La con-ciencia de la Navidad
Pensar en la Navidad no deja impasible a nadie.
Muchos de nosotros nos sumergimos en una emoción de nostalgia y tristeza por los seres queridos que nos dejaron, se abren las heridas del pasado. Entonces nos embargan las ganas de llorar y nos sentimos desgraciados, por los que ya no están.
Yo propongo a estas personas que transformemos este pensamiento, y en lugar de evocar aquello que nos produce vacío y desmotivación, pensemos en la ilusión de nuestros niños por vivir estas fechas. Porque, en realidad somos nosotros, los adultos, los que les insuflamos esa magia y preparamos con ellos la carta de los Reyes Magos, adornamos la casa con árboles y belenes, haciéndoles partícipes de esta tarea que realizan con pasión y energía .
Entonces, ¿por qué nos boicoteamos?
¿Por qué no participamos con ellos en el aquí y el ahora, en lugar de viajar a un pasado imposible de cambiar?
¿Por qué no invocamos a esos seres queridos y los invitamos a participar de nuestra alegría?
¿Por qué no aprovechamos para dar las gracias por tener un pedazo de turrón, un árbol lleno de luces y personas a nuestro lado que aún necesitan compartir los momentos felices con nosotros?
En mi opinión, la Navidad tiene un gran Poder de sanación porque es en estas fechas cuando afloran las tensiones familiares, las tristezas y también las risas, nos reunimos con amigos, compañeros de trabajo, familia. Todo es más intenso, todo es especial. Estamos más receptivos y sensibles, y tenemos la oportunidad de resolver asuntos pendientes, o no…simplemente fluir, olvidar por un rato la mente y conectar con el espíritu navideño.
Somos los dueños de nuestros pensamientos, está en nosotros convertir la Navidad en un cuento de hadas o en una pesadilla innecesaria, y ser conscientes de que los niños son permeables a las emociones: la ilusión se transmite desde el corazón… no sólo con las palabras.
Aprovechemos esta energía sanadora!!










