiendo ropa usada y alimentándose con lo que los cortesanos dejaban en la mesa.

Cuando consiguió calmarse llamó al más sabio de sus consejeros para contarle su conversación de la mañana.

-¿Porqué él es feliz? No lo entiendo, es pobre, es solo un sirviente, incluso lo tratamos mal y es destinatario de nuestros disgustos y estallidos de mal humor, pero es feliz, su sonrisa y sus cantos… su manera de hacer su trabajo… me vuelve loco, quisiera entenderlo, quisiera conocer su secreto.

-Ah..., Majestad, lo que sucede es que él está fuera del círculo 99.

-¿El círculo 99?

-Así es.

-¿Y eso es lo que lo hace feliz?

-No Majestad, eso es lo que no lo deja ser infeliz.

-A ver si entiendo, estar en el círculo 99 te hace infeliz...

-Así es.

-¿Y como fue que salió?

-Majestad, es él que nunca entró...

-¿Qué círculo es ese?

-El circulo 99.

-En verdad, no entiendo nada de esto que me dices.

-La única manera para que entendieras, sería mostrártelo en los hechos.

-¿Cómo?

-Haciendo entrar al paje en el círculo 99.

-¡Eso, eso...! ¡Obliguémoslo a entrar! Pronto.

-No es tan fácil, Majestad. -No puede obligar a nadie a entrar en el círculo.

-Entonces habrá que engañarlo...

-No hará falta, Su Majestad. Si le damos la oportunidad, el entrará solito...

-¿Pero él no se dará cuenta de que eso es su infelicidad?

-Sí, se dará cuenta.

-¡Entonces no entrará!

-No podrá evitarlo...

-¿Dices que él se dará cuenta de la infelicidad que le causará entrar en ese ridículo circulo, y de todos modos entrará en él…?

-Exactamente. Majestad. Pero usted perderá un excelente sirviente ¿Está dispuesto a perderlo solo para poder entender la estructura del círculo 99?

-¡Si! – El Rey mostraba una impaciencia terrible y creciente….

-Bien, esta noche le buscaré Majestad. Tenga preparada una bolsa de cuero con 99 monedas de oro... ¡Ni una mas ni una menos..., solo, exactamente 99!

-¿Solo eso? ¿Llevo los guardias, por si acaso...?

-No es necesario, nada mas que la bolsa de cuero con las monedas, Majestad, -Hasta la noche.

-Hasta la noche.

Esa noche, el sabio pasó a buscar al rey y ambos se escurrieron hasta los patios del palacio, se ocultaron junto a la casa del paje. Allí esperaron el alba.

Cuando dentro de la casa se encendió la primera vela, el hombre sabio tomó la bolsa y sujetó sobre ella con un alfiler un papel que decía:

“Este tesoro te pertenece. Es el premio por ser un buen hombre, disfrútalo y no cuentes a nadie cómo lo encontraste”.

Pero me falta una moneda..

Luego ató la bolsa con el papel en la puerta de la casa del sirviente, golpeó y volvió a esconderse.

Cuando el paje salió, el sabio y el rey espiaban desde atrás de unas matas lo que sucedía.

El sirviente vio la bolsa, leyó el papel, sacudió la bolsa... escuchó el sonido metálico, se estremeció, apretó la bolsa contra su pecho, miró hacia todos lados de la puerta, y volvió a entrar a su casa.

Entonces el Rey y el sabio, se asomaron sin ser vistos a la ventana para ver la escena.

El sirviente tiró todo lo que había sobre la mesa dejando solo la vela. Derramó el contenido de la bolsa sobre la mesa y se sentó para contemplarlo, incrédulo aún.

No podía creer lo que estaba viendo... ¡Era una montaña de monedas de oro! Él, que nunca había tocado una de estas monedas, tenía hoy toda una montaña de ellas a su disposición. El paje las tocaba y amontonaba, las acariciaba y hacía brillar la luz de la vela sobre ellas. Las juntaba y desparramaba, después hacía y deshacía pilas de monedas.

En un momento, jugando y jugando, comenzó a hacer pilas de 10 monedas; una pila de diez, dos pilas de diez, tres pilas, cuatro, cinco, seis.... y mientras, sumaba: 10, 20, 30, 40, 50, 60.... hasta que formó la última pila: Esta tenía solo 9 monedas ¡¡¡99 monedas...!!!

Su mirada recorrió primero la mesa, buscando una moneda más. Luego el piso y finalmente la bolsa.

"No puede ser", se alcanzó a oír el murmullo. Puso la última pila al lado de las otras y confirmó que era más baja.

-¡¡Me robaron!! -gritó- ¡¡Malditos, me han robado!!

Volvió a buscar en la mesa, en el piso, en la bolsa, en sus ropas... vació sus bolsillos, corrió los muebles, pero no encontró lo que buscaba.

Sobre la mesa, como burlándose de él, una montañita resplandeciente le recordaba que había 99 monedas de oro. "Sólo 99...".

"99 monedas. Es mucho dinero", se dijo.

Pero me falta una moneda...

Noventa y nueve no es un número completo -pensaba- Cien es un número completo, pero noventa y nueve, no...

Afuera, mirando por la venta el rey y su consejero podían adivinar los pensamientos del paje. La cara del sirviente ya no era la misma, tenía el ceño fruncido y los rasgos tiesos, sus ojos se habían vuelto pequeños y arrugados y la boca mostraba un horrible rictus, por el que se asomaban los dientes. Se veía tensión, rabia… pensar que ese era un rostro alegre y risueño hacía solo unos pocos minutos….

El sirviente guardó las monedas en la bolsa y mirando para todos lados para ver si alguien de la casa lo veía, escondió la bolsa entre la leña.

Luego tomó papel y lápiz para luego sentarse a hacer cálculos.

¿Cuánto tiempo tendría que ahorrar para comprar su moneda número cien...?

Hablaba solo, en voz alta.

Estaba dispuesto a trabajar duro hasta conseguirla... Después, quizás no necesitaría trabajar más... Con cien monedas de oro, un hombre puede dejar de trabajar... Con cien monedas de oro un hombre es rico... Con cien monedas se puede vivir tranquilo...

Sacó el cálculo. Si trabajaba y ahorraba su salario y algún dinero extra que recibía, en once o doce años juntaría lo necesario… pero…. "Doce años es mucho tiempo", pensó.

Quizás pudiera pedirle a su esposa que buscara trabajo en el pueblo por un tiempo. (Y él mismo, después de todo, terminaba su tarea en palacio a las cinco de la tarde, podría trabajar hasta la noche y recibir alguna paga extra por ello...). Quizás pudiera pedirle a su esposa que buscara trabajo en el pueblo por un tiempo. (Y él mismo, después de todo, terminaba su tarea en palacio a las cinco de la tarde, podría trabajar hasta la noche y recibir alguna paga extra por ello...).

Sacó cuentas otra vez: sumando su trabajo en el pueblo y el de su esposa, en siete años reuniría el dinero. ¡¡¡Era demasiado tiempo...!!!

Quizás pudiera llevar al pueblo lo que quedaba de comidas todas las noches y venderlo por unas monedas. De hecho, cuanto menos comieran, más comida habría para vender...

Vender...

Vender....

Es la época del calor... ¿Para qué tanta ropa de invierno? ¿Para qué más de un par de zapatos?

Era un sacrificio, pero en cuatro años de sacrificios llegaría a su moneda cien. Y podría vivir mejor…

El rey y el sabio volvieron al palacio.

El paje había entrado en el círculo del 99... Durante los siguientes meses, el sirviente siguió sus planes tal como se le ocurrieron aquella noche. Pero ya no reía, sus canciones ya no se escuchaban por las habitaciones de palacio, su rostro estaba demacrado y su lengua era ofensiva, se había vuelto parco en palabras y sus gestos eran toscos en contraste con la suavidad con que obraba antes.

Una mañana, el paje entró a la alcoba real golpeando las puertas, refunfuñando y con cara de pocas pulgas.

-¿Qué te pasa?- Preguntó el rey de buen modo.

-¡Nada..., nada me pasa...!

-Antes, no hace mucho, reías y cantabas todo el tiempo.

-¡Hago mi trabajo! ¿Verdad? ¿Qué otra cosa le gustaría a su Alteza..., quiere que sea también su bufón y su juglar?

No pasó mucho tiempo antes de que el rey despidiera al sirviente. No era nada agradable tener un paje que estuviera siempre de mal humor...

---

Todo esto sucede cuando nos hemos dejado de convencer de que para tener felicidad hemos de tener una totalidad de cosas o requisitos; es decir que, nos han convencido de que debemos esperar hasta completar todo para tener la felicidad. Lector amigo, no es así, lo que tenemos basta para ser felices, claro, nadie dice que debemos conformarnos, siempre debemos buscar más, pero esa búsqueda no tiene que robarnos la felicidad. Es más, podemos ser felices mientras conseguimos más... la felicidad no es el destino, es la trayectoria.

Lo que sucede es que él está fuera del círculo 99

PD. Esta historia la leí hace unos años cuando era colegial y me señaló un camino.


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Jaferlui (116 noticias)
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gpastor (21/09/2009)

la playa me falta, mi empleo, alguien que me da calor, la familia , y que todos que quieremos tiene que quiere