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El mundo que sigue el drama Marilyn se rinde ante la evidencia del asesinato. Segunda parte

26/02/2010 20:02 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

El caso Marilyn es una novela policiaca, no de ficción con sus criminales y sus hombres buenos, como el policía Clemmons. En este capítulo seguimos todas las pistas..

Según el informe oficial el Dr. Greenson fue quien recibió la llamada de la asistenta a primera hora de la mañana siguiente y al llegar a casa de la actriz la encontró muerta en la cama. El sargento Clemmons que llegó allí a llamada de la señora Murray, pensó que todas aquellas personas que veía fuera podía haber estado allí cuando él llegó 50 minutos antes, por la cantidad de autos estacionados en el jardín, aunque él, en realidad, no recorrió todas las habitaciones ni la casa de huéspedes.

Se dio cuenta de que un cristal de la puerta de la habitación de Marilyn estabha roto preguntó a la señora Murray el cómo, pero naturalmente no sabía nada. Al parecer, estaba allí también Arthur Jacobs, relaciones públicas y amigo de Marilyn, tal como declaró la propia Pat Newcomb en los diarios del lunes siguiente donde además dijo que ella se enteró de la muerte de su amiga a través de su abogado Mickey Rudin a eso de las 04:00 es decir, antes que la policía. El actor Peter Lawford, amigo de Marilyn y cuñado de Robert Kennedy, obviamente estaba allí dirigiéndolo todo.

Sin embargo, las declaraciones de varios policías, del personal de la ambulancia, de la asistenta y de algunos médicos y de otras personas inducen a pensar que cronológicamente ocurrió lo siguiente. Después de llamadas desesperadas de Monroe a la casa de Lawford en la playa, Bob Kennedy y su cuñado volvieron al domicilio de la actriz y la encontraron muerta o moribunda. Puede que uno de ellos o ambos subiera a la ambulancia para llevarla al hospital en un último intento por salvarle la vida, pero que ordenasen al conductor que diera la vuelta cuando resultó claro que Marilyn estaba muerta. Entonces volvieron a colocar el cuerpo en la cama y el hermano del presidente salió de la ciudad tal como había llegado en helicóptero y avión.

Una presencia que sí está probada pero no entonces sino en 1982 cuando el fiscal del distrito ordenó una revisión del caso, es la de una ambulancia de la compañía Schaefer. Walter Schaefer, el dueño de la empresa, le dijo a Anthony Summers que su ambulancia llevó a Marilyn en estado de agonía al hospital de Santa Mónica. "Murió en el hospital. No murió en su casa", afirmó. James Hall, quien siempre dijo ser el chofer de aquella ambulancia, asegura que cuando él y su ayudante llegaron a la casa de la estrella, se encontraban allí Pat Newcomb, Peter Lawford, el Dr. Greenson y un policía, el sargento Marvin Lannone.

Se sabían los nombres de la asistenta, el de la empresa de socorro que envió la ambulancia, "Servicio de Urgencias Schaefer" (Los Ángeles) y también el del camillero que hizo el último intento para volver a la moribunda en sí administrándole una inyección. Se llamaba James Hall. Todo eso es correcto. ¿Por qué luego la escena de la ambulancia se cambió y se dijo que quien se dijo que intentó darle la inyección en el corazón fue el Dr. Greenson?. Es obvio que el nombre de Bob no debía aparecer. Y aquí las analogías con la muerte de Diana de Gales aparecen.

Hubo nueve testigos que aseguraron saber de la presencia de Robert Kennedy en Los Ángeles ese 4 de agosto y algunos afirman haberlo visto en la casa de Monroe. El Fiscal General estaba terminando una relación amorosa con ella. Elizabeth Pollard estaba jugando a las cartas con un grupo de amigas. A última hora de la tarde, llamó a todas a la ventana para que vieran quién acababa de bajar de un auto frente a la casa de su célebre vecina. Todas reconocieron a Robert Kennedy. Lo acompañaban dos hombres, uno de ellos con una caja negra de médico.

Ward Word, vecino de Peter Lawford, dijo que estaba por casualidad en la calle a última hora de la tarde y vio llegar a Kennedy en un Mercedes. Es absurdo pero comprensible en el contexto de una mentirosa patológica que si bien Eunice Murray afirmó cumpliendo órdenes, en un principio, que no vio a Robert Kennedy en casa de Marilyn ese día (en 1985 declaró lo contrario en una entrevista), Norman Jeffries dijo haberlo visto dos veces ese día. La primera fue a la tarde, cuando llegó con Peter Lawford y dos hombres y les ordenaron irse de compras o ausentarse por un tiempo.

La segunda fue entre las 21:30 y las 22:00 cuando entró junto con otros dos hombres para él desconocidos. ‘ Nos dijeron que nos fuéramos. Quiero decir que dejaron muy claro que debíamos irnos. Pero esta vez Eunice y yo no nos alejamos del barrio. Fuimos a la casa de un vecino. Yo no tenía idea de qué estaba pasando. Era el fiscal general de los Estados Unidos, nada menos. Yo no sabía quiénes eran los otros dos hombres que estaban con él. Supuse que eran del gobierno’ -dijo Norman Jeffries yerno de Eunice, pero deseoso de saber y decir la verdad.

Deborah Gould, tercera mujer de Peter Lawford, dijo que Robert Kennedy fue esa tarde a la casa de Marilyn a romper definitivamente con ella porque temía que la Mafia pudiera ‘ presentar información que arruinara su carrera’ y que el retraso en llamar a los médicos y al sargento de policía fue para que nadie reparara la presencia del Fiscal en la ciudad. Dijo, además, que lo llevaron al aeropuerto en helicóptero.

El periodista Joe Hyams del Herald Tribune y el fotógrafo William Woodfield que iniciaron su propia investigación en aquellos días, siguieron la pista del helicóptero que los vecinos de Peter Lawford escucharon aterrizar en la playa esa noche y encontraron en los registros de una compañía, que se había alquilado un helicóptero la noche de la muerte de Marilyn, para recoger a un pasajero en la casa de Peter Lawford y llevarlo al aeropuerto de Los Ángeles. No aparecía nombre alguno sino el de Lawford.

El FBI en pleno en la escena del crimen, menos Edgar Hoover

No fue hasta años más tarde que el Dr. Greenson reconoció en privado que Robert Kennedy estuvo presente aquella noche y que se llamó a la ambulancia.

Un ya retirado alto cargo del FBI dijo que ‘ en cuanto murió la Monroe en su casa aparecieron muchas personas extrañas, personal del FBI que no era ni de la ciudad. Tuvieron que ser órdenes de arriba, de alguien que estaba más arriba que Hoover’ . Las órdenes procedían del Ministro de justicia o del Presidente.

El libro de registro de la Casa Blanca recibió una llamada de Peter Lawford a las 6, 04 de la mañana diciendo que acababa de morir la Monroe, una hora después que el propio Lawford contratara a expertos de seguridad para que ocultaran todas las pruebas de las aventuras de los hermanos Kennedy con la difunta. La operación de encubrimiento fue gigantesca y los Kennedy quedaron endeudados con Hoover más que nunca. El 7 de agosto, Robert Kennedy dijo con gazmoñería que ‘ espero que Hoover continúe sirviendo al país durante muchos, muchos más años’ .

Según la información que recorrió el mundo el 5 de agosto de 1962, Marilyn fue encontrada muerta en su cama. El policía Jack Clemmons, jefe en funciones de la Comisaría West de Los Ángeles, estuvo allá con su ayudante y antes de llegar a la casa oyó las aspas de un helicóptero e hizo una mueca’ . Era un hombre de una intuición y una perspicacia tremendas. No se le pasaba nada. Al penetrar en el dormitorio que le indicaron notó un fuerte olor a cera quemada o algo así, como si alguien hubiera estado depilándose...

Sobre, la cama o, mejor sobre el colchón, estaba el cuerpo de una mujer bella, aún cadáver, muy maltratada que era Marilyn. Su cuerpo yacía boca abajo medio cubierta con una sábana y el teléfono bajo su torso, discos esparcidos sobre la cama, desorden allí pero orden perfecto en los detalles. Un desorden bien organizado-diría su ayudante.

Y fue éste quien comentó: ‘ Esto no es el escenario de un crimen, es el escenario de un teatro bien montado. Examinándo por encima vieron que el cadáver mostraba claros moratones, también en sus extremidades. Sus brazos cuidadosamente colocados, paralelos al cuerpo. Y su cabeza sobre una almohada. Sus dedos estaban tersos, rígidos. La lividez de todo el cuerpo mostraba a las claras que aquella mujer no acababa de morir... y no allí precisamente.

Hay detalles de la historia reciente moderna que la gente ha olvidado. Hay que sacarlo fuera porque si no habrá que repetirlos con más drama

El sargento trató de enterarse de la hora exacta del deceso y recibió tres respuestas diferentes. A él le habían llamado siete horas después o más-se dijo. Era mejor no hacer más preguntas. No mostraba el aspecto de muerte por sobredosis: no había restos de espuma en su boca ni signos en su cuello o rostro de tensión torsión que producen las convulsiones de un drogado en su penosa agonía. En un papelito arrugado entre las ropas de la cama se encontró el teléfono de la Casa Blanca, que desapareció como otras muchas cosas.

Sobre la mesilla un frasco de ‘ Nembutal’ vacío, abierto, y con la tapa allí mismo. Sobre una mesita pequeña, frascos de otros medicamentos, ‘ demasiado bien colocados, ordenados-según Clemmons. Todo esmeradamente cuidado. Raro.

Las pruebas y más las huellas fueron desapareciendo todas, con agentes del FBI destruyendo papeles, carpetas, todo. La operación de encubrimiento se dejaba sentir...’ . Secretamente el ‘ libro rojo’ (diario íntimo de la actriz), que estaba en el bungaló, lo entregó la inefable Mrs. Murray al chófer del juez. Que lo recibió de inmediato y lo guardó en una caja fuerte. Dos días después había desaparecido.

El Dr. Hyman Engelberg, antes de que el sargento de policía se fuera, le repitió como antes el Dr. Greenson que aquello era claramente un suicidio... Clemmons le pidió que se le facilitara copias de los atestados, autopsia, material... Nadie le hizo caso y sobre la escena del crimen menos.

El único aprendiz de Sherlock Holmes no era bien recibido... ‘ Todo el mundo parecía estar pendiente de nosotros’ -comentó luego su ayudante F.H.W. Cuando el sargento tropezó con el jefe William Parker, jefe de la policía de Los Ángeles y James Hamilton, miembro de la CIA. Parker les preguntó qué hacían allí. Clemmons les explicó que la Sra. Murray, el ama de llaves, le había llamado comunicándole el suicidio de la actriz...

Cuando se iban, el sargento preguntó a su superior si sabía exactamente la hora de la muerte. Este se encogió de hombros: ‘ Ni idea’ -dijo y volviéndose dijo al sargento y su ayudante:

‘ ...pues ya pueden irse a casa. Aquí no hay homicidio, ni asesinato, sino suicidio. Autopsia... y nada que investigar’ ...Y no vuelvan por aquí’ ... Sintomático, sabiendo que Clemmons era un investigador minucioso, un profesional contra el crimen y nada más, sobraba allí. No había interés en que se supieran detalles interesantes: allí había un suicidio por sobredosis de ‘ Nembutal’ y nada más, que es lo que se dijo a la prensa las agencias internacionales.

Por cierto el Fiscal General había mantenido días antes una entrevista en Los Ángeles con el jefe de policía. William H. Parker, durante la cual éste se enteró por boca de Bob Kennedy que estaba nombrado para sustituir a Hoover en el puesto de Jefe del FBI. Luego el agradecimiento de los Kennedy a Hoover dejó eso en agua de borrajas.

El Dr. Noguchi, hizo la autopsia oficial de suicidio, pero luego...

La autopsia fue encargada al Dr. Noguchi, quien por esos días era un mero patólogo ayudante, sin experiencia. El juez que se hizo cargo del caso fue Theodore Curpley amigo de Robert Kennedy y el personalmente encargó la autopsia al japonés porque, precisamente, era un desconocido. La autopsia la firmaron él y el médico suplente del Medical Examiner (Jefe de los Forenses). Allí dictaminaron ‘ posible suicidio’ , como causa de la muerte de Marilyn Monroe. Donde decía ‘ suicidio’ , le habían trazado un círculo en rojo, con tinta.

El Dr. Noguchi certificó ‘ probable suicidio’ , pese a que no se pudo encontrar ni un sólo vaso de agua en la habitación para tragar de 27 a 42 comprimidos de ‘ Nembutal’ y de 12 a 23 de Hidrato de Cloral para dormir, que el Dr. Greenson le había recetado. Lo de la falta de agua podía parecer una prueba definitiva... pero no figuraba en la autopsia oficial y no fue inconveniente para considerar la muerte como sobredosis por ingestión de barbitúricos.... Nadie dijo que habrá que investigarlo todo, antes del dictamen pero no estaba Sherlock Holmes a disposición y el sargento Clemmons estaba vetado.

El Dr. Noguchi aclaró después que lo normal era haber encontrado restos de pastillas en el estómago o fragmento de la gelatina de las cápsulas. Añadió luego dijo que los barbitúricos debían haberle sido administrados por vía anal. Una dosis 15 veces superior a la resistencia de un humano. El estómago estaba totalmente vacío.

No había rastros de cristales refractivos en las muestras del contenido gástrico y se examinó el contenido duodenal con microscopio de polarización y tampoco se hallaron. El examen toxológico con muestras de orina, intestinos, estomago... no lo recibió nunca el Dr. Noguchi. El Dr. John Miner quien entrevistó al Dr. Greenson y apoyó su tesis de suicidio al principio, tras hablar con el Dr. Noguchi, se pasó a la tesis del complot para ‘ anular’ a la rebelde actriz.

En todo caso el Dr. Medina estableció: ‘ la mancha anormal del colon debió haber sido examinada. Noguchi y yo estamos convencidos de que uno o varios edemas fueron la vía de la droga mortal o/y del Hidrato de Cloral, con que trataron de dormirle y, le pudieron matar solo con éste. Imposible que la paciente hubiera podido ni aún siendo enfermera autoadministrarse una lavativa mortal.

Según el Dr. John Miner (1985) Marilyn debió recibir una lavativa de hidrato de cloral, que le aplicó en principio quizás Eunice Murray. Pero de estar consciente Marilyn hubiera opuesto una resistencia de un grado tal que el contenido se habría derramado. Pero, las sábanas estaban recién lavadas, y no había manchas de vómitos o líquido intestinal o de lo que deja, inevitablemente, un enfermo en esas condiciones...

¿Había alguien que la había sujetado a la paciente?¿Eran esas las causas de los moratones del cuerpo de la actriz, incluidos los muslos?. Nadie pudo imaginarse cómo se la aplicaron.

En aquella habitación-dijo luego Clemmons a su ayudante-‘ había muchos nervios en el afán de borrar pruebas y en especial por parte de la Sra. Murray que ayudaba al FBI y a la CIA. Pero para el sargento lo que vieron sus ojos era la muestra de un montaje previo descomunal, pero no inteligente. Todo, y por supuesto la sábana que cubría parte del cuerpo olía a recién lavada. Las dos lavadoras que había en la casa han debido funcionar a tope‘ . Su ayudante comentó: ‘ los suelos estaban muy limpios, recién fregados y pulidos, lo cual se ve en las manos muy rojas de la señora Murray, que ha indudablemente ha hecho un buen trabajo.’

hermético se alce majestuoso sobre una injusticia de ese calibre no basta. Mañana será más fácil que tal crimen no vuelva a repetirse impunemente si hoy lo recordamos. El olvido es peor que la propia muerte.

No es la primera vez que se ha comentado que la muerte de Diana de Gales es muy similar a la de Marilyn, tanto en su contenido personal como político y que la conspiración para hacer desaparecer a la princesa la une con idénticos hilos de sangre al complot contra Marilyn. El final suele ser inexorable.


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