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Nostalgia por las Navidades de Antaño

29/12/2010 00:43 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

En días pasados leí un artículo en una revista, en donde mencionan el sentimiento de tristeza que por ésta época aflora en un porcentaje alto de personas

En días pasados leí un artículo en una revista, en donde mencionan el sentimiento de tristeza que por ésta época aflora en un porcentaje alto de personas y daban algunos tips, para lograr minimizar o evitar la tristeza, como por ejemplo: Salir a caminar, respirar, hacer deporte, reemplazar, cambiar o innovar las viejas tradiciones de la Navidad, pedir ayuda a un profesional en medicina o psicología, hacer obras de caridad porque pensar en los demás ayuda aliviar las penas según el artículo, visualizar los proyectos del corto y mediano futuro, etc…etc…etc..

Y estoy de acuerdo con todas esas recomendaciones. Sin embargo me puse a pensar:

Por qué no llorar, sí observa a la familia y se da cuenta que en ésta Navidad alguno de sus miembros ya han partido y no estarán más presentes ni en ésta ni en futuras Navidades y no falta a alguien que le dé por poner “El Ausente”.

Por qué no llorar, cuando en esta Navidad compra buñuelos grandes, doraditos, crocantes y perfectamente redonditos e inmediatamente viene a la mente los que se hacían en la casa, doraditos por fuera, pero crudos por dentro, pero no importaba porque la intención era lo que valía. Además los buñuelos de la casa, no eran tan redondos, más bien eran como una especie de figura sin forma con tres o cuatro protuberancias.

Por qué no llorar, cuando en ésta Navidad compra la natilla ya hecha, de una impecable forma y de un perfecto color blanco, e inmediatamente viene a la mente la “natilla de la casa” ¡si¡ esa que no era de un blanco perfecto, sino más bien como de un color beige, tirando a color panela ¡SI¡ claro…- color panela-, porque obviamente la endulzaban con panela y tampoco era uniforme en su aspecto, parecía más bien como si le hubieran pasado un palustre por encima, pero así con toda su particular forma y su inconfundible color panela, era la mejor natilla del mundo.

Por qué no llorar, cuando viene a la mente la disputa con el papá, la mamá o el hermano, por la raspa de la olla de natilla, ya alguno de ellos puede que no esté, ya no habrá más forcejeo.

Por qué no llorar, cuando en la actualidad tiene en el iPod toda la colección de villancicos, pero inmediatamente viene a la memoria, que en esa época no había iPod y que el fondo musical de los villancicos era un instrumento muy particular elaborado con tapas de gaseosa aplastadas y argolladas a un alambre dulce y los acompañantes del coro eran los parces de la cuadra… ¡Qué maravillosa e inolvidable sinfonía ¡

Por qué no llorar, cuando en la actualidad compra un árbol de navidad, cuyos adornos son cuidadosamente seleccionados, de un mismo color, tratando de atinar a la moda del momento y entonces se acuerda que en esas Navidades no importaba el color de la bola, por el contrario el árbol de la casa era elaborado con un papel plateado, dorado o verde, el papel iba entrelazado a los alambres que iban insertados en la columna vertebral del árbol y las bolas eran de todos los colores, de todos los tamaños, el colorín perfecto y en el pesebre además se permitía poner avioncitos de guerra, soldaditos en posición de ataque, un tractor y hasta un superhéroe, pero en dónde definitivamente se rezaron las mejores novenas.

Por qué no llorar, cuando se acuerda que en esa remota Navidad siempre soñó que el niño Dios le trajera un angelino de la Fábrica Nacional de Muñecos y cuando destapó el regalo se dio cuenta que no le había traído al angelino, sino que le llevó un muñeco sin nombre, sin registro civil y sin identificación, es decir un NN, pero a la final ese NN se convirtió en el mejor e inseparable amigo.

Por qué no llorar, cuando en la actualidad compra por libras un pavo relleno elaborado hace algunos meses, pero que se mantiene muy bien, gracias a los conservantes, pero inevitablemente se acuerda del ajiaco o de los tamalitos recién hechos por la mamá. El mejor plato del mundo.

Por qué no llorar, cuando en diciembre ve llover todos los días y se acuerda que en esa época los días de diciembre eran de un sol radiante, cuando impaciente esperaba los 12 primeros días de enero para hacer uso del mejor calculador del tiempo “Las cabañuelas”. En la actualidad no hay cabañuela que valga, el tiempo es imprevisible.

Por qué no llorar, cuando se da cuenta que ninguna Navidad será igual.

Entonces concluyo que no se debe o no se puede evitar o eludir la tristeza, la mejor recomendación es llorar, porque cada lágrima derramada es una gota de un pasado feliz que nos pertenece, cada lágrima representa una persona y una emoción que no volverán jamás y cada lágrima derramada nos recuerda que en homenaje a ese pasado debemos liberar el alma, equiparnos de felicidad y continuar el camino.


Sobre esta noticia

Autor:
Sandra Mercedes (11 noticias)
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Opinión
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