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El niño bueno y la seducción por Rubén Bouso

29/11/2010 16:35 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

La mayoría de hombres que nos rodean y quizás tú también responden a la categoría del ‘ niño bueno’ . El niño bueno es aquel que se esfuerza constantemente por hacer las cosas de la manera que los demás esperan de ellos, que en cada interacción hace mucho esfuerzo de un modo u otro por gustar a los demás.

El niño bueno es tímido, no es extrovertido porque ser extrovertido conlleva demasiado riesgo de equivocarse en algo y que los demás lo rechacen. Por eso el niño bueno habla poco y cuando lo hace se asegura mucho de que lo que va a decir no pueda ser juzgado negativamente por los demás.

Si profundizamos encontramos el verdadero drama que se esconde detrás creando un problema social muy grave que no tenemos más remedio que resolver si queremos seguir progresando. Un drama que yo mismo he vivido y conozco bien porque desde pequeño he caído en esta categoría y sé lo difícil que resulta salir de ella. Y es por experiencia que puedo decirte que todo hombre que caiga en la trampa del niño bueno tendrá serios problemas para relacionarse con los demás y por supuesto con el sexo opuesto.

Veremos ahora ‘ cómo se construye’ el niño bueno. Por favor, no hagáis este experimento en vuestras casas, ¡No llenéis más el mundo de niños buenos! Bromas aparte, al poco de nacer para un niño todo está bien, no se preocupa de nada porque no hay ningún problema realmente. El niño todavía es auténtico y se permite el placer de jugar y disfrutar. Entonces sus padres comenzarán a gritarle y castigarle cuando él haga algo que no les guste, comenzarán a decirle lo que está bien y mal según lo que ellos consideren. La vida deja de ser un asunto tan divertido, parece que los mayores viven en un mundo muy serio y amargado.

De modo que el niño niño tendrá que renunciar a su propia libertad, tendrá que esforzarse en hacer lo que le dicen los mayores porque es más fácil que aguantar las broncas continuamente. ¡Qué aburrimiento y que coñazo! Todavía recuerdo lo difícil que resultaba relacionarse con los adultos. Era como para ponerse a temblar. Si veías a un adulto conocido y no le decías hola eras un maleducado, si no le mirabas con buena cara también, si no decías gracias cuando te daban algo también, si alborotabas también, si querías jugar no era el momento, si te metías en una conversación de mayores la liabas, si te ofrecían algo y lo cogías entonces malo, si no lo cogías entonces malo también, si te aburrías entonces malo pero si te divertías difícilmente podías hacerlo sin hacer algo malo también. Podríamos seguir esta lista hasta el infinito. Cualquier cosa que hicieses casi siempre estaba mal.

La lógica y la razón del niño funcionaban a la perfección lo cual demuestra la gran capacidad de adaptación que tiene el ser humano. Ante tal confusión que te han metido en la cabeza… ¿Qué solución es la más fácil y más llevadera?

- Primero estar lo más callado posible, así no te reñirán por decir cosas que no debes.

- Segundo tener cuidado al jugar no vaya a ser que tu juego no les guste a los mayores. Es mejor jugar a cosas silenciosas o que tengan poco movimiento. Si te diviertes mucho seguramente algo estés haciendo mal.

- Tercero tratar de mostrarte tan adulto como sea posible para que digan lo serio, bueno y responsable que eres.

- Cuarto poner muchas sonrisas falsas porque tienes que agradar, no puedes ser un niño desagradable.

- … En definitiva: Crecer siendo un niño muuuuy bueno a costa de dejar de ser como serías realmente.

Luego te haces mayor, ves a una mujer y te pones a temblar… Te preguntarás por qué te va tan mal con ellas si haces todo bien, si eres un niño bueno que tendría que ser deseable pero no lo es. Está claro que algo muy grave falla en ti.

El problema es que ahora ves a una mujer y repites los mismos comportamientos que te forzaron a hacer de niño. No te apetece sonreir pero sonríes porque tienes que hacerlo para gustar. Te apetece divertirte con ella pero no eres capaz de hacerlo porque te dará miedo lo que ella pueda pensar de ti. Te apetece ser travieso y decir alguna barbaridad pero de nuevo tendrás que estar pendiente de ser el ‘ niño bueno’ que siempre has sido. Un niño bueno no puede decir barbaridades ni cosas feas, tiene que medir lo que dice.

Si hay algo evidente en la seducción es que ellas no nos exigen gran cosa. No deberíamos tener ningún problema para gustarles porque no nos piden cuerpos espectaculares ni tampoco una personalidad perfecta ni mucho menos. Pero odian lo falso en nosotros y es razonable que sea así . Me parece bien que nos rechacen cuando no somos auténticos, cuando estamos intentando gustar y ganar aprobación. Así podremos tomar conciencia de un problema que de otro modo nunca llegaríamos a ver.

De modo que ahora te resultará fácil entender por qué muy a menudo triunfa más un tipo borde y desagradable que el niño bueno que trata de agradar. No es que mostrarte borde y desagradable sea lo ideal en la seducción pero es mucho más seductor aquel que se permite mostrarse de ese modo porque tuvo un mal día o lo que fuese, que el que es borde y desagradable en su interior y pone una sonrisa para disimularlo y quedar bien delante ella. La autenticidad siempre se premia, la falsedad se castiga.

Ahora volvemos a ti. Quizás no puedas dejar de ser un niño bueno de un día para otro pero progresivamente te sugiero que vayas haciendo lo que te de la gana sin mirar ni buscar aprobación ajena. No lo fuerces porque forzando no irás más rápido, simplemente pon esta intención y deja que las cosas sucedan, que cada día trates de avanzar un poco en esta dirección. Es la única manera en que conseguirás gustar más porque dejarás de necesitar gustar. Así que si no quieres sonreir no sonrías, si quieres soltar una bordería suéltala, si quieres contar un chiste guarro cuéntalo, si quieres decir una barbaridad dila, si quieres soltar un piropo suéltalo. Al principio te sentirás algo incómodo pero poco a poco le irás cogiendo el gusto a mostrarte de una manera que incluso puede sorprenderte a ti mismo.

Sedúcete, sorpréndete, diviértete, en definitiva… Vuelve a ser un niño. Pero no un niño bueno, ni tampoco un niño malo ni un niño que tenga que estar a la altura de adjetivos de ningún tipo porque los adjetivos que te agregues son una esclavitud. Simplemente vuelve a ser un niño sin agregarle nada más. Eso es todo.

Nunca te has dado permiso para recibir incondicionalmente.

Rubén Bouso


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seduccionysuperacion.com
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