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Nómadas de la opulencia en el Cantábrico

14/05/2009 09:13 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

Es inevitable relacionar la aventura con los viaje y los grandes andariegos, siempre una minoría, son apasionados. Y es que la aventura es una pasión, un amante versátil que no cansa.

Este es un recorrido por los pueblos sobre el litoral Vasco, siguiendo el oleaje del mar de más de cinco mil años de edad, para escuchar a sus arenas y guijarros que vibran, hablan, gritan y rugen.

El viaje inicia por la autopista que va de Bilbao a Sopelana, abrigada por los plegamientos montañosos de la meseta.

Este municipio es el paraíso del surf, su playa La Salvaje es de fuerte oleaje y corrientes. Ofrece dos rompientes bien diferenciadas: La Batidora, una ola irregular que rompe sobre la arena, y La Triangular, una ola de roca que rompe a la derecha de la costa. Respecto a la ola de la playa Sopelana (Atxabiribil) destaca por su regularidad y variedad de picos.

Ambas ostentan la bandera azul, galardón concedido por la Unión Europea a la limpieza de sus aguas.

El poblado está en franco crecimiento, sin menoscabo de su apacibilidad. Su población es abierta y cálida. Saben degustar de la vida, así que es usual ir de un bar a otro, para degustar los Pintxos (de merluza, tortilla con pimientos, o de angulas), un Rioja o un zurito (pequeña medida para la cerveza), a cualquier hora del día, y entablar una animada platica con alguien recién conocido.

Cuenta con numerosos espacios verdes, como los parques Iturrieta con 10 mil metros cuadrados de árboles y paseos; y Fernando Ansoleaga ideal para el deporte de escalada.

La arboleda de Urko posee asadores, áreas para los niños, instalaciones deportivas y un espectacular campo de tiro con arco.

Entre sus edificaciones históricas, está la iglesia de San Pedro de estilo renacentista y la rústica construcción de la emita de San Andrés del siglo XII, sobre la carretera a Plentzia.

En las peñas de Santa Marina, está enclavada otra ermita del mismo nombre. Desde la cual se divisa la costa de Vizcaya.

Seguimos por esa la carretera general. Tras la bajada de Barrika se alcanza a divisar Plenzia, que está en un valle.

Otra posibilidad, es llegar en tren desde Bilbao hasta las afueras de Plentzia.

Uno de sus encantos, es su ría que nace en la de Butrón (rico en almejas lubinas y en la temporada de invierno de las sabrosas angulas) que la cruza hasta desembocar al mar.

Las bermejas montañas reflejan sus tonalidades en el mar que se va transformando lentamente en azul verdoso.

Nuestro paseo comienza en el estacionamiento colindante al sanatorio marino de Gorliz, construcción sencilla y armoniosa. Antaño albergó enfermos de tuberculosis.

Construido en las últimas décadas del siglo XIX, tuvo mucha importancia debido a las nuevas terapias que se utilizaron y por la disposición del edificio que hace que durante todo el día recibía la luz del sol.

En la decoración se utilizó el azulejo, blanco con rombo azul, creando líneas y sencillas formas geométricas que dan armonía al edificio construido por el arquitecto Mario Camiña.

Cercano al Sanatorio, por la carretera que va al puerto viejo de Astondo (ubicado en el extremo derecho de la bahía), encontramos unas escaleras a la derecha, que ascienden por un.

Estas nos llevan a unos miradores desde donde se contemplan una panorámica de la bahía y el pueblo de Plentzia.

En su astillero, donde ahora se encuentra el Ayuntamiento, se hicieron dos barcos para la Armada Invencible.

Su centro urbano comprende el Casco Viejo que está adoquinado y los alrededores de la playa con sus departamentos propios del desarrollo turístico.

Subiendo por sus estrechas callejuelas, se encuentra la austera iglesia de Santa María Magdalena, de la época de los Reyes Católicos, con sus bellos bajorrelieves góticos.

Algunas de sus casas datan del siglo XVIII, mismas que se conservan en todo su esplendor. Para disfrutar de ese ámbito, nos hospedamos en una hostería del estilo que bordea la ría. En la habitación, las sábanas son frescas y el pan huele a leña.

En la terraza un marinero de tez curtida, narra las leyendas en torno a la muralla del puerto que datan de hace dos siglos. En tanto, fuma su pipa y nos comparte unos pinchos y unas copas de vino. Otros escuchan la música o juegan a los dados.

El recorrido discurre por una costa recortada de acantilados, puertos naturales, ensenadas y cabos, dentro de un paisaje que nos sorprenderá por la variedad de aspectos que encierra.

Es un lugar para descansar, practicar deportes acuáticos y andar. Uno de los paseos que ofrece, ría arriba, es hacia el Castillo de Butrón, maravillosa edificación medieval rodeada de un bosque que se antoja encantado.

Sus fiestas patronales son el 16 de julio, en honor a la virgen del Carmen y el 22 del mismo mes a la Magalena. La más importante es la de San Antolín, el 1 de septiembre, que se celebra con un mercado con los productos de la zona (hortícula, aves de corral, mariscos y pescados).

Más habremos de desandar los pasos, regresando a Sopelana, para seguir hacia el Este y así llegar a Bermeo. Es la localidad vizcaína más poblada y en mejor estado económico, al mantenerse en la vanguardia de las flotas pesqueras de bajura y poseer una importante flota de altura.

De camino, ubicada entre Plentzia y Bakio, Armintza es un puerto pequeño y antiguo, ubicado en la ensenada del mismo nombre.

De entrada difícil y peligrosa por la mucha piedra y bajos rocosos que flanquean el canal de entrada. Está protegido por fuertes acantilados e islotes rocosos que se precipitan  hacia el mar.

Ha pasado de puerto pesquero a albergar mayormente embarcaciones de recreo, con viviendas destinadas a residentes estacionales. Su costa de aguas cristalinas, llena  de vida, es un excelente escenario para los amantes del buceo  y de la pesca submarina.

Su paseo de Txorropes cuenta con un nuevo elemento decorativo: el barco más antiguo de esta localidad marinera, bautizado como Lutxia, en honor a la esposa de su dueño.

El frontón posee una oficina acristalada desde la que se divisarán la cancha y el graderío, que acoge a 40 espectadores. Además, un segundo graderío de acero puede albergar 95 personas, y un tercero en forma de balcón para 70 aficionados de pie.

Luego nos encontramos con Bakio. Su litoral en entabla batalla con un mar, que horada la costa formando cuevas y arcos, erosionando areniscas, y la tierra vence dejando islotes de duras calizas arrecifales.

Este modelo de erosión dibuja un paisaje de belleza única, lo que unido al interés histórico de la zona, han hecho merecer a ésta su catalogación como Biotopo Protegido.

Alberga el islote de Akatze aves marinas en abundancia (paíño común. gaviota patiamarilla, cormoranes moñudos y paloma bravía), ya que sólo se puede acceder por mar, permitiendo su reprodución con tranquilidad.

Castillo Aspero

Aquí también se encuentra la extroaordinaria ermita de San Juan de Gaztelugatxe que data del siglo X, eregida sobre una isla a la cual se llega cruzando un puente de piedra y una empinada escalinata en zig zag de 237 peldaños.

Es venerada por todos los arrantzales. No es casualidad que en su interior tres exvotos de navío cuelgan del techo, la proa de una embarcación adorne el altar y diversos cuadros sobre embarcaciones y naufragios decoren la ermita.

La Asociación Submarinística de Bizkaia, ha sumergido junto al peñón una virgen de Begoña. Su silencioso mundo de formas y tonalidades sorprendentes, se extienden bajo la masa líquida que rodea a la isla, considerada por muchos artistas fuente de inspiración.

Después de la peregrinación, se puede disfrutar del solaz en el pintoresco puerto de Bermeo. Su acogedor casco viejo, sus pequeñas calas para el baño, su típica cocina surtida de pescados frescos y bien condimentados, sus excelentes condiciones climatológicas -inviernos suaves y veranos no muy calurosos- hacen de este punto un atractivo paradero turístico, en el que late, la vida del pueblo vasco cargado de profundas y arraigadas tradiciones pesqueras.


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Melusina (10 noticias)
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