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No pienses

02/02/2011 18:03 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

La independencia no se lleva bien con los grupos de comunicación. Es una obviedad que los periodistas se empeñan en silenciar y los directores de periódicos en negar. 

Hace unos días, Nacho Vigalondo hizo una broma en Twitter sobre el holocausto. Dijo: "Ahora que tengo más de cincuenta mil followers y me he tomado cuatro vinos podré decir mi mensaje: ¡El holocausto fue un montaje!" Consecuencia:  la derecha nacional ha usado el chiste para atacar a Prisa. No hubiese pasado nada si Nacho fuese solo un cómico o solo un director de cine. Lo que ocurre es que tiene su blog alojado en El País y que ha escrito, dirigido y protagonizado un anuncio para ese mismo medio. 

La independencia intelectual es inversamente proporcional al tamaño del grupo de comunicación que te contrata. Quien lo niegue, miente. Nadie te dice qué tienes que decir y qué debes callar, pero uno sabe perfectamente dónde está la línea roja. Y sabe cuándo la está cruzando (salvo que esté muy borracho como, al parecer, estaba Nacho cuando escribió ese chiste). 

Cuando uno escribe para un gran medio sabe que todo lo que escribe, aunque no sea para ese medio, es susceptible de ser vinculado a él. Yo tuve que aguantar titulares como "Un columnista de Público se alegra de la agresión a Berlusconi", también por un comentario en Twitter. Uno, por tanto, no sólo renuncia a la libertad de expresión cuando escribe para el medio que le paga, sino que la pierde en todo momento y lugar. 

A no ser, claro, que te dé igual ser despedido. 

Pero muy pocos quieren convertirse en el Jesucristo del periodismo español, el mártir de la opinión pública, violado y humillado por la comunidad bienpensante que dirige todos los medios de comunicación españoles. Escupido al underground, condenado a redactar crónicas desde Oriente Medio o a escribir crítica literaria en ABC.

Y esta imposición silenciosa igual sirve para los serios periodistas que para los serios humoristas.  Basta comparar los más populares cómicos españoles con los ingleses y americanos para descubrir una España católica, apostólica y romana, mojigata y vulgar, aburrida y temerosa. 

La clase política y periodística de este país se ha creído su propio cinismo, su propia demagogia, y ha contagiado su virus del miedo a los profesionales del entretenimiento que, a su vez, lo han contagiado a la opinión pública. La sociedad española está adormecida, cerebralmente muerta, cómoda con sus prejuicios posfranquistas, arrodillada ante sus iconos jesuitas, cautelosa por la demente imprevisibilidad de los groupies de Mahoma. Amordazada de pies y manos por la hipoteca, la gasolina y el pediatra de pago. 

Y nos piden respeto. Respeto por los judíos, por los árabes, por los católicos, por las mujeres y los niños, por los mendigos y los paralíticos, por los sordos, los zurdos, los vegetarianos, los homeópatas y los concejales corruptos. Respeto por los periodistas y los cineastas, por los jueces, los policías, los gordos y las anoréxicas. No digas, no hables, no opines nada diferente a lo que lees y escuchas. 

No te burles. 

No cuestiones. 

No pienses. 

Por los siglos de los siglos. Amén.


Sobre esta noticia

Autor:
mimesacojea.com (469 noticias)
Fuente:
mimesacojea.com
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Tipo:
Reportaje
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