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«Nao Victoria». La divertida recreación de la Primera Vuelta al Mundo a cargo de Antonio Puente Mayor.

30/12/2019 07:58 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

image «Nao Victoria». La divertida recreación de la Primera Vuelta al Mundo a cargo de Antonio Puente Mayor. No quisiera, no debería, y además sería pecado dejar que muera el año 2019 sin haber reseñado un libro muy especial pues, además de tratar un tema de sumo interés, sobre todo en año tan señalado, lo hace de un modo ameno, utilizando una fórmula a la que los jóvenes de hoy están poco acostumbrados pero que aquellos que peinamos canas, o que, simplemente, no las peinamos por ausencia de sustancia, guardamos en la memoria. Y es que los libros encuadrados en la categoría «Elige tu propia aventura» tienen un algo especial que invitan al entretenimiento y despiertan la nostalgia. Si bien sus ancestros, aquellos que editara Timum Mas con su llamativo formato y sus vistosos colores rojizos hacían de la ficción su más fuerte bastión, Antonio Puente Mayor retoma la fórmula dotándola de la verosimilitud que solo la Historia puede aportar a los hechos narrados. Nos encontramos, pues, ante un libro que enseña la disciplina se ha marcado como objetivo y nos sumerge y traslada a un mundo tan fascinante como es el de la Era de los Descubrimientos, con el aditivo de ser el lector quien protagonice los preciosos pasajes con que seremos recompensados, tal será nuestra osadía como valientes marineros ávidos de fortuna y aventuras.

«Nao Victoria. La Primera Vuelta al Mundo» (Editorial Gunis) comienza la trama, como no podía ser de otro modo, en los muelles de la margen derecha del Guadalquivir, allí donde cinco naves capitaneadas por el portugués Fernando de Magallanes se preparan para partir en busca de nuevas rutas a las Islas Molucas, también conocidas como Islas de las Especias debido a la riqueza que de tales maravillas presumen ante quienes ambicionan su posesión y comercio. No será un viaje fácil, pues la tripulación sabe que son muchos los peligros que pueden surgir cuando se atraviesan mares aún sin explorar, o escasamente conocidos dado el reciente delineado de rutas marítimas atlánticas sucedidas tras el Descubrimiento del Nuevo Mundo.

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Nao Victoria. La Primera Vuelta al Mundo (EL HALCÓN MILENARIO)

Nos trasladaremos nada más y nada menos que a 1519. La expedición será financiada por Su Majestad Carlos I pues el monarca portugués no está por la labor de acometer tamaña empresa. Es hora de acudir a esos muelles y preguntar por un puesto en una de las naves; muchas de ellas no tienen ya plazas y probaremos suerte con la nao Victoria una de las más pequeñas, Se estima que el viaje durará dos años y hay que cargar las provisiones suficientes como para no pasar apuros. De cualquier modo, todo es una incógnita, y pronto iremos resolviendo las cuestiones que se nos vayan planteando.

Antes que nada, estimado lector, tu nombre será Juan de Zubileta y eres de Baracaldo. Buen viaje y mucha suerte en tu empresa.

Esta no será una reseña completa sino que contaremos con la inestimable presencia de aquel que más información nos puede aportar de acerca de este singular viaje que estamos a punto de emprender. Antonio Puente Mayor es un hombre polifacético que nació no muy lejos del lugar de donde partirán los barcos, Triana, santo y seña de una personalidad y brío inigualables que le permiten compaginar su faceta de escritor, asesor editorial y guía de tour operador con otras tantas no menos interesantes como las de locutor, dramaturgo, colaborador de medios, etc.

Bienvenido, Antonio. Perdona que no sigamos desgranado tu largo currículo, pero es que si lo hacemos zarpa el barco y ninguno queremos perdernos los detalles de este viaje que no sabemos a priori cómo terminará. Bueno, intuimos qué ocurrirá al final si nuestras decisiones son las correctas, pero podemos dárnoslas de listos y acabar... en las fauces de un tiburón o abandonado en una isla.

¿Cómo es que solo hay sitio en la nao Victoria?

Esa es una de las pequeñas licencias que me he tomado al escribir el libro. Obviamente, las cinco naos necesitaban tripulación, y esta no fue fácil de conseguir al tratarse de una empresa larga y temeraria. Pero a poco que indaguemos en la Historia conoceremos que el Juan de Zubileta real embarcó en esta nao y no se bajó de ella en los 1.125 días que duró la expedición. Es decir, fue el superviviente más joven de la Armada y uno de los dos únicos tripulantes en completar la vuelta al mundo en el mismo barco. El otro, que también era vizcaíno, se llamaba Juan de Arratia. Por esta razón ?ser fiel a las crónicas oficiales? no podía subirse a otra embarcación que no fuese la Victoria.

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¿Se antoja peligroso un viaje cuyos precedentes más inmediatos son los resultados obtenidos por Juan Díaz de Solís y su tripulación en tierras indígenas?

Peligrosísimo. Y no solo por las tribus desconocidas que poblaban el Nuevo Mundo ?Solís fue devorado por caníbales en el Río de la Plata?, sino por dos amenazas aún mayores: las dudas sobre el derrotero que les llevaría a las islas Molucas por el oeste (Magallanes no confesó el itinerario ni a sus más íntimos) y el hecho de que estas se ubicasen en aguas pertenecientes a la Corona portuguesa. De ser así, la Armada incurriría en una infracción del Tratado de Tordesillas, firmado entre ambas naciones.

Juan de Zubileta entra a formar parte de la tripulación como paje. ¿Qué connotaciones tenía esta circunstancia?

Principalmente que debía comenzar desde abajo. Por lo poco que sabemos, su aspiración, muy probablemente, era la de ingresar como grumete, la categoría inmediatamente superior. De hecho, algunos historiadores lo sitúan meses antes de la partida en el puerto de Cádiz. Pero yo me inclino por su presencia en Sevilla desde el primer momento, ya que en el Proceso de Badajoz, al cual asistió en 1524 para declarar como testigo ?dos años después de concluir la aventura, Portugal y Castilla seguían litigando por la posesión del Maluco?, dejó muy claro que había visto armar los barcos, de ahí que se enrolase como paje con todas las consecuencias. Entre sus labores destacaban voltear la ampolleta o reloj de arena para controlar el tiempo y recitar salomas y oraciones religiosas para marcar el ritmo de los trabajos. No obstante, dadas las circunstancias en que se desarrolló el viaje, probablemente llegó a cocinar, ayudar con los aparejos, atender enfermos y achicar agua, mucha agua.

¿Existió Vasco Gallego?

Por supuesto que existió. Era nada menos que el Piloto de la Nao Victoria en el momento de la partida, y, según los testimonios de Pigafetta y otros cronistas de la aventura, aportó mucha experiencia. No obstante, en mi obra tiene un papel más destacado su hijo, Vasquito Gallego, del que no conocemos su edad, pero que debía ser un adolescente. Por eso aposté por él como el compañero de andanzas de Juan de Zubileta. Dado el problema de espacio en la embarcación, los pajes debían compartir arcón para guardar sus pertenencias, y otras muchas cosas, y es casi seguro que fueron amigos.

En el libro, el lector se irá encontrando distintas diatribas ante las que se verá obligado a elegir. Cada elección lo conducirá a una página distinta donde seguirá adelante con una trama que puede no tener nada que ver con la que se expondría si la decisión hubiese sido la contraria. ¿Qué sensaciones esperas despertar en el consumidor de este original tipo de literatura «a la carta»?

Las mismas que yo experimenté al vivir una aventura submarina, resolver el asesinato de un millonario o explorar el mundo de los mayas con la serie «Elige tu propia aventura». Una mezcla de emoción, nervios y mucha responsabilidad, que es lo que producen este tipo de libros, y yo he querido recrear. Con el corazón en la mano debo decir que, sin ninguna duda, esta es la obra más complicada que he escrito hasta la fecha. ¡Y eso que llevo catorce títulos a las espaldas! Pero también con la que más he disfrutado, especialmente durante el proceso de documentación.

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Avanzar y retroceder por el libro ¿lo convierte en un producto más vivo?

Es lo que lo distingue de otros títulos similares sobre la Primera Circunnavegación de la Tierra que pueblan el mercado. La mayoría excelentes. La idea era acercar esta historia fascinante, e incomprensiblemente desconocida para la mayoría de españoles, a todos los lectores, y lanzarlos a la aventura de cabeza.

Lo que está claro es que el libro sí que estará usado al final de la jornada con tanto trasiego de páginas. El público que se ha elegido como principal consumidor es...

Fundamentalmente joven, y no necesariamente lector. Uno de los objetivos de «Nao Victoria» es precisamente animar a los chavales a la lectura, que tanta falta hace y tanto bien aporta. Puede disfrutarse a partir de los 11 o 12 años, pero sinceramente, dada la magnitud de la historia que narra, no tiene tope de edad.

¿Crees que, tras sus correspondientes éxitos y fracasos, el aventurero terminará por conocer la Historia que rodeó y rodea la Primera Circunnavegación?

Ese siempre ha sido mi objetivo, por eso he tratado de no dejar fuera ningún detalle de importancia. Desde la partida de Sevilla, con toda la pompa posible, y la estancia en Sanlúcar de Barrameda, al consejo de capitanes; pasando por las calmas chichas, la llegada a Brasil y la invernada en la Patagonia. No obstante, lo ideal sería que «Nao Victoria» fuese el aperitivo, y que más tarde, atraídos por lo jugoso de la historia, los lectores se atreviesen con José Luis Comellas, Agustín Rodríguez González o Sánchez Sorondo, cuyos ensayos sobre la gesta son excepcionales. O incluso con novelas como «Poniente», de Álber Vázquez, que lleva unos meses en el mercado y es una maravilla.

¿Cómo describirías, en pocas palabras, a Fernando de Magallanes?

Como un tipo muy inteligente, ambicioso y con dotes de liderazgo. Pero al mismo tiempo con poca mano izquierda y bastante vanidoso, lo que le llevó a una muerte prematura y completamente evitable.

En cuanto al peligro de motín a bordo...

Los motines eran algo habitual en la navegación de los siglos XV y XVI, máxime cuando el capitán general no era del agrado de sus subordinados. Parece mentira, pero en la Circunnavegación hubo rebeliones, asesinatos y deserciones. Y pese a todo se logró el objetivo.

Si el lector se equivoca de elección, siempre puede volver sobre sus pasos, o bien lo que hace es vivir una nueva experiencia que no impide dar un paso adelante en el desarrollo de la trama, eso sí, realizando un circunloquio quién sabe si innecesario. Ello exige una planificación distinta a la hora de escribir. Explícanos un poco cómo te las apañas para crear tantos nudos y desenlaces sin volverte loco.

Con muchísima paciencia, trabajo y planificación. Lo primero fue diseñar la trama lineal, siguiendo la cronología histórica; luego crear las distintas ramas de ese tronco, y por último decidir los finales. La parte de la escritura, con este «mapa» por delante, resultó más llevadera. Pero aun así el trabajo fue arduo, pues me vi en la necesidad de asignar páginas a todas las soluciones, ir tachando y cambiando, volviendo a tachar, escribir, desechar y vuelta a empezar. Y sobre todo resultó imprescindible corregir una y otra vez antes de la maquetación, que fue otro capítulo bastante correoso ?la versión final es la dieciséis?. Desde aquí aprovecho para darle las gracias al equipo de la editorial Gunis, que ha hecho un trabajo fantástico con la edición, y también a los impresores, por su notable esfuerzo. Sin ellos este libro jamás hubiese visto la luz de esta forma tan cuidada. En suma, una labor complejísima que, gracias a Dios, hemos llevado a buen puerto.

La aventura comienza en Triana pero ya sabemos que la bajada del Guadalquivir tenía, y tiene lo suyo. Se hacía imprescindible, o al menos aconsejable hacer la parada de rigor en Bonanza. Sanlúcar era una villa noble bajo el auspicio de la familia Guzmán, quienes sirven de anfitriones a los capitanes y, en especial, al jefe de la flota. Magallanes presenta sus respetos al noble y obliga a su tripulación a rezar. Eso hace suponer que era un hombre religioso...

Profundamente religioso. Tanto que obligó a sus marineros a confesarse y comulgar antes de zarpar definitivamente de Sanlúcar. Esto lo narra el italiano Antonio Pigafetta en su «Relación del primer viaje alrededor del mundo», y por él sabemos que en la armada iban dos clérigos, que en medio de las tormentas la tripulación se aferraba a los santos, o que los capitanes se encomendaron a la Virgen de la Victoria de Triana. Y no debe extrañarnos, pues en aquella época la religiosidad estaba presente en el día a día de todas las personas, independientemente del oficio o la clase social.

Un portugués al mando de una expedición española. A priori se antoja un ejercicio de riesgo dado que algunos capitanes desconfiaban de un portugués. ¿Te ha servido esta desconfianza de argumento para crear algunas de las situaciones a las que debe enfrentarse el personaje?

No olvidemos que Magallanes se había naturalizado castellano antes de tomar el mando de la Armada de la Especiería (hoy diríamos que estaba «nacionalizado español»), pero para el resto de capitanes, castellanos todos, seguía siendo portugués. Esto le trajo encontronazos y problemas desde el primer minuto. Algo que no he tenido que inventarme y que puede leerse en los testimonios posteriores a su muerte. Por tanto era un material de primera para introducir al protagonista en medio de las intrigas. Así, como le ocurriese a muchos de los tripulantes, incluido Juan Sebastián Elcano, el paje Zubileta ?o sea, el lector? tendrá que posicionarse en determinado momento en uno u otro bando. Y lo divertido es que no siempre acertará...

Magallanes cojeaba. Es un detalle, pero su inclusión tiene un fin anecdótico y a la vez didáctico y divulgativo. ¿Es acaso ese el principal fin del libro o un medio por el que llegar al mero entretenimiento?

Es una mezcla de todo. En primer lugar porque esos matices hacen al personaje más humano. Y luego porque nos permiten imbuirnos en la historia de un modo más verosímil. Mi intención a la hora de escribir ficción es enseñar entreteniendo, y para ello debo creerme yo antes la historia. De lo contrario es difícil enganchar al lector.

La primera parada: Islas Canarias. No desaprovechas la oportunidad para sacar a relucir tus conocimientos de geografía e historia. ¿Consideras esenciales estas dos disciplinas a la hora de conseguir tus propósitos?

No sé si es esencial o no, pero juro que no puedo evitarlo. Cada vez que me lanzo a un proyecto histórico suelo documentarme durante meses, y es lógico que una parte de esa investigación quede reflejada en el libro. Si es poca o mucha información, eso depende del gusto de los lectores.

Y cuando Magallanes decide dar la orden de cambiar el rumbo hacia Guinea y Sierra Leona...

Ahí surgen los primeros conflictos. De hecho, quinientos años después, aún nos preguntamos por qué Magallanes tomó esta drástica decisión. Yo me inclino a pensar que fue por dos motivos: evitar que los portugueses les diesen caza en la ruta castellana (esta posibilidad era real), y buscar una latitud que les llevase de manera más directa al anhelado estrecho que conectaba con el mar del sur.

¿Cómo se alimentaban tan intrépidos marineros en un viaje con tantas incógnitas?

En los primeros meses, de una manera sencilla pero completa. Con un dieta basada en legumbres, salazón, frutos secos, galleta o bizcocho de mar, queso y carne. Y por supuesto una ración diaria de vino de Jerez, del que llevaban cantidades ingentes. Más tarde, cuando los alimentos escasearon, sobrevivieron a base de arroz hervido, peces que ellos mismos pescaban o animales que lograron cazar ?desde pingüinos a tortugas gigantes y jabalíes?. Ya en la travesía del Pacífico, que fue terrorífica, llegaron incluso a comer ratas, serrín y cuero con el que cubrían los mástiles.

El lector, protagonista de circunstancias, debe tomar decisiones que no siempre resultan acertadas. ¿Crees que la lógica, o la intuición le pueden hacer llegar a buen puerto, o hay que arriesgarse un poco a la hora de elegir el camino a seguir?

La intuición y el sentido común siempre ayudan, aunque a veces también influye la suerte. En este sentido, «Nao Victoria», como ocurrió con la expedición real, es una metáfora de la propia vida, en la que a veces se apuesta y se gana, y otras se pierde. Elcano se lo jugó todo a una carta y logró su premio junto a diecisiete supervivientes. Pero, ¿y el resto de tripulantes que se quedaron atrás?

Terminar la aventura a mitad de camino frustra. Siempre ocurre en este tipo de libros. Volver a la página uno, ¿no es acaso algo cruel? ¿De verdad hay que comenzar desde el principio leyendo entre líneas?

Todos los que hemos leído y disfrutado con este tipo de literatura hemos vuelto a la página uno en las tres primeras ocasiones. Luego, para no aburrirnos, hemos tomado "atajos" para avanzar más deprisa. Eso también forma parte del juego, jajajaja.

Las vueltas al punto de partida son una excelente oportunidad para repasar lecciones ya aprendidas. Al final resulta que estamos estudiando sin darnos cuenta. En caso contrario, rebate estos argumentos.

Toda lectura debe tener su medida y su tiempo. El hecho de retroceder permite cambiar de decisión y volver a empezar, y con ello siempre se aprende. Imagínate que te diesen la oportunidad de viajar al pasado y alterar algunos episodios de tu vida. Sabríamos el doble de lo que sabemos, ¿no? Pero esto tampoco debe suponer una carga, máxime en un libro-juego que pretende enseñar divirtiendo. Las reglas las marcas tú.

Si tras la lectura de este libro se menciona la fecha de 1519...

Querrá decir que he logrado mi objetivo. Durante mi etapa de estudiante memoricé fechas como 1492, 1789 o 1936, pero jamás el año en que Magallanes partió de Sevilla con sus cinco naos. Algo imperdonable. Por eso, independientemente de las lagunas de nuestro sistema educativo, es necesario que nuestros jóvenes conozcan este episodio a lo largo del Quinto Centenario; al igual que deberían saber quienes fueron Andrés de Urdaneta, Blas de Lezo o Álvaro de Bazán, otros héroes de nuestra historia naval que continúan en el ostracismo. Y para ello existen herramientas maravillosas, comenzando por las bibliotecas y continuando en la red.

Y de Pronto aparece Juan Sebastián Elcano. Cuéntanos en pocas palabras los trazos biográficos de este señor llamado a convertirse en un héroe.

Elcano siempre fue un superviviente. Para algunos historiadores, incluso un mercenario. Su historia está llena de luces y sombras, pero, como buen vasco que era, yo me quedo con su faceta de hombre reflexivo y práctico. Apenas hay menciones de él en la crónica de Pigafetta, lo cual da buena cuenta de su perfil bajo durante buena parte de la expedición. Pero una vez desaparecido Magallanes, supo sacar fuerzas de flaqueza y erigirse en un consumado líder. Sin su capacidad de mando, su mano izquierda y sus conocimientos náuticos ?eso por no hablar de la drástica decisión que hubo de tomar en Cabo Verde? no hubiese habido vuelta al mundo. Que no os quepa ninguna duda.

Por último, querido Antonio, intenta dejar la impronta de este magnífico libro en las retinas de tus potenciales lectores sin olvidarte de hacer referencia a la colaboración inestimable de las ilustraciones de Ana López Caro.

«Nao Victoria» es más que un libro. Es una experiencia emocional y sensitiva que te permite bucear en la historia de un modo poco habitual. A ello contribuye su estructura, el narrador en segunda persona o la cuidada ambientación; pero también las mágicas ilustraciones de Ana López Caro, cuyo trabajo es excepcional. A ella le debo gran parte del éxito de mi saga «La Pandilla Morada», de ahí que le pidiese que nos embarcásemos juntos en esta aventura. Ojalá los lectores disfruten de ella la mitad de lo que lo hemos hecho nosotros.

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Suerte, marinero, en esta travesía, esperando que no sea la última

Muchísimas gracias.

Francisco Javier Torres Gómez


Sobre esta noticia

Autor:
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Fuente:
librosquevoyleyendo.com
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Tipo:
Reportaje
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