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Nota arbitraria acerca del Yo Cartesiano y el Nos-Otros Intercultural

21/03/2011 10:03 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

¿Por qué pensamos como pensamos? ¿Por qué pensamos en lo que pensamos? Nosotros que no somos los hiperbóreos nietzscheanos, sino occidentales o, mejor dicho, occidentalizados a garrote limpio, pensamos bajo los criterios que dictan las normas del genio clasificador de Occidente, que no es otro que el racionalismo cartesiano. Todo pasa a través de sus categorías como bien lo resume Cadenas en uno de los poemas que conforman su libro Intemperie:

Puesto que estás aquí, tienes queAquí se caminasin preguntar.Tienes queNo precisemos.Haz como que entiendes.Ya sabes:Sin interrogar.(Todas las preguntas caena los pies de tienes que.) ¿Angustia? Nada de eso, quédate tranquiloen tu silla, contando las horas.

De qué se trata ese tienes qué, quién o qué hay detrás. Cuestionamientos que me motivaron a preguntarles a mis alumnos del Colegio Alemán de Maracaibo ¿Qué somos cuando somos? ¿Quién dice cuando hablamos? ¿Quién escucha cuando escuchamos? ¿Qué ojos se abren cuando miramos al otro?

Raimon Panikkar, filósofo barcelonés, ha dicho que los occidentales hemos aprendido a ver al otro y al mundo a través de nuestras especializaciones y de nuestra cultura. Tanto una cosa, así como la otra son el resultado maduro de la racionalidad moderna. El otro y la otra son indagados desde nuestras limitaciones culturales, cuando no ideológicas que, a mi juicio, es una perversión –me refiero a la ideología– de la misma cultura. Si nuestra racionalidad no permite, puesto que no cabe, la idea de superar – por no decir, trascender– nuestro propio punto de vista; bien poco podría permitir valorar con cierta propiedad el punto de vista de la otra o del otro. Esto parece muy simple de analizar. Nuestra racionalidad da para eso, sólo que ese análisis se lanza desde el Yo cartesiano que niega tajantemente el riesgo que supone la vida que no es más que ese lanzar la conciencia hacia una idea liberada de la alteridad.

Sin embargo, el discurso racional, vamos a llamarlo patriarcal, ya que es el origen de todas las categorías que conforman nuestra cultura y nuestra relación con nosotros y el otro. Este patriarcalismo viene acompañado por otra racionalidad que, de alguna manera, ha moldeado al primero para efectos de dominación: la racionalidad teologal. En este sentido, Michel Onfray, mucho más radical que Panikkar, afirma que la constitución y la estructura del Occidente burgués y laico contemporáneo proceden de la visión degenerada del mundo: odio a las mujeres, misoginia estructural, esquizofrenia generalizada, pensamiento binario y moralizador, obsesión concupiscente por someter la sexualidad a una dietética ascética integral. Esto que Onfray centra en la sexualidad se ha expandido en lo más profundo de la cultura occidental. Si bien Panikkar parece apuntar hacia el cartesianismo, Onfray va más atrás. Apunta hacia el idealismo platónico como responsable directo de la distorsión en las ideas de lo que son la mujer y el hombre. El platonismo fue tremendamente aprovechado por el cristianismo para fundamentar la racionalidad teologal. Sobre este punto Nietzsche ya había dicho lo suyo en Más allá del Bien y del Mal al afirmar que el cristianismo es platonismo para el pueblo.

Tanto el racionalismo cartesiano como el teologal –bases de la modernidad occidental y del patriarcalismo– unificaron criterios para conformar la noción de necesidad de un pensamiento único a través del cual se mediría todo cuanto viviera y muriera en este mundo. Para muchos la expresión vigente de ese pensamiento único es la Globalización. No sabría cómo decir que no es así, pero creo que la idea de pensamiento único no es exclusiva de la Globalización. Hay otras propuestas supuestamente liberadoras y emancipadoras que se alimentan de esta condición unívoca. Lógicamente, estas propuestas también son representaciones de la modernidad. Panikkar considera en este sentido que querer instaurar un pensamiento único o una civilización única es un pecado de lesa humanidad que se deriva de haber confundido el pensamiento con la abstracción. Podemos colocar como ejemplo la obra orientalista de Hermann Hesse. Cuando Hesse habla de Oriente realmente está hablando y escribiendo desde su experiencia en una región particular. La India no es más que una parte de la totalidad oriental, pero cuando leemos a Hesse nos queda la sensación de que todo ese mundo milenario puede expresarse únicamente a través del pensamiento y la filosofía india. Esto, claro está, es una expresión fidedigna de lo que hemos venido reflexionando.

Panikkar asoma, al igual que lo hace Fornet-Betancourt, la idea de interculturalidad como posibilidad para quebrar ese logos establecido por la modernidad. La interculturalidad –rostro de la posmodernidad latinoamericana– tiene la posibilidad real de desarticular los criterios enraizados en lo más profundo de las culturas. Desmonta la idea de un pensamiento unívoco y lo transforma en conocimiento plural entendiendo que, como reconoce Fornet- Betancourt, es un quehacer contextual, ya que es una potencialidad humana indefinible a la luz de un solo criterio racional. Por tal razón, Álvaro Márquez-Fernández señala al Yo cartesiano (en ese Yo están implícitas ambas racionalidades) como una entidad que procura la constitución de una razón absoluta (el patriarcalismo) y a través de esa razón absoluta, imponer una visión de la mujer, el hombre, del mundo y de la cultura. El Yo cartesiano ve al otro como lo definiría Heidegger: un ser a la mano, pero desde la instrumentalidad. En este sentido sería de mayor provecho aprender a ver y a pensar a la otra o al otro como un nos-otros tal y como lo redefiniría Lévinas: un yo que no usurpa al otro, un otro que no es usurpado. Esa visión del nos-otros queda desnuda en la interculturalidad. Esta nueva relación permite el rescate del sujeto que ahora sería definido –si es que puede definirse– desde su contexto. Encontrar al sujeto, dice Márquez-Fernández, desde él mismo y así quebrar con otro concepto de la modernidad positivista: la identidad. La identidad anula –como parte del razonamiento unívoco– toda posibilidad de criterio para observar al otro desde el otro mismo, desde su estar y hacer en el mundo.


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Bitacoradelabismo (31 noticias)
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bitacoradelabismo.blogspot.com
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