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El narcoeje continental: un análisis conocido

11/08/2010 18:48 2 Comentarios Lectura: ( palabras)

El tráfico de estupefacientes no puede darse sin la complicidad de las elites gubernamentales del continente americano. Su combate, encabezado por Estados Unidos, necesariamente tiene que ser selectivo con ciertos cárteles

Para nadie es un secreto que el libre comercio se ha constituido en una pieza clave dentro de la visión estratégica de la elite norteamericana, para consolidar y reproducir en el largo plazo su hegemonía en América Latina. Se presume que este dispositivo generará los flujos de inversión, el crecimiento y el empleo suficientes para que el carácter periférico de los países latinoamericanos deje de ser un problema toral para los Estados Unidos.

Sin embargo, tampoco es una secreto que los resultados obtenidos a la fecha no han sido satisfactorios, especialmente en México, donde además hay una corriente políticamente importante que ha adoptado el inédito papel de convertirse en críticos profesionales del “neoliberalismo”. En conjunto, el problema parece consistir en la insuficiencia de flujos de inversión para impulsar el crecimiento y desarrollo de la periferia latinoamericana.

¿Tiene alguna conexión lo anterior con el tema del narcotráfico? En este análisis sostendré que sí existe tal conexión, y que ello representa un problema estratégico de magnitud mundial. Y que, no obstante, podría ser resuelto.

El primer punto en esta cuestión, ya de todos sabido y pocas veces tratado, es que no podría existir el narcotráfico de estupefacientes sin la colaboración –sea por acción u omisión– de al menos una parte del stablishment buropolítico estadounidense. Bastante se ha escrito sobre las cifras considerables y la variedad de drogas que ingresan a Estados Unidos, incluso de las cifras monetarias que oxigenan y vuelven dinámico y atractivo este mercado negro, con importantes sedes en Latinoamérica. Aun en Hollywood, han trascendido las películas con este tema, en las cuales dibujan, más que una CIA incompetente y burlada por las grandes mafias, una CIA cómplice y en competencia con el FBI o la DEA, en materia ilegal.

Los admitidos y los combatidos: una selección internacional

Pero retomando el primer punto, sobre el papel de miembros importantes del poder estadounidense, podríamos pensar con esta misma lógica en los stablishment de los países de Latinoamérica. Hablaríamos de cúpulas de poder coordinadas, no sólo en las tareas de política exterior, sino también y, como vemos, con gran éxito, en acciones internacionales ilícitas. De hecho, cuando se afirma que el negocio de la droga es un asunto que trasciende las fronteras nacionales, se asume –aunque nos e diga– que las elites que conducen el combate al narcotráfico tienen que actuar coordinadamente de manera trasnacional. Simplemente, sin esta condición no podría existir un negocio tan beneficioso como el que estamos considerando. Si el lector no considera correcto lo anterior, inevitablemente está obligado a sostener la hipótesis maniquea (hoy diríamos cinematográfica) de que en este tema atestiguamos una lucha sin cuartel de los buenos contra los malos.

La coordinación entre diferentes segmentos de las cúpulas de poder político implica, a su vez, que hay una diferenciación entre los narcotraficantes "admitidos" y los combatidos. Por tanto, el combate al narcotraficante, encabezado por Estados Unidos, necesariamente tiene que ser selectivo con ciertos cárteles latinoamericanos, a menos que supongamos que la parte involucrada del stablishment estadounidense no participa en la definición de la política de combate a la droga en América Latina, o carece de representatividad en las estructuras de decisión política en este rubro. Lo cual resulta inverosímil, pues las utilidades derivadas de estas actividades serían sustancialmente inferiores si se permitiese la proliferación de narcoagentes económicos surgidos por las meras “fuerzas del mercado”. Ése sería el comportamiento racional por parte de todos los miembros de los grupos que operan en este contexto.

El público es una víctima de una situación generada no por el mercado ni el capitalismo, sino por la forma de atacar el narcotráfico con medios probadamente ineficientes

Un segundo punto derivado de lo anterior, es que la selectividad de esta lucha se vuelve manifiesta al seguir evadiendo la legalización mundial del narcotráfico. Norteamérica se ha caracterizado por mundializar campañas millonarias respecto a otros temas, como ha sido contra el comunismo, el respeto irrestricto a los derechos humanos, la instauración plena del capitalismo, etcétera. Campañas que han justificado su injerencia en las políticas de otros países. Ahora bien, llama la atención que en el rubro del narcotráfico su política se limite a la captura de capos de ciertos cárteles, y no a una campaña mundial seria para abrir el debate sobre la legalización y resolver el problema de raíz.

Por otra parte, la política de promoción del libre comercio en el continente podría verse como el puntal para crear las condiciones óptimas en la política de combate selectivo contra el narcotráfico. En este contexto América Latina constituiría, entre otras cosas, un eje narcopolítico entre zonas estratégicas del stablishment estadounidense y los stablishment periféricos. De esta manera, los estrechos vínculos económicos y políticos entre Estados Unidos y América Latina parecerían estar establecidos sobre la base de un pacto no escrito acerca de las características de la forma de coordinación entre los diversos gobiernos para combatir el narcotráfico.

Además, el libre comercio como parte de la visión estratégica de la elite norteamericana, constituiría el megamecanismo para asegurar los flujos de inversión suficientes para la salida del atraso. Podría pensarse en un gran circuito de comercio continental donde los principales hilos del proceso estarían controlados, por supuesto, por Estados Unidos.

El combate frontal: acuerdo de narco-oligarquías

Desde el punto de vista de los impactos en la vida política de los estados latinoamericanos –y México es un caso paradigmático– cabe señalar que tal estrategia está creando graves problemas de gobernabilidad. Más que eso, hay que observar que cualquier declaración grandilocuente sobre la naturaleza democrática de los estados latinoamericanos (tras los años de tortuosas transiciones se ve cuestionada por lo señalado arriba. Es claro que el proceso político latinoamericano no puede ser todo lo abierto a la competencia política que requiere el concepto moderno de la democracia. Las condiciones señaladas implican que lo que se habría establecido en América Latina serían narco-oligarquías (y agréguense todos los matices que se quiera) con los mecanismos necesarios para excluir de la competencia a todos los outsiders (o grupos que no están dentro de la coalición) que se consideren peligrosos para el proyecto (en México, claramente Andrés Manuel López Obrador). Así la visión estratégica norteamericana implica, casi inevitablemente la creación y la consolidación de oligopolios partidistas, con múltiples barreras de entrada para nuevos sujetos políticos.

El público mundial, estadounidense, latinoamericano, y en el caso específicamente mexicano, es una víctima de una situación generada no por el mercado ni el capitalismo, sino por la forma de atacar el narcotráfico con medios probadamente ineficientes. Aquí sí, el eslabón más débil de la cadena, debido a que están constituidos estructuralmente como organizaciones estatales de calidad inferior al promedio internacional, uno, por su naturaleza sobornable, al cual es mayor en las elites gubernamentales, y dos, por una pérdida creciente de gobernabilidad y soberanía. Los ciudadanos del planeta seguirán aportando de sus bolsillos recursos destinados al “combate frontal” contra el narcotráfico, mientras la narco-industria también invierte recursos. Los beneficiados de este estado de cosas son los establecimientos buro-políticos, que ven engrosar sus ingresos pro ambas vías. La condición para que lo sigan haciendo es que mantengan la misma política.


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Guadalupe Lizárraga (28 noticias)
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Pepe Rey (11/08/2010)

Y hoy Enrique Peña Nieto en Washington dice que él y su partido sí serán más eficientes, sacando al ejército mexicano y creando una policía especializada. O sea más de lo mismo, como si las policías fueran incorruptibles.

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gustavo (14/08/2010)

La politica de combate frontal al narcotráfico en México ¿no calcula los costos que conlleva? ¿No calcularon más que los recursos económicos, pero no los humanos? ¿Qué pasa con Ciudad Juárez?