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Los niveles de inteligencia y el "punto divino" en el cerebro humano

19/01/2010 23:18

1 Artículo de carácter científico relacionado con la neuroteología

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Quisiera comenzar a redactar este artículo haciendo un repaso general a los niveles de inteligencia de los que está dotado el ser humano. Pero antes quisiera decir que muchos científicos están investigando en qué momento de la escala evolutiva del hombre primigenio floreció sus primeros signos de inteligencia. Esto hecho es muy importante, ya que permite conocer más en profundidad cuál es el origen del hombre y resolver el eterno dilema de si el hombre procede del mono, o si, por el contrario, el hombre procede de Dios, quien le dotaría de inteligencia. Para muchos pensadores el mero hecho de que el hombre tenga un nivel de inteligencia mucho más desarrollada y evolucionada que los demás seres vivos es motivo para sustentar la creencia de que tuvo haber una intervención divina en el origen del hombre. No sólo eso, la capacidad de raciocinio, de autocrítica, el sentido de la ética y la moralidad, las facultades PSI desarrolladas por ciertas personas, por no hablar del alma humana, hacen descartar para muchos intelectuales y académicos la posibilidad de que el origen del hombre fuera fruto de un proceso evolutivo debido al azar. El mayor ejemplo en ese salto intelectual abismal entre el mono y el hombre es el mero hecho de que el hombre, desde que hizo uso de su inteligencia y sus facultades cognitivas, empezó a tomar conciencia de su ser, planteándose todo tipo de cuestiones metafísicas, entre ellas la creencia en la existencia o no de vida después de la muerte. Muchos científicos partidarios del creacionismo han presentado como aval en favor de la existencia de Dios amparándose en las cualidades superiores (inteligencia, moralidad, ética, raciocinio...) que poseen los humanos y que no poseen los demás especímenes. Se han hecho actualmente muchos estudios para averiguar el grado de evolución y desarrollo de nuestra masa cerebral, la cual está estimada hoy en día en un 30 %. Igualmente, hay otro estudio que reporta que el grado desarrollo intelectual de nuestro cerebro, de nuestras neuronas, es de tan sólo del 10%. Eso querría decir que quedaría inutilizada el 90 % restante (para que os hagáis una idea, el número estimado de neuronas que hay en nuestro cerebro es de 100.000 millones aproximadamente). Sólo personas prodigiosas dotadas de una inteligencia brillante y pasmosa han conseguido igualar ese nivel de evolución, como Albert Einstein, Isaac Newton, Carl Gustav Jung, Sigmund Freud, Elisabeth Kübler-Ross, Charles Darwin, etc. La inteligencia humana es uno de los principales campos en los que se centra la ciencia, principalmente en el estudio analítico del cerebro humano y sus múltiples niveles de inteligencia que el propio cerebro evolucionado del hombre pueda poseer. Por eso la ciencia ha definido tres tipos de inteligencia que poseen los humanos:

1º Inteligencia mental o intelectual (Coeficiente Intelectual): Este tipo de inteligencia (CI) ha ostentado de gran importancia y fama durante todo el siglo XX. Es la inteligencia analítica y racional, por la cual creamos conceptos, procesamos la realidad y hacemos ciencia. Es aquella inteligencia por la cual estructuramos y organizamos el mundo y solucionamos problemas objetivos.

2º Inteligencia emocional (Coeficiente Emocional): Muchos psicólogos y neurocientíficos han popularizado este tipo de inteligencia, entre ellos el psicólogo estadounidense Daniel Goleman con su famosa obra “La Inteligencia Emocional”, la cual se convertiría en un verdadero éxito editorial de ventas sin precedentes hasta ese momento (este científico, Daniel Goleman, escribió otro libro que se titula “La Inteligencia Social” en la cual se revela que los humanos estamos de alguna manera "programados para conectar" con los demás y que todas nuestras relaciones tienen un tremendo impacto en nuestras vidas). La base de este tipo inteligencia que fue defendida por diferentes pensadores, desde Platón a Freud, se apoya en la idea de que la estructura de base del ser humano no es la razón (logos), como muchos nos quieren erróneamente hacer creer, sino en la emoción (pathos). Esto significa que somos intrínsecamente seres que sentimos y trasmitimos sentimientos, como la pasión, la empatía, la compasión, la esperanza, la fe, el odio, el rencor, la bondad... Sólo después somos seres de razón. El propio Goleman postulaba que el destino del hombre no está predeterminado por su coeficiente intelectual que heredemos de nuestros genes o que podamos potencialmente desarrollar durante nuestra vida, sino que estará determinado por nuestra inteligencia emocional. Sin embargo, una combinación equilibrada entre el CI y el CE puede ser muy determinante para lograr el éxito en cualquier faceta de la vida humana.

3º Inteligencia espiritual (Coeficiente Espiritual): La base de este nuevo tipo de inteligencia se apoya en los estudios científicos desde hace varias décadas en el cerebro humano, sobre todo sobre la Conciencia, y que fue respaldada por destacados psicólogos, psiquiatras, neurocientíficos, neurolingüístas y técnicos en magnotoencefalografía (es un aparato que mide los campos magnéticos y eléctricos del cerebro). En base esos estudios científicos sobre la Consciencia Humana, hay en los seres humanos otro tipo de inteligencia desconocida por nuestra sociedad actual, que es científicamente verificable, por medio de la cual no captamos masas de información, de datos, ideas o emociones, sino que percibimos contextos mayores y más amplios sobre nuestra existencia, totalidades significativas, verdades trascendentales y que nos hacen sentir nuestra vinculación intrínseca al Todo. Es tipo de inteligencia, de conocimiento, se deriva básicamente a raíz de una experiencia personal de carácter místico (trascendencia de las barreras espacio-temporales, visión de otras realidades y dimensiones suprafísicas, interacción con la Divinidad o con la Luz, conocimiento de la verdadera naturaleza de las cosas, comunión mística y fusión con la integridad del Cosmos, con la Nada o con el Vacío Supracósmico, sentimiento de unicidad y conexión con todas las cosas, sentimiento de inmortalidad y eternidad, sentimiento de que todas las almas están interrelacionadas y entrelazadas entre sí, etc.). La base empírica y objetiva de este tipo de inteligencia reside en la biología de las neuronas. Se ha demostrado de manera científica que la experiencia mística unificadora se origina en oscilaciones neuronales a 40 herzios, muy especialmente localizado en los lóbulos temporales de nuestro cerebro. A esa zona del cerebro se le catalogó por muchos neurobiólogos como el “módulo de Dios”. El estudio de esa área del cerebro, los lóbulos temporales, y su probable relación con las experiencias místicas dio pie a la implantación por la comunidad científica y médica de una nueva disciplina denominada “neuroteología.”

La “neuroteología” es el estudio científico de la neurobiología de la religión y de la espiritualidad. La base de esta nueva disciplina científica está apoyada en los experimentos pioneros llevadas a cabo por un grupo de científicos, la gran mayoría materialistas, entre ellos el neuropsicólogo canadiense Michael Persinger, de la Universidad de Ontario, y los neurólogos suizos Olaf Blanke, Stephanie Ortigue, Theodor Landis y Margitta Seeck, de la Universidad de Ginebra, con pacientes epilépticos mediante la estimulación eléctrica de una zona del cerebro relacionada con la información visual y la cognición espacial, con el fin de provocar artificialmente una experiencia mística extracorporal (véase también la investigaciones llevadas a cabo por el neurocirujano Wilder Penfield con pacientes epilépticos y de Andrew Newberg con monjes budistas en estado de meditación profunda). Al final de los experimentos, los pacientes reportaron haberse sentido hundir en la camilla en la cual estaban postrados y posteriormente elevarse hacia el techo como flotando, contemplando sus cuerpos abajo en la camilla. También reportaron sentir destellos de luces deslumbrantes o luminosidad y sensación de presencias espirituales. El dictamen científico concluía que dichas experiencias podrían ser explicadas en términos neurológicos como “alucinaciones autoscópicas” ocasionadas por una anomalía registrada en el gyrus angular, un área del cerebro localizada entre los lóbulos temporal, parietal y occipital. Sin embargo, el grave error de estos científicos es centrarse en la “forma”, partiendo de la base de querer demostrar que las experiencias místicas no son más que alucinaciones, sueños o ilusiones producidas como resultado del funcionamiento electrobioquímico del cerebro, en vez de analizar el fondo de la cuestión para entender el origen y la naturaleza de ese tipo de experiencias. Si bien es cierto que se sabe que la interrupción de ciertos circuitos cerebrales, como la actividad de la amígdala, de los circuitos frontales y temporales, parecen provocar experiencias místicas espirituales, no se ha resuelto el eterno dilema de si el cerebro crea a Dios imaginariamente a causa de la actividad electroquímica del cerebro y como consecuencia de un largo proceso de evolución y como mecanismo de “supervivencia” de la propia especie humana, o si, por el contrario, Dios existe realmente, dejando sus “huellas” en nuestros cerebros para que podamos conocerle e interactuar con Él, a modo de vínculo biológico con el universo espiritual. Sin duda, ese gran dilema ha causado una gran conmoción y controversia entre la comunidad científica y académica. Sin embargo, debo decir a mis ilustres lectores que nadie busque en un libro de anatomía humana esa área del cerebro, el “punto de Dios”, ya que nadie lo va encontrar, principalmente porque la ortodoxia científica no ha reconocido abiertamente que exista un área nuestro cerebro, concretamente el lóbulo temporal derecho (o concretando más, la fisura de Sylvian), que nos vincula con Dios y con otras realidades suprafísicas.

Otro grave error de la “neuroteología” es explicar el origen y la naturaleza de las experiencias místicas en términos de reduccionismo materialista, en el sentido de reducir dichas experiencias como meros reflejos subjetivos ocasionados por la combinación, activación o interrupción de ciertos circuitos neuronales. Sin embargo, yo considero que Dios no sólo está en nuestros cerebros (base subjetiva de la existencia de Dios), sino que está ahí fuera de nuestros cerebros en cada acto perceptual de nuestras vidas y en aquellos hechos inexplicables científicamente hablando (base objetiva sobre la existencia de Dios). Como dijo el investigador Mariano Bueno, autor de la obra “La muerte: nacimiento a una nueva vida” después de supera una experiencia cercana a la muerte (ECM): “Deducir que la experiencias místicas son ilusiones y alucinaciones mentales, sería como llegar a la conclusión de que los árboles, las montañas y el cielo azul que veo desde mi ventana es una ilusión mental que fabrica mi cerebro, por el hecho de haberse comprobado que tales imágenes se producen en mi mente debido a la activación neuronal en un área determinada del cerebro, la cual, de no ser estimulada electroquímicamente, no reproducirá tales imágenes, y al no reproducirlas, podríamos deducir que en realidad no existen”. Este investigador acabó realizando la siguiente aseveración: “Creemos que existe una clara diferencia entre afirmar que las realidades místicas o paranormales sólo existen en el cerebro cuando se estimula una determinada área del lóbulo temporal derecho, o plantear la posibilidad de que las realidades místicas o paranormales puedan ser percibidas a través de la actividad neuronal de dicha área cerebral”.

En el caso de los experimentos realizados por esos científicos materialistas con pacientes epilépticos no tienen ninguna base objetiva y real. A pesar de que esos científicos redujeron las experiencias místicas extracorporales como “alucinaciones autoscópicas” producidas por el estado disociativo del cerebro, la realidad se dirige hacia otra dirección. Fenómenos como la percepción extrasensorial, la visión remota, el realismo, inefabilidad y la coherencia, así como el tremendo efecto transformador que producen estas experiencias en aquellas personas que las vivido, hacen descartar definitivamente la naturaleza alucinatoria, ilusoria y onírica de las experiencias extracorporales auténticas. Más razones que confirmen mi línea de pensamiento es que muchos casos de experiencia mística extracorporal protagonizados por personas de cualquier condición social, cultural y religiosa han sido verídicos, es decir, exactos, por lo que despeja definitivamente la duda razonable de que dichas experiencias sean meras alucinaciones, sino que más bien son experiencias reales verificadas positivamente, en la mayoría de las veces, de manera objetiva.

Resumiendo. Aunque popularmente se conocen y se aceptan dos tipos inteligencia humana (intelectual y emocional), en realidad existe un tipo de inteligencia adicional desconocida por la sociedad y que cada vez tiene mayor aceptación y reconocimiento en el ámbito científico y académico, que es la inteligencia espiritual. Este último tipo de inteligencia es más importante si cabe que las anteriores porque abarca el conocimiento de aquellas verdades metafísicas inherentes a la condición humana. La base de este tipo de inteligencia, la espiritual, está apoyada en la biología de las neuronas. De su investigación nacería una nueva disciplina llamada neuroteología, con tremendas implicaciones en diferentes campos: científico, filosófico, teológico y social. Aunque el estudio de la neuroteología data de épocas muy recientes y a pesar de conocerse científicamente los mecanismos a nivel neuronal que originan las experiencias místicas, jamás se podrá resolver el eterno dilema de si Dios es producto de la bioquímica del cerebro, o si, por el contrario, Dios existe realmente, el cual utiliza el cerebro humano como si fuera una “antena receptora” para que el hombre pueda “sintonizar su frecuencia” y así conocerle mejor (en alusión a este último comentario debo reseñar que el “punto de Dios” en el cerebro humano postulado por la neuroteología es para bastantes neurocientíficos un mecanismo biológico de autoconservación y, sobre todo, de autotrascendencia). El resolver ese dilema representa un duro y difícil reto para todos los científicos. Unos científicos que cada vez más se están acercando, en nuestra era postmodernista, al misterio irresoluble sobre la existencia o no de Dios. Esa nueva apertura científica e intelectual a Dios se debe a la aparición de nuevos paradigmas en los dominios de la ciencia (biología, física, física cuántica...) y el pensamiento (emergencia del gnosticismo y espiritualismo en detrimento del nihilismo, panteísmo y materialismo), constituyendo sin lugar a dudas un hito en nuestra historia contemporánea: la reconciliación entre la ciencia y la religión.

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Andreas (13/12/2012)

Mariano Bueno is certainly not a World class researcher of the "God Spot" and even then, he made only a speculation which the author of this article promptly upgraded to conclusion. It is like a mathematician saying that the result of tossing a coin may be face or number and a stupid reporter concluding that it is probably a number (based on moral reasons?)