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Los murciélagos, primos del vampiro son sin embargo aliados del hombre, insectívoros, polinizadores, precursores del sonar

16/02/2011 19:19 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

La cultura occidental ha demonizado al murciélago recordando -por el cine- a los vampiros. Sin embargo, el 95% de los murciélagos son más insectívoros que las ranas, polinizan las flores y dispersan las semillas

En la cultura occidental son “animales sucios”, asociados a las tinieblas, a la transmisión de enfermedades y a la muerte. Falsas creencias que han provocado miedo y han contribuido al exterminio de los murciélagos en Europa en los últimos 50 años.

Desde el punto de vista evolutivo, son mucho más cercanos a nosotros que otros animales, y tan inofensivos como benéficos, ya que se alimentan de mosquitos e insectos que fastidian al hombre. Algunos llegan a comer en una noche hasta mil quinientos mosquitos. Pero si bien es cierto que en Europa se ha relacionado a los murciélagos más de lo que se debía con los vampiros -recordemos la novela sobre Drácula, escrita por Bran Stoker en 1897 y basada en un personaje de 1431 que mataba a bellas mujeres chupándoles la yugular-, en culturas orientales como la japonesa y la filipina han simbolizado la fortuna mientras que en la mitología autóctona americana eran considerados deidades, llamadas Tzol, que los mayas representaban en monumentos, templos, estelos, códices y vasijas. Los aztecas, por su parte, también los consideraban dioses y los asociaban con el culto al maíz y a los ritos de la fertilidad.

Los únicos de su especie que saben volar son los murciélagos

Los murciélagos son los únicos mamíferos adaptados al vuelo, con características muy peculiares. Sus alas son membranas que se unen a brazos y manos con las patas y el cuerpo. Las manos están formadas por cuatro dedos largos y delgados, y constituyen una excelente armazón para sostener la parte más ancha de las alas. Únicamente el quinto dedo, el pulgar, es corto y normalmente provisto de una uña aguda, que le sirve para colgarse y moverse en tierra o sobre las rocas. Sus patas, con cinco dedos provistos con uñas agudas, le sirven para asirse firmemente de las bóvedas, troncos…

Todos los murciélagos son de hábitos nocturnos y pasan el día en refugios como cuevas, huecos de árboles, matorrales tupidos e incluso casas abandonadas o escondidos en bodegas de casas habitadas. Al oscurecer empiezan a abandonar sus guaridas, a veces por miles e incluso cientos de miles. Estas grandes poblaciones aún hoy día se pueden observar saliendo de las grandes cavernas en las tierras tropicales bajas de América.

Se encuentran por todo el mundo, excepto las regiones polares, las montañas más altas, las islas particularmente aisladas (principalmente del Pacífico oriental), los océanos o el centro de los desiertos más extensos; ocupan nichos en todos los hábitats y su capacidad de vuelo les permite colonizar nuevas zonas, si disponen de perchas de descanso y alimento. En Nueva Zelanda, Hawai, las Azores y muchas islas oceánicas, son los únicos mamíferos indígenas. Junto con los roedores, son el único animal sucio que colonizó el continente australiano. Son una contribución de los humanos, donde están representados por seis especies. Llegaron probablemente de Asia, y sólo están presentes en el registro fósil desde hace quince millones de años. Aunque el 7% de las especies de murciélagos del mundo viven en Australia, en este continente sólo hay dos géneros endémicos.

Algunas especies son migratorias y aunque generalmente no suelen migrar grandes distancias, pueden llegar a recorrer trayectos tan largos como el que separa el norte de Canadá de México.

Han colonizado una gran variedad de hábitats. Viven en medios subterráneos, en grietas y fisuras de las paredes rocosas, entre la hojarasca, tras la corteza de los árboles o en sus cavidades. En cuanto a las construcciones humanas los murciélagos también viven en sótanos, bodegas, puentes y construcciones militares.

Los murciélagos constituyen un grupo interesante de mamíferos. Después de los roedores, son los de mayor número de especies, alrededor de 950 repartidas en todo el planeta. Habitan todos los climas, excepto en las zonas polares, y su antigüedad es por los menos 30 veces mayor que la del hombre, ya que hace más de 70 millones de años, principios del Exoceno, los Murciélagos eran muy semejantes a los actuales o con muy pocas diferencias.

Sin embargo, es evidente que son descendientes del primitivo orden de los insectívoros (musarañas) por su similitud en sus características generales. Por lo tanto, los etólogos piensan que descienden de un pequeño cuadrúpedo insectívoro arborícola (trepador).

Su pelaje varía según las especies, pero generalmente son pardos, grises, amarillos, rojos y negros. Su tamaño varía desde los 29-33 mm de longitud y 2 g de peso del murciélago moscardón, el mamífero más pequeño existente en la actualidad, a los más de 1, 5 m de longitud y 1, 2 kg de peso del gran zorro volador filipino. Otros murciélagos de gran tamaño son el zorro volador de la India, el zorro volador de Livingston o el gran zorro volador, el murciélago de mayor envergadura. A pesar de su nombre, los mega quirópteros no son siempre mayores que los micro quirópteros, pues algunas especies tan solo miden seis centímetros de longitud y son más pequeños que los micro quirópteros de mayor tamaño.

La antigua creencia decía que eran ciegos

El nombre científico del orden, Chiroptera, proviene de dos vocablos griegos, cheir, mano, y pteron, ala. Aunque pocos quirópteros los son completamente, antiguamente predominaba la creencia de que eran ciegos, como demuestra el origen de su nombre común, “murciélago”, que es una metátesis histórica de “murciélago”, formada por la expresión del castellano antiguo mur cego “ratón ciego”, la cual deriva a su vez de la unión de los términos latinos mus, ratón, caeculus (diminutivo de caecus), ciego y alatus alado.

En otras lenguas su nombre también es una palabra compuesta que añade a su parecido con estos roedores y a su capacidad de volar, como ratpenat (rata alada) en catalán o fledermause (ratón que vuela) en alemán en euskera se llama sagu zahar (ratón viejo), los chinos les llaman sein-shii (ratón celeste) y los aztecas les llamaban quimichpapalotl, de quimich, ratón y papalotl, mariposa.

Su cabeza difiere considerablemente de una especie a otra. La cabeza de muchos murciélagos recuerda la de otros animales como pueden ser los ratones, pero tienen estructuras diferenciales en los quirópteros. Muchos tienen láminas nasales u otras estructuras en la cara, que sirven para emitir o potenciar los ultrasonidos. Las orejas, que en muchas especies son de gran tamaño, a menudo están dotadas de surcos o arrugas, además del trago, un lóbulo de piel que mejora su capacidad de ecolocación.

Como tienen alas mucho más delgadas que las de las aves, pueden maniobrar de una manera más rápida y precisa, aunque también son más delicadas y se rasgan con facilidad; sin embargo, el tejido de la membrana se repone en poco tiempo, por lo que estos pequeños rasgones pueden curarse con rapidez. La superficie de las alas está dotada de receptores sensibles al tacto en forma de pequeños bultos llamados células de Merkel, presentes en la mayoría de mamíferos pero que el caso de los murciélagos son diferentes, pues cada bulto tiene un pelo diminuto en el centro, lo que la hace aún más sensible y le permite detectar recoger información sobre el aire que fluye sobre sus alas y así poder cambiar su forma para volar con mayor eficacia. Muchas especies, como Myotis lucyfugus, aprovechan esta destreza para volar cerca de la superficie del agua y beber mientras vuelan, y otras, como el zorro volador (género Pteropus) o los mega quirópteros, rozan con su cuerpo la superficie del agua y toman tierra en los alrededores para lamer el agua adherida a la piel de su pecho.

Casi desde su origen han sido grandes insectívoros

Originalmente los murciélagos fueron devoradores de insectos y una gran mayoría (70%) ha conservado sus hábitos insectívoros. Pero otros han derivado hacia hábitos diferentes con la adaptación y la morfología de su aparato digestivo. Se piensa que ese cambio a otras dietas alimentarias pudo ser en un principio accidental, y que al resultar favorables se fueron adaptando evolutivamente a través del tiempo, evitando así la competencia mutua para asegurar su existencia en la Tierra.

Actualmente conviven murciélagos con diferentes hábitos alimentarios: los frugívoros (frutos y vegatales), polinívoros (polen), metílicos (néctar de flores), carnívoros (ranas y ratones) ictiófagos (peces) y los más famosos, los hematófagos (chupadores de sangre) que pueden vivir más de 18 años.

A pesar de la extensa visión popular de los murciélagos como animales que se alimentan de sangre, en realidad sólo existen tres especies hemófagas, todas originarias de América e incluidas en la subfamilia Desmodontinae. Los murciélagos hematófagos se conocen con el nombre de vampiros. El vampiro común se alimenta de la sangre de ganado, perros, sapos, tapires, guanacos, e incluso focas.

El vampiro común es el más extendido; se alimenta de la sangre de ganado, perros, sapos, tapires, ganacos e incluso focas, mientras que el vampiro de patas peludas se alimenta de la sangre de aves. El vampiro de alas blancas la más rara de estas especies también se alimenta de la sangre de aves y la mayoría de la información que se tiene de ella ha sido obtenida a partir de ejemplares encontrados en gallineros.

Cuando se pone el sol los vampiros salen en grupos de entre dos y seis animales. Una vez localizada su presa, como un mamífero dormido, aterriza sobre una zona desprovista de pelo, o bien cerca de su presa y se dirige a ella por tierra; elige un lugar conveniente para morder utilizando un censor de calor situado en su nariz con el que localiza un área donde la sangre fluye cerca de la piel. No chupan o absorven la sangre, sino que la beben a lengüetadas y su saliva tiene una función clave en el proceso de alimentarse de la herida pues contiene varios compuestos que prolongan el desangrado, como anticoagulantes que inhiben coagulación de sangre y compuestos que previenen el estrangulamiento de los vasos sanguíneos próximos a la herida.

La pérdida de sangre provocada por sus mordeduras es relativamente pequeña (unos 15-20 ml) por lo que el daño producido a las presas es también pequeño. El mayor riesgo en sus presas a causa de estas mordeduras está asociado a su exposición a infecciones secundarias, parásitos y el contagio de enfermedades transmitidas por virus como la rabia. La rabia se produce de forma natural en muchos animales salvajes pero es mucho más frecuente en mofetas o zorros que en murciélagos, y dado que las mordeduras de vampiros a humanos son muy poco frecuentes, el contagio de esta enfermedad a los humanos es muy rara; aún así teniendo en cuenta que los vampiros pueden ser portadores de este virus, deben ser manejados con precaución.

Los murciélagos vampiro pertenecen a los hematófagos que también se alimentan de sangre animal. Aunque el término vampiro es de origen serbio originalmente aplicado en Europa Oriental a los fantasmas chupadores de sangre, este tipo de animales habita en la América tropical. Los expertos reconocen sólo tres especies de verdaderos vampiros: Desmodontidae, Desmodus rotundus, vampiro común o de patas pelonas; Diphylia caudata, vampiro de patas peludas y Diaemus Youngí. Las dos primeras especies habitan siempre en México mientras que a la tercera se le encuentra en el Amazonas y emigra hacia el norte del continente hasta México, entrando por la costa del Golfo.

El aparato digestivo de los vampiros se ha adoptado increíblemente a su dieta de sangre. Sus dientes se fueron reduciendo a solo unas cuantas piezas especializadas, destacando principalmente los incisivos superiores que son grandes y cinceliformes terminados en una punta aguda y filosa para permitirle desgarrar la piel de su víctima en forma de v, por la que sale la hemorragia.

La saliva del vampiro contiene varios componentes conocidos como activadores del plasminógeno entre los más importantes destacan las desmokinasas causantes de que la sangre no coagule y así sin necesidad de que el vampiro produzca a la víctima una herida mayor la sangre pueda seguir fluyendo hasta que haya saciado su apetito.

El sonar lo utilizaban los murciélagos hace miles de años para atrapar mosquitos y no chocar con las paredes. Cuando cayó en cuenta el hombre fue hace cien

El Dr. Alejandro Alagón ha sido el mejor investigador de la Universidad Nacional Autónoma de México y se ha dedicado al estudio de los diferentes mecanismos de acción que producen la saliva de estos animales. Su contribución a la medicina es que los activadores de plasminógeno pueden ser utilizados en un futuro próximo para disolver coágulos de pacientes que hayan sufrido un ataque al miocardio.

Los vampiros se reunen en decenas de miles siempre en colonias separadas de los murciélagos. Abundando en esta separación de costumbres de los vampiros con los murciélagos diremos que en un estado mexicano las gentes del lugar cuentan que los recolectores de tabaco que dormían a la intemperie eran mordidos sin percatarse en los dedos de los pies y los lóbulos de las orejas.

Sabían que la mordedura era de vampiros porque al día siguiente sentían picazón y se tocaban las costras de sangre detrás de las orejas y en los pies. Muchos sabían que los vampiros son portadores del virus de la rabia y que en estudios hechos por especialistas en algunas regiones de América tropical se detectan entre el 70 y el 75% de las bandadas de vampiros como infectadas con rabia.

Pero no por eso hay que demonizar al murciélago aunque sea primo hermano del vampiro. Sus historias de animal de las tinieblas son difundidas por charlatanes y pseudo científicos que sólo han servido para aniquilar a los murciélagos en sus refugios naturales por millones y han causado un enorme perjuicio. De las 960 especies de murciélagos solo hay dos que pueden ser nocivas para hombre, el resto, una inmensa mayoría, son insectívoras y devoran millones y millones de insectos más que las ranas y que cualquier otro animal beneficioso para la agricultura.

Los polinívoros y metílicos por su parte realizan una función muy importante: la polinización que inicia la fecundación de las flores para la producción de frutos.

Desempeñan un papel ecológico vital como el de las abejas pero desarrollan además un papel de dispersión de semillas; muchas plantas tropicales dependen por completo de los murciélagos. Un ejemplo muy claro lo encontramos en el murciélago siricotero Glossophaga soricina que poliniza las flores del banano o plátano. Si este animal desapareciera sucedería lo mismo con las bananas y así podría mencionar muchos ejemplos de importancia de los murciélagos e infinidad de mecanismos biológicos como dispersores de semillas y controladores de plagas.

Si en la naturaleza existe un control de todas las poblaciones de seres vivos resulta que unos devoran a los otros y si esto no ocurriera se desencadenaría un desastre ecológico que afectaría a la cadena alimentaria. En este sentido los principales depredadores naturales de los murciélagos son las aves nocturnas como algunas especies de lechuzas y búhos, aves diurnas, como el famoso batfalcón, el halcón peregrino, mamíferos como la zorra, el mapache, el zorrillo y la gran mayoría de las serpientes que penetran en las cuevas como la boa, la falsa nauyaca y otras.

Los murciélagos son los precursores del sistema de sonar

En 1784 el italiano Lazzaro Spallanzani demostró que los murciélagos evaden obstáculos orientándose exclusivamente por oído y no con la vista. De esa manera, detectan pequeñas presas (insectos) a los cuales atrapan en pleno vuelo. Fue el mismo sabio el que descubrió también que se desorientaban si no podían oír pues no podían evitar obstáculos porque estaban “cegados”.

En 1920 el fisiólogo inglés Hartridge apuntaba la posibilidad de que los murciélagos localizaban y capturaban sus presas por el oído. Y en 1938 con el desarrollo de un micrófono que captaba altas frecuencias Donald Griffin descubrió que los murciélagos emitían ultrasonidos. Al igual que los delfines o los cachalotes utilizan la ecolocación de un sistema de percepción que consiste en la emisión de sonidos para producir ecos que a su retorno se transmiten a través del sistema nervioso auditivo. Eso les ayuda a orientarse, detectar obstáculos, localizar presas, o con motivos sociales tales como buscar pareja.

La utilización de estos poderes les sirve para capturar sus presas pero les proporciona una información vital sobre su medida, velocidad y dirección.

Las distintas especies de animales emiten frecuencias diferentes. Los humanos podemos percibir hasta 20 kHz, pero los murciélagos emiten desde 15 hasta 200 kHz. Las frecuencias pueden ser constantes es decir que no cambian durante la duración de la señal o moduladas (que varían en mayor o menor medida).

Los gritos de los murciélagos o de los delfines etc… pueden acabarse repentina o gradualmente según la especie. Otros animales utilizan intensidades débiles mientras que el género de los “noctámbulos” tienen llamamientos muy potentes que se pueden sentir a grandes distancias. En ocasiones dejan de emitir sonidos cuando se encuentran en lugares muy familiares y que conocen bien quizá para evitar que determinados depredadores los descubran.

Los murciélagos utilizan las orejas para escuchar su propio eco y algunos grupos como los rinolófidos pueden moverse independientemente los unos de los otros si les conviene. Calculan la distancia de la presa por la diferencia de tiempo entre la emisión del sonido y la recepción del eco y la diferencia la deducen por el distinto momento de llegada del eco al oído derecho y al izquierdo. El pabellón auricular de los murciélagos está adaptado al tipo de vuelo de cada especie y cuanto más rápido vuelan más cortas son sus orejas.

El gran invento en la historia del murciélago es el “sonar”

El sonar del inglés sonar, es una técnica de algunos animales que hemos citado que el hombre ha usado para la propagación del sonido incluso bajo el agua, para navegar comunicarse o detectar otros buques de la misma forma que el murciélago detecta sus presas.

El sonar se usa utilizando señales de radioelectrónica o impulsos magnéticos sonoros. De hecho, se usó en aire antes que el GPS. Funciona de manera similar al radar.

El término «sonar» se usa también para aludir al equipo empleado para generar y recibir el sonido de carácter infrasonoro. Las frecuencias usadas en los sistemas de sonar van desde las intrasonicas a las extrasónicas (entre 20 Hz y 20.000 Hz), la capacidad del oído humano. Sin embargo, en este caso habría que referirse a un hidrofono y no a un sonar. El sonar tiene ambas capacidades, puede ser utilizado como hidrofono o como sonar.

Existen otros sonares que no abarcan el espectro del oído humano, (cazaminas); pueden comprender varias gamas de alta frecuencia, (80 kHz ó 350 kHz), por ejemplo. Ganan en precisión a la hora de determinar el objeto, pero pierden en alcance. Habitualmente suelen ser menores a 300 metros.

Aunque algunos animales (como delfines y murciélagos) han usado probablemente el sonido para la detección de objetos durante millones de años, el uso por parte de humanos fue registrado por vez primera por Leonardo Da Vinci en 1490. Se decía que se usaba un tubo metido en el agua para detectar barcos, poniendo un oído en su extremo. En el siglo XIX se usaron campanas subacuáticas como complemento a los faros para avisar del peligro a los marineros.

El uso de sonido para la «ecolocalización» submarina parece haber sido impulsado por el desastre del Titanic en 1912. La primera patente del mundo sobre un dispositivo de este tipo fue concedida por la Oficina Británica de Patentes al meteorólogo inglés Lewis Richardson un mes después del hundimiento del Titanic, y el físico alemán Alexander Behm obtuvo otra por un resonador en 1913. El canadiense Reginald Fessenden construyó un sistema experimental en 1914 que podía detectar un iceberg a dos millas de distancia, si bien era incapaz de determinar en qué dirección se hallaba.

Durante la Primera Guerra Mundial, y debido a la necesidad de detectar submarinos, se realizaron más investigaciones sobre el uso del sonido. Los británicos emplearon pronto micrófonos subacuáticos, mientras el físico francés Paul Langevin, junto con el ingeniero eléctrico ruso emigrado Constantin Chilowski, trabajó en el desarrollo de dispositivos activos de sonido para detectar submarinos en 1915.

En 1916, bajo el patrocinio del Consejo Británico de Invenciones e Investigaciones, el físico canadiense Robert Boyle se encargó del proyecto del sonar activo con Albert Beaumont Wood, construyendo un prototipo para pruebas a mediados de 1917. Este trabajo, para la División Antisubmarina, fue realizado en el más absoluto secreto, y usaba cristales de cuarzo piezoeléctricos para producir el primer aparato de detección subacuática de sonido activo factible del mundo.

Con el inicio de la Segunda Guerra Mundial, la Marina Real Británica tenía cinco equipos para diferentes clases de buques de superficie y otros para submarinos, incorporados en un sistema de ataque antisubmarino completo.

Al inicio de la Segunda Guerra Mundial la tecnología británica de sonar fue transferida a los Estados Unidos. La investigación sobre el sonar y el sonido submarino se amplió enormemente, particularmente en este país. Se desarrollaron muchos nuevos tipos de sonar militar, entre ellos las sonoboyas, el sonar sumergible y el de detección de minas. Este trabajo formó la base de los desarrollos de posguerra destinados a contrarrestar los submarinos nucleares. El sonar siguió desarrollándose en muchos países para usos tanto militares como civiles. En los últimos años la mayoría de los desarrollos militares han estado centrados en los sistemas activos de baja frecuencia.

Es decir que como en otros campos los animales han enseñado al hombre a inventar técnicas de defensa y destrucción así como para fines loables. En cambio los murciélagos han sido arrojados al rincón de la ciencia y entregados a las leyendas urbanas como siniestros habitantes de la noche. Así es el hombre.

El mundo obscuro de los murciélagos es más fascinante de lo que se ha escrito y por eso Diáspora hace estas aclaraciones. Actualmente naturalistas de todo el mundo han iniciado una batalla para salvar a estos originales animales. Los países europeos firmaron un documento hace años para su protección y por todas partes hay clubes de murciélagos para defenderlos ante el público de sus primos hermanos y desacreditar supersticiones e inexactitudes.


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