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¡Mujeres al poder!

07/03/2015 01:30 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

El 8 de marzo es el día internacional de la mujer, un más que merecido reconociendo a todas las mujeres por su condición de tal, por su labor invaluable dentro de la sociedad mundial. Pero ¿verdaderamente es reconocido su valor y su significativo papel dentro de la sociedad?

 

Si hemos sido capaces de crear vida, de calmar el dolor con una caricia o una palabra; si formamos parte de una sociedad que se sostiene merced al perfecto equilibrio que logramos siendo hijas, madres, esposas, trabajadoras, amas de casa, psicólogas, confidentes, medicas, enfermeras… ¿Cómo aún no se han percatado que para que este mundo realmente haga un giro radical, es necesario que las mujeres den un paso al frente?

Las diferentes sociedades, aun las más evolucionadas, ponen escollos ante el sexo femenino, discriminando a la mujer en su desarrollo laboral, cultural o social. Pocas son quienes han logrado una carrera ascendente empresarial o política y aquellas que lo han logrado, ciertamente  no han transitado por un camino plagado de flores. Muy diferente ha sido su calvario, debiendo enfrentarse a luchas sin cuartel en un mundo machista que continua pretendiendo postergarla y encajarla en el seno del hogar y de las tareas domésticas. Peor aún lo tienen las mujeres que han nacido en sociedades aún más radicales y cerradas donde carecen totalmente de derechos y son consideradas “objetos”.

Los extremos suelen ser malos, existe un término medio para todo que es lo inteligentemente aconsejable, por lo tanto es imprescindible que la sociedad actual rectifique y medite sobre la conveniencia de asignar a la mujer papeles más preponderantes que permitan introducir un “sabor” diferente a las arcaicas recetas preconcebidas desde el comienzo de los tiempos y que únicamente han sido “modernizadas”, pero que mantienen los mismos parámetros ancestrales.

Los altos cargos de gobierno, económicos, sociales, religiosos, culturales, empresariales siguen siendo ocupados principalmente por hombres. Un mundo esencialmente masculinizado que ya ha demostrado su rotundo fracaso. Prueba de ello es comprobar las continuas guerras, la violencia desatada a lo largo y ancho del planeta, la hambruna que estremece a millones de personas en los cinco continentes, el infortunio que sufren millones de niños y seres humanos alejados de lo mínimo indispensable para la vida.

A lo largo de la historia siempre que hablamos de barbaries perpetradas contra la humanidad, todas ellas responden a hombres ambiciosos, codiciosos, barbaros, déspotas, dictadores, que han sembrado la muerte apropiándose cual “semidioses” de la vida de millones de personas inocentes. Hombres que han antepuesto sus propios intereses y ambiciones a los derechos naturales que posee todo ser humano solo por su condición de tal.  Sin embargo, a pesar de haber experimentado todas y cada una de las catástrofes que nos han llevado por tortuosos derroteros, siguen indemnes gobernando el mundo, ajenos al dolor, a la angustia y al salvajismo a la que nos han arrastrado merced a sus oscuros fines.

Existen hombres que aún creen ser “amos y señores” de sus esposas, mujeres, novias, hijas, utilizando con ellas la crueldad y la bestialidad; dominándolas mediante el uso de la violencia ya sea física o psicológica. Ambas son destructivas, ambas dañan la integridad física y moral de quienes son víctimas de ella, pero la física cicatriza, mientras que la psicológica no. Definitivamente el uso de la fuerza física, la violencia, la agresividad por parte de quienes creen equivocadamente ser “machos” es aborrecible. Obedece principalmente a “hombres” plagados de traumas, complejos, frustraciones que sienten en su yo interior ser inferiores y únicamente haciendo gala de su fortaleza física creen ser válidos, cuando en realidad no son más que viles cobardes.

Para que la sociedad cambie radicalmente y la humanidad comience a transitar por un camino más justo, equitativo y próspero lo primero que hay que erradicar es el mal entendido “machismo”. ¿Cómo? Proporcionándole a la mujer el papel que por su condición de “ser humano” le corresponde “equidad de sexo, de oportunidades, de status, social, cultural…” El temor del hombre a ser gobernado o mandado por una mujer muchas veces lo lleva a perpetrar actos detestables y violentos. La inteligencia es un factor que tanto a hombres como a mujeres nos distingue del resto del Reino Animal, por lo tanto es menester que acabe definitivamente la sociedad patriarcal machista, quien considera con su comportamiento e ideales a las mujeres como seres inferiores, incapaces, un concepto lamentablemente muy arraigado en la sociedad.  Este fenómeno ha sido  designado como falocracia y por muy “adornado” que parezca no es más que el predominio que el hombre ejerce sobre la mujer, concretamente en la vida pública. Hasta la fecha la humanidad ha sido participe voluntaria o involuntariamente de la supremacía del hombre sobre la mujer y de las consecuencias de sus actos. Una gestión por cierto no del todo satisfactoria, ¿porque no cambiar entonces…?

Desterrar antiguos y obsoletos conceptos netamente “masculinos” seria el inicio ciertamente de una nueva Era, un futuro quizás más ecuánime y menos arbitrario. Por su naturaleza las mujeres suelen ser más juiciosas, precavidas, sencillas, moderadas, mucho menos cerebrales pero no faltas de inteligencia e ingenio. El papel de la mujer dentro de la sociedad debe ser equivalente al rol masculino, no uno preponderando sobre el otro. Ni machismo ni feminismo, lisa y llanamente hermanados.

Las mujeres representan el futuro de la humanidad, simbolizan la existencia de la vida y son el baluarte que sustenta a la sociedad de todos los tiempos

A lo largo de la historia un sinnúmero de mujeres han dado muestra de su valía, de su tesón, de su idoneidad en diferentes ámbitos. Han sido mujeres que lograron destacar en el ámbito donde se situaban. Cleopatra, Juana de Arco, Ana Bolena, Marie Curie, Mata Hari, Virginia Woolf, Frida Kahlo, María Callas, Edith Piaf, Indira Gandhi, Eva Perón, Grace Kelly, Diana de Gales, Benazir Bhutto, Margaret Thatcher, Sor Juana Inés de la Cruz, Madre Teresa de Calcuta, Maria Antonieta, Rosa Parks, Coco Chanel,  son algunos de los ejemplo de mujeres que han logrado destacar en un mundo de hombres. Heroínas, reinas, periodistas, espías, cantantes, princesas, científicas, religiosas, escritoras, políticas, etc. Todas y cada de una de ellas de forma directa o indirecta debieron “batallar” en una sociedad básica y esencialmente masculina. No obstante ello, cada una de ellas, en su espacio logró sobresalir y hacer historia, aun a costa de enfrentar el fogueo social que las bombardeara con trampas y mezquinos intereses  destinados a su abatimiento. Es la prueba irrefutable de la inquebrantable voluntad y fortaleza que posee el sexo femenino, menos cerebral que el del hombre, pero no menos profundo ni sagaz.

Existen múltiples factores a modificar, patrones ya obsoletos que no hacen otra cosa que enterrar las expectativas femeninas. Muchas mujeres han crecido en sociedades esencialmente orientadas en la supremacía masculina, educadas en cánones de sometimiento y entrega total primero al padre, luego al marido… Estas mujeres son quienes principalmente sufren un lamentable fenómeno que se ha dado a llamar “violencia de Género”. Un tipo de violencia que cobra miles de vida en todo el planeta, una violencia que asesina, maltrata y mutila a mujeres que no osan sublevarse debido a su educación o debido al temor. El miedo las domina y nubla su entendimiento de tal forma que no logran salir de ese círculo pernicioso que acaba conduciéndolas al hospital o al cementerio.

Educar a estas mujeres es un deber de los Estados y un derecho que cada una posee, para acabar definitivamente con el extermino del que son objeto a manos de sus parejas.

El acoso o la violación es otra de las “enfermedades” a las que millones de mujeres se enfrentan a diario. Aquí la educación y el castigo, así como en el caso de la violencia de genero debe ser severo e inflexible. El castigo a los hostigadores, debe ser endurecido,  concienzudo y eficaz para erradicar este cáncer de la sociedad masculina que se cree en condiciones de supremacía y de superioridad  y al mismo tiempo exento de condena. Nadie es propiedad de nadie, y asimilar que los derechos propios acaban donde comienza los ajenos es una realidad que este tipo de individuos debe comenzar a confrontar.

El camino femenino, más allá de la vida familiar a la que opte cada una, debe ser llano y justo. Una trayectoria que le permita desarrollarse tanto profesionalmente como humanamente. La evolución social debe alcanzar a todos por igual en cuanto a derechos y oportunidades, pero no únicamente en teoría, sino que las diferentes organizaciones deben asegurarse que se lleven a la práctica. Salvaguardar los derechos inalienables de TODA la humanidad por igual, sin ningún tipo de discriminación, debe ser la piedra fundamental de un nuevo comienzo. Solo si podremos avanzar y proyectarnos a un futuro más prometedor y venturoso.

El nacimiento de una humanidad mancomunada entre hombres y mujeres que persigan como cometido primordial desarrollar el bienestar de toda la humanidad debe ser el referente de toda la sociedad, para acabar con la injusticia, la pobreza, el abuso, y la represión.

Mientras la codicia, la ambición desmedida, el materialismo, el poder y la avaricia sigan brillando en el horizonte, el futuro seguirá apareciendo oscuro. Resulta imprescindible que las mujeres conquisten puestos relevantes en el gobierno mundial, en las grandes empresas, en los círculos que mueven los hilos de la sociedad actual y de la economía mundial. A lo largo de la historia ha existido el racismo, la discriminación, la supremacía y todos ellos son los canceres que han derivado en exterminio de millones de víctimas inocentes, obedeciendo al capricho de seres intransigentes, despiadados e inhumanos que infravaloraron el verdadero valor de la vida.

Quienes han llegado al poder lo han utilizado para avasallar y someter a las multitudes inescrupulosamente, si mediara la influencia femenina, seguramente muchas de estas catástrofes su hubieran evitado. La humanidad esta sedienta de sosiego, de calma, de paz;  la misma no se lograra mientras  la guerra y la violencia sigan siendo uno de los negocios más productivos de la economía actual. El comercio de armamento de todo tipo, salvaguarda una de las industrias destructivas más avariciosas, que se manejan actualmente. La destrucción de ciudades y de vidas, constituye el comercio más lucrativo, encubierto por loables cruzadas que obedecen a ideales predeterminados y que ocultan mezquinos intereses destinados a enriquecer a quienes cada día lo son más. Lo más triste de todo es que carecen totalmente de escrúpulos y persiguen su fin sin importarle el coste de sus “hazañas”.

El “Día Internacional de la Mujer”, no es el 8 de marzo de cada año, sino que es cada uno de los días que amanece. En toda la geografía universal, existen mujeres anónimas que luchan, que sufren, que persiguen lograr objetivos personales y sociales para sí y para el resto de la humanidad. Es bueno ser reconocidas, pero el verdadero fin es que este reconocimiento sea íntegro e igualitario a todas las mujeres, en todas las sociedades, todos los días del año y no únicamente un mero slogan comercial, político o social. Hechos y no palabras es lo que necesitamos para cambiar el presente y porque TODOS merecemos un futuro más venturoso y prometedor.

 

 


Sobre esta noticia

Autor:
Carolina Martin (101 noticias)
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