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La música como instrumento de tortura deshumanizadora se sigue usando en Guantánamo: no deja marcas

29/08/2013 12:17

1 En Guantánamo el heavy metal más pesado, estridente y a un volumen insoportable día y noche durante cientos de horas derrumba a cualquier preso musulmán. Luego todos cantan como pajaritos

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El afán de perfeccionar los métodos de tortura que no dejan marca y llevarlos hasta la maldad más maquiavélica, ha convertido la música, por sí misma, en un instrumento de tortura capaz de deshumanizar por completo a una persona.

 Ciertas investigaciones indican que el ejército de Estados Unidos utilizó música para torturar a los detenidos de las cárceles de Irak, Afganistán y Guantánamo, entre otras, y que lo hace de manera rutinaria al menos desde 2002.

 Torturar con música permite decir que no es tortura: sólo es música, nadie toca al detenido, nadie le pega. Pero el detenido acaba perdiendo la razón, víctima de un tormento altamente sofisticado. Un representante del gobierno norteamericano dijo que “los deja fritos”.

 En Guantánamo, por ejemplo, el heavy metal más pesado, agudo y estridente, a un volumen insoportable, es un sistema para impedir que el preso pueda dormir y para conseguir en consecuencia que se desmorone sin necesidad de pegarle. Canciones como Born in the USA (“nacido en USA”) o Fuck your God (“que se joda tu dios”) resultan destructivas para un preso de fuertes creencias musulmanas tanto por el martilleo del ritmo como por el contenido ideológico. Las órdenes directas de ensordecer a los detenidos con música, o tal vez sólo ruido, procedían de las esferas más altas del ejército, desde Donald Rumsfeld, secretario de Defensa del Presidente Edward W. Bush.

 En un documento infame, éste especifica que el volumen de la música debe ser lo más alto posible, pero sin llegar a romper los tímpanos de los detenidos, simplemente porque ahí terminaba la tortura.

 En cambio, dejaba la elección de la música concreta a cargo del mando local. Durante horas y horas, y días y días, sin la menor interrupción, el prisionero es víctima de una música cuyo volumen supera el nivel doloroso de la música, al lado del cual la música de la peor discoteca parecería el arrullo para dormir a un niño.

Suele ser una única canción, o tan sólo el estribillo, repetido miles de veces, lo que acaba desesperando al desgraciado. Hay constancia de que usaron, en vez de música, un slogan publicitario de apenas unos segundos de duración, pero repetido sin interrupción hasta el infinito, o la grabación de unas carcajadas que no se terminan nunca.

También han utilizado el método inhumano de encerrar a varios detenidos en un contenedor, y dejarlos allí amontonados, con una música ensordecedora durante 24 horas, para después continuar el interrogatorio.

 El sargento Hadsell, de la CIA, explicaba en el número del 19 de mayo de 2003 de Periscope, del Newsweek en relación a la música como tortura, que “si la utilizas durante 24 horas, las funciones cerebrales y corporales empiezan a desmoronarse, piensas más lentamente y se te quiebra la voluntad. Es ahí cuando aparecemos nosotros y hablamos con ellos. Y cantan”.

 El volumen de la música resulta abrumador y la persistencia enloquece. No es posible imaginar cuánto puede torturar una música insoportable, física y síquicamente, sin por ello dejar marcas en el cuerpo. Mohamed al Qahtani, sospechoso de haber participado en los sucesos del 11-S, fue sometido a cuarenta y nueve días interrumpidos de una canción, de alto contenido sexual, de Christina Aguilera. Ni se sabe lo que habrá quedado de él.

La música es un tormento particularmente cruel porque el torturado no tiene ni siquiera el consuelo de respirar entre golpe y golpe, entre descargas eléctricas, ni tiene siquiera el consuelo de morir durante la tortura.

 Al menos dos grupos de heavy metal se manifestaron orgullosos al saber que la música de ellos era utilizada como instrumento de tortura. Pero un conjunto muy numeroso de músicos y el sindicato británico de músicos se manifestaron en contra, y crearon una página web para reunir millones de voces en contra de la música como tortura, y de toda otra forma de tortura.

 Esta información procede de un encuentro que sobre el tema tuvo lugar en el muy interesante Bard College, de Estados Unidos, y la publicó extensamente un suplemento cultural de un periódico.

 Uno de los artículos que se publican resalta el hecho de que toda tortura es ilegal, pero los gobiernos hacen oídos sordos a esta modalidad.

 O buscan alternativas legales como torturar fuera del territorio donde es ilegal la tortura, tal es el caso de Guantánamo, entre otras cárceles ilegales, o bien torturar con instrumentos que no son de tortura, como la música.

Tal sistema se utiliza sobre todo desde los días del 11-S por mandato del propio presidente George W. Bush

 De esta manera pueden afirmar (sin permitir preguntas ni comentarios) que aquí no se tortura a nadie, y tan tranquilos nos quedamos. No son los únicos: los británicos usaron el sonido como tortura contra los presos del IRA en Irlanda del Norte, y los israelíes usaron técnicas similares contra los presos palestinos en Oriente Medio.

 El Tribunal Europeo de Derechos Humanos reprendió y desautorizó a los primeros; el Comité contra la Tortura de Naciones Unidas les prohibió a los segundos tal actividad por considerarla tortura.

 La relación entre música y tortura es estrecha en muchos ejemplos. Incluían música las técnicas soviéticas del jefe del espionaje soviético Laurent Beria, la mano derecha de Stalin, el lavado de cerebro que nadie las olvida porque muchos las copiaron.

 Cuando el “enemigo” se da cuenta nada puede hacer pero para intentar frenar esa locura primero lo denuncia luego quizás invente otros métodos

 El audiovisual, de la cadena árabe Al Jazeera, enuncia a los torturadores norteamericanos y dice que atan a sus presos a una silla, con modernos audífonos puestos, y reproducen las melodías del programa infantil Calle Sésamo durante horas y horas o días a un volumen muy alto.

 Además, describe y explica el sufrimiento que padecen las víctimas mientras enfrentan esa modalidad de tormento, tan cruel como el aislamiento en celdas con temperaturas extremas o el mantener a los presos islamistas amarrados en posición fetal por más de 24 horas sin alimentos.

 El psiquiatra Stephen Xenakis, general retirado del Ejército de EE.UU., entrevistado por Al Jazeera, declara “este tipo de tortura conduce al cerebro al mismo nivel de ansiedad que puede causar el síndrome de estrés postraumático.”

 Al Jazeera también entrevistó al creador de dichas canciones infantiles, Christopher Cerf, para saber su opinión sobre el uso de sus composiciones como una herramienta de martirio. “Mi primera reacción fue decir: esto no puede ser verdad”, comentó furioso Cerf, y deploró la idea de emplear su obra en fines tan perversos.

 En el 2008 salieron a la luz las primeras noticias sobre el uso de canciones de artistas como Bruce Springsteen, Eminem, James Taylor, Marilyn Manson, Metallica, Neil Diamond, Pearl Jam y Red Hot Chili Peppers, entre otros, en las torturas de la controvertida cárcel .

 Muchos de esos músicos invocaron la Ley de Libertad de Información para exigir a Washington la lista de los temas usados en los interrogatorios, contribuyeron al lanzamiento de una campaña contra ese método y se sumaron a la iniciativa mundial por el cierre de la base militar.

Las organizaciones de derechos humanos como Amnistía Internacional están estudiando a fondo esta forma de tortura que no deja huella y la han descrito con detalle

 Algunos activistas de derechos humanos estudian el uso de la música como arma. La evidencia de que la guerra actual es irregular, no quiere decir que se salte los tratados internacionales en los que no se menciona la música como formade tortura. Se basa fundamentalmente en reportes de organizaciones de derechos humanos, en reportajes periodísticos sobre exprisioneros o en declaraciones que detenidos actuales han realizado a sus abogados. Existen también leyendas urbanas que circulan por Internet que en ocasiones son confirmadas por alguna de las fuentes anteriores. De todos modos, es absolutamente claro que la música juega un papel importante en el interrogatorio de detenidos en la guerra de Estados Unidos y aliados contra el terrorismo.

 Ya en Mayo de 2003 la BBC informó que el ejército norteamericano utilizó “Enter Sandman” de Metallica y “I Love You” de Barney el Dinosaurio Morado en los interrogatorios de detenidos Irakies, repitiendo las canciones una y otra vez a alto volumen dentro de contenedores. Dentro de los documentos obtenidos por la ACLU (American Civil Liberties Union, o el Sindicato de las Libertades Civiles Americanas) está incluido un correo electrónico de un agente no identificado del FBI, fechado el 5 de diciembre de 2003, que describe por lo menos tres incidentes que involucran a detenidos de Guantánamo encadenados al suelo y sometidos a “Calor extremo, frío extremo con música rap a un volumen extremo”. La edición del 12 de Junio de 2005 de la revista Time incluyó una historia de 84 páginas basada de los interrogatorios en Guantánamo de Mohammed al Qahtani desde Noviembre de 2002 hasta Enero de 2003 (Zagorin y Duffy 2005). Los interrogatorios de Qahtani empezaban a la media noche; cuando él empezaba a quedarse dormido le despertaban bien con agua helada sobre su cabeza, o con el sonido de la música de Christina Aguilera. En Diciembre de 2005, Human Rights Watch publicó breves recuentos personales de detenidos liberados de una prisión secreta en Afganistán, muchos de los cuales aseguraron que parte de su experiencia fue la de estar detenidos en espacios de total oscuridad y ser obligados a escuchar música que describieron como “insoportablemente dura”, “infiel” u “occidental”.

 La misma publicación incluía el relato del prisionero de Guantánamo, Benyan Mohammed, un etíope que había vivido en Inglaterra, al que obligaron a escuchar música de Eminem (Slim Shady) y Dr. Dre durante veinte días antes de que sustituyeran la música por “sonidos de horribles risas de fantasmas y sonidos de Halloween”. Una historia larga publicada en el New York Times el 19 de Marzo de 2006, describe el “Campo Nama” en detalle. Éste era el centro operativo de una unidad de interrogatorios para varias agencias en el aeropuerto internacional de Bagdad. Aquí, “detenidos valiosos” (aquellos a quienes se cree guardan información directamente relacionada con movimientos de tropas en el campo de batalla, líderes terroristas, o ataques terroristas inminentes) eran inicialmente enviados al denominado “cuarto negro” (un espacio del tamaño de un garaje, sin ventanas y pintado de negro) en el que “música rap y rock n’ roll estallaba en decibeles ensordecedores por un altoparlante” (Schmitt and Marshall 2006). La lectura de estos reportes sugiere que la “música ensordecedora” es usualmente dirigida a un detenido que ha sido encadenado en una posición de estrés, en un espacio completamente oscuro que han puesto incómodamente caliente o frío.

 La “tortura sin contacto”, una fórmula para utilizar la música como método coercitivo, sin responder ante nadie

 La “tortura sin contacto”, comparte con las armas no letales la ventaja de no dejar marcas causadas directamente por los interrogadores en la superficie carnosa visible del cuerpo. Por ende, son difíciles de probar y de asociar a las imágenes de tortura comunes en nuestra la cultura visual y literaria. La premisa de la “tortura sin contacto” es sin embargo consistente con la premisa que incluye a las armas no letales, incluyendo aquellas que usan sonido no exclusivamente música; así como con la premisa con la que las unidades PsyOps usan sonido o música para preparar el campo de batalla, no individualmente. La premisa en común es que el sonido puede lastimar seres humanos, sin matarlos, en una amplia variedad de maneras. Lo que diferencia el uso del sonido o de la música en el campo de batalla y el uso del sonido o de la música en los cuartos de interrogatorios, es la ubicación declarada del daño. Los teóricos de su uso en el campo de batalla enfatizan el efecto del sonido en el cuerpo, mientras que los teóricos del cuarto de interrogatorios se enfocan en la capacidad que tienen la música y el sonido para destruir la subjetividad. Aquí hay algo sobre la intersección de la relación entre mente y cuerpo con la distinción entre espacio privado y público, y la jerarquía de comandos y operaciones de campo, que en un futuro sería bueno discutirlo más a fondo.

FUENTE: DIASPORAWEB ESPECIAL PARA GLOBEDIA   

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Agustin Brig (30/08/2013)

Una locura... Pero peor que es que haya bandas que festejen tales hechos, esto nos muestra el nivel de la sociedad.