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Mujer, un símbolo simétrico para el desarrollo de la nueva guerra cibernética e informativa

21/12/2019 23:42 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

La mujer es utilizada como un símbolo en la tormenta militar y una unidad de acción en la formación ideológica para la guerra y la informática

El Reloj del Tiempo

 

 

*Socialistas y comunistas, utilizan el mismo formato en la explotación de la mujer soldado y periodista, como forma de simbología feminista, fue utilizado recientemente en Bolivia, Ecuador y Argentina, teniendo La Biblia como excusa para una incursión armada y desordenes de calle por la sociedad civil.

 

 

Venezuela, tiene que definir su posición política en el 2020 y valorar que es la Asamblea Nacional, la única que tiene representación jurídica para asumir decisiones políticas que nos lleven a romper con los vetos que la han idiotizado en los últimos tiempos

 

 Ese paso ya se dio. La UE lo dio, también la OEA. La ONU es más compleja porque hay una situación de regulación muy complicada, que implica la capacidad de veto de los grandes, aunque no descarto que dejen solo a Maduro, dada la gravedad de lo que está haciendo. Pero al margen de eso, ya se dio una unánime definición de la comunidad internacional en los organismos regionales más importantes. El segundo paso es entender que en Venezuela hay una crisis humanitaria y para eso hay tratados y convenios internacionales. Yo siempre he dicho que hay que activar el tema de la ayuda humanitaria, desde hace un año, y que no hay que esperar a que salga el régimen porque en la frontera con Colombia y Brasil se vive un drama. Hay que ayudar a Colombia, a Brasil y a diversos países latinoamericanos como Ecuador, Perú, incluso hay que ayudar a España, aunque España no siente tanto el impacto porque las personas que huyen a España en general tienen otra cualidad social o familiar, pues hay una simbiosis España-Venezuela de décadas. A un español que tenga algún familiar en Venezuela no se le puede engañar sobre la situación venezolana.

Tercer elemento clave. Yo no soy partícipe del apoyo militar, pero la comunidad internacional ha admitido la intervención de los estados ante una situación de grave desconocimiento de los derechos fundamentales y humanos, como el caso de Ruanda, donde no intervino la comunidad internacional y vimos como terminó; o cuando hay un estado forajido que atenta contra la seguridad de otros estados. En esos casos, ¿qué ha pasado? Que hay estados que intervienen y después la comunidad internacional reconoce que la intervención fue lícita. El peligro venezolano no es una intervención coordinada por la ONU, pero creo que ese peligro se puede manifestar en una intervención de estados aislados que luego es legitimada.

Todo esta latente, porque el TIAR, viene manifestándose muy lentamente.

Las guerras modernas son sobre todo guerras encubiertas, o se inician como guerras encubiertas, y cuando no consiguen derrocar a los gobiernos considerados enemigos pasan a ser intervenciones armadas directas. La guerra total en cualquier parte del mundo promovida desde la administración Bush ha sido continuada por la administración Obama (Skahill, 2013) con un mayor nivel de sofisticación técnica y eficacia haciéndola a su vez más rentable económicamente al necesitar un menor desplazamiento de soldados. Junto con esta nueva configuración de las intervenciones armadas se ha acrecentado el papel asignado a la propaganda de guerra. No cabe duda de que el desarrollo, la especialización y sofisticación de las corporaciones mediáticas en su compromiso con la expansión de los intereses de las potencias hegemónicas ha ido en aumento. No hay que olvidar que la forma en que se expande el capitalismo desde finales del XIX hasta hoy está indisolublemente unida al desarrollo del capital mediático o este tipo de entramados de empresas que denominamos corporaciones mediáticas. Desde hace años las empresas que reportan más beneficios económicos son las industrias de armas y las relacionadas con los medios de comunicación.

En la propaganda de guerra de la I Guerra Mundial nos dice el profesor Jo Fox (2013) que las mujeres fueron utilizadas como símbolos de víctimas a las que había que defender, amas de casa que esperaban a los héroes y mujeres que se incorporaban al trabajo fuera de casa para apoyar los esfuerzos de la guerra: . Los hombres acudían a la guerra para defender el honor y la forma de vida, para proteger, pues, a sus mujeres y niños, y las mujeres guardaban el hogar al tiempo que se incorporaban a los esfuerzos bélicos en el ámbito de la producción. Fox se ocupa especialmente de analizar el rol de las mujeres ilustrándolo con los carteles publicitarios y no tanto con los discursos generados en otros ámbitos no tan circunscritos a la propaganda de guerra. Sin embargo, ya en la I GM los medios de comunicación de masas formaban parte de un sistema complejo de propaganda que abarcaba los ámbitos de la publicidad, el ocio, la educación y la información.

Tradicionalmente la imagen de la mujer en el capitalismo ha venido asociada a imágenes que estereotipaban el papel que en cada momento se necesitaba potenciar para esta parte de la población. Los valores adscritos al género femenino cumplían y cumplen una función clave en la reproducción del conjunto de los valores hegemónicos que sostienen el capitalismo. De ahí que la propaganda de guerra se ensartara en ese sistema general de representaciones de la vida cotidiana.

En la cultura de masas contemporánea los estereotipos básicos que han predominado serían tres. El crítico de cine Romá Gubern hablaba en 1984 de dos de ellos que respondían a las necesidades sectoriales “de los rectores y gestores de la cultura mosaico masmediática, por un lado, la “Gran Tentadora del hombre”. Un estereotipo que proviene de la cultura judeo-cristiana de carácter patriarcal y que lleva implícita la culpabilidad de la caída o la pérdida de la felicidad. Asociado a este mito estaría el arquetipo de “la casta Susana” que se situaría en el otro extremo del eje representacional mostrando a la mujer sumisa, vulnerable y dependiente. El otro estereotipo básico de la cultura de masas provendría de la producción europea y sería el de la “mujer pérfida, prepotente y castradora”. Según este autor “Entre estos dos polos, entre la mujer ofrecida y deseada (Susana) y la mujer fálica y antagónica (Wanda), se mueven los sueños y ensueños de las fabulaciones fantásmáticas de la cultura de masas, generada por el universo representacional masculino, y que como puede verse jamás ofrecen relaciones democráticas o simétricas.

El papel de la mujer sumisa y vulnerable se despliega en su máxima expresión en las contiendas bélicas pasando a ser la “víctima”. Pero también la mujer pérfida y castradora cumple su papel con la culpabilización de los que renuncian a la guerra o se muestran indecisos.

Junto con ambos estereotipos básicos habría que señalar un tercero que concentraría la imagen de la nueva mujer integrada en la modernidad desempeñando cualquier papel tradicionalmente masculino, en la empresa, en el ámbito político o en el militar. Adquiere así el papel de heroína capaz de desempeñar cualquier rol incluso de forma simultánea, muy alejada de la heroína clásica cuyas actividades se dan en la retaguardia.

Cada una de estas dos coordenadas básicas tendría un conjunto de roles asociados que son explotados por la propaganda de guerra.

La incorporación masiva de la mujer al ejército y el desarrollo de las nuevas formas de guerra en las que los medios de comunicación que constituyen dispositivos fundamentales, inauguran, aparentemente, un nuevo rol para la mujer que antes estaba reservado a los hombres el de “héroe”.  La irrupción de la mujer en el ámbito de la guerra, no como parte de la sociedad civil que la colocaba en el mismo nivel de víctima que los niños o los ancianos, sino en tanto que mujer-soldado, implica una transformación de su imagen mediática, es decir, se transforma su imagen clásica de víctima.

La mujer irrumpe en un espacio hasta este momento reservado a los hombres, es un espacio público, el espacio de la confrontación. Pero en ese nuevo rol, que aparentemente la equipara al masculino, es sólo apariencia, como sostiene Deepa Kumar (2004) en el análisis de la historia de la liberación de la soldado Jessica Lynch en la guerra de Iraq, la narrativa que se construyó a raíz de su liberación en un momento en el que las cosas no iban bien para EEUU permitió convertirla en un símbolo de la actitud civilizada de Occidente hacia las mujeres, justificando el argumento de que EEUU estaba liberando a la población de Iraq. Es decir, la historia sirvió de fundamento al objetivo de la propaganda de guerra.

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Esta historia, junto con la mentira de las incubadoras, en la primera guerra de Iraq (1991) de la que se construyó la imagen de la mujer testigo (la hija del embajador kuwaití en EEUU) se insertan en la doctrina de la guerra por motivos humanitarios y funde el rol de la mujer víctima con el de la mujer heroína.

Efectivamente, el rol fundamental de la mujer en los relatos bélicos clásicos ha sido el de víctimas de forma que el hombre pudiera tener la oportunidad de desarrollar su papel de héroe salvador. Kumar cita a Susan Jeffords (1991) en su análisis de la narrativa acerca de las víctimas en lo que denomina “escenario de protección”, para esta autora habría tres actores en este escenario “la víctima/a proteger”, el “villano” del que hay que protegerla y el “héroe/protector”. Este esquema se puede visualizar nítidamente en la primera guerra de Iraq, también en la guerra contra Afganistán y en la guerra de ocupación de Iraq del 2003. A él habría que añadir el de la mujer instigadora (Linda Grant De Pauw, 1998) que perteneciendo al grupo del hombre que va a la guerra le sirve de inspiración en la lucha o le castiga o le culpa si no va a la guerra.

En estos mitos clásicos subyace la cosificación de la mujer, una representación que sustituye al ser humano y le hace moldeable en función de los intereses en juego. En el nuevo arquetipo, la mujer se convierte aparentemente en sujeto activo. Pasa al espacio de lo público-político en su expresión más extrema, la guerra

 

Para algunos movimientos feministas esta irrupción en el espacio tradicionalmente masculino implicaría un empoderamiento femenino que, junto con su participación efectiva en el campo de batalla, sería un paso hacia su liberación. La realidad, como señala Kumar es que el nuevo rol de las mujeres ocupando puestos de poder en el ejército emerge de la negación de su feminidad (Kumar, 298), y el caso de J. Lynch (víctima/heroína) en tanto construcción mediática y militar al servicio de un objetivo de propaganda, refuerza las nociones patriarcales de feminidad. Además, este tipo de historias son la base de los argumentos proguerra emocionales. La elección de la mujer como heroína sirve también para demostrar la superioridad de la civilización occidental,

Sin embargo, en la nueva concepción de la guerra, como señalé anteriormente, conviven ambos imaginarios. No se abandona el papel de víctima que suministra las razones para la guerra, pero ahora tendrá nombre y apellidos, por ejemplo, el caso de la niña pakistaní Malala Yousafza, o se identifica con un grupo cultural o étnico específico. Frente a la mujer abstracta la mujer árabe o las mujeres de los disidentes en Cuba y Venezuela. Anteriormente las mujeres kosovares víctimas de la limpieza étnica, luego las mujeres afganas y paquistaníes sometidas por los talibanes, las mujeres liderando las llamadas revoluciones árabes, o las madres y esposas cubanas y venezolanas asumiendo la causa de sus maridos.

El formato de las guerras ha cambiado y con él las formas en las que la propaganda utiliza la representación de la mujer. En las llamadas guerras de cuarta generación las corporaciones mediáticas adquieren un papel hegemónico y la “venta” de las acciones de guerra se adapta a los nuevos formatos y los nuevos contextos geográficos. La liberación de la mujer como paradigma de “sujeto-objeto oprimido” junto con el discurso del empoderamiento serán el leitmotiv de las nuevas intervenciones humanitarias. En ambos casos los discursos siguen tributando a la imagen de un Occidente civilizado frente a un mundo colonial bárbaro: liberar a las mujeres y convertirlas en sujetos activos de su propia liberación. En cierta forma las transforma en agentes inconscientes al servicio de intereses ajenos.

Las nuevas intervenciones humanitarias necesitan de un mayor protagonismo del ámbito de intelectuales y artistas que son los replicadores y difusores de las imágenes adecuadas. Para Jean Bricmont, a partir de la guerra de Yugoslavia en 1999 se genera una cohorte de clero secularizado que se pone al servicio de la propaganda de guerra favoreciendo la ingerencia apoyándose en claves morales. Según Bricmont, la propaganda bélica se habría movido en dos direcciones: a) lo que llama el imperialismo humanitario, que se apoya en creer que nuestros “valores universales” (la idea de libertad, democracia) nos obligan a intervenir en cualquier lugar. Sería una especie de deber moral (derecho de injerencia); b) el “relativismo cultural”, que parte de que no hay costumbres buenas o malas. Los valores universales (occidentales) en relación a la “liberación de la mujer” suministrarán las coartadas para las intervenciones en el mundo árabe musulmán. Pero paradójicamente, una vez implantado el gobierno adecuado, será el relativismo cultural el que justifique la vuelta a la Sharia como fuente de derecho en Afganistán y Libia o la promoción de leyes restrictivas para las mujeres en el caso de Túnez con el partido islamista Ennahda en el poder.

También Chomsky en El nuevo humanismo militar. Lecciones de Kosovo analiza que el presidente Clinton justificó los bombardeos de la OTAN a la República Federal de Yugoslavia para detener la limpieza étnica y “devolver la estabilidad a Europa oriental” (Chomsky, 2002) La guerra se vendió para propiciar los valores occidentales de libertad y democracia convirtiéndose, en palabras de Clinton en “una guerra justa y necesaria”. Cyril Capdevielle en su artículo sobre la guerra de la información señala que un documento desclasificado por el Archivo Nacional de Seguridad, daba cuenta de que ya en el 2003 había una estrategia del Pentágono para controlar la información que iba desde la guerra electrónica a la intoxicación masiva de los medios, pasando por la “guerra a Internet” y múltiples operaciones psicológicas.  Un nuevo documento desclasificado del 2006,  volvía a señalar la importancia de las Operaciones de Información que debían ser complementarias de las fuerzas aéreas, terrestres, navales y de las fuerzas especiales.

No cabe duda de que en estas particulares formas de control de la información la representación de la mujer que hicieron los medios en estos conflictos fue una de las claves de la intoxicación informativa, lo cual no quiere decir que no se apoye en elementos de verdad que son la base para la instrumentalización de los estereotipos de género (lo veremos más adelante).

Especialmente en el caso de la guerra contra Afganistán la campaña previa a la intervención fue muy prolífica en imágenes que sintetizaban magistralmente el relato de la necesidad de la intervención humanitaria. Mujeres cubiertas con el burka completo, sentadas y en actitud pasiva, rodeadas por uniformes y hombres armados a los que tampoco se les ve la cara, mujeres cubiertas retratadas por la espalda llevando de la mano a niños, ojos de mujeres enjaulados en la ventana de su burka… todas ellas inundaron los medios, las redes sociales, Internet, artículos académicos convirtiéndose en un grito desesperado hacia las poblaciones occidentales para justificar la intervención. Por un lado, se reafirmaban los valores universales respecto de las mujeres, aparentemente asumidos y defendidos por Occidente frente al mundo musulmán, por otro se suministraban los principales argumentos para apoyar el esfuerzo de guerra.

* Escrito por Emiro Vera Suárez, Profesor en Ciencias Políticas. Orientador Escolar y Filósofo. Especialista en Semántica del Lenguaje jurídico. Escritor. Miembro activo de la Asociación de Escritores del Estado Carabobo. AESCA. Trabajo en los diarios Espectador, Tribuna Popular de Puerto Cabello, y La Calle como coordinador de cultura. ex columnista del Aragüeño

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 


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Emiro Vera Suárez (1417 noticias)
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