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Muestra caso del mayor Guevara crueldad del conflicto colombiano

18/12/2009 10:10 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

El posible "retorno a la libertad" de los restos del mayor Julián Ernesto Guevara, capturado en 1998 por las FARC y muerto en cautiverio en 2006, es un caso que muestra la crueldad del conflicto y la dignidad de las madres en Colombia. Guevara fue capturado en noviembre de 1998, cuando unos mil 500 miembros de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) atacaron un puesto policial en la ciudad de Mitú, en el selvático departamento de Vaupés. La acción dejó 60 uniformados muertos y más de 40 capturados, y representó un capítulo más de la crueldad y la degradación humanitaria que sufre el conflicto armado colombiano, desde su inicio a mediados de la década de 1960. Guevara, un hombre amable, fuerte, hincha del club de futbol Independiente Santa Fe, soportó siete años de cautiverio hasta que el 20 de enero de 2006 su cuerpo no resistió más las inclemencias de su cautiverio y falleció en un campamento guerrillero en la selva. Ahora, desde abril pasado, las FARC anunciaron que entregarán sus restos al tiempo que liberaran al sargento Pablo Moncayo, capturado hace 12 años y al soldado William Calvo, en una operación humanitaria liderada por la Iglesia Católica y la Cruz Roja Internacional. "Las FARC lo dejaron morir sin prestarle la más mínima asistencia médica y humanitaria", afirmó el sargento Jairo Durán, quien cuidó a Guevara en el cautiverio, durante sus últimos días de vida. Durán, quien fue liberado por el ejército en la célebre operación Jaque a mediados de 2008, relató la crueldad, el dolor y la tristeza que acompañaron al mayor en los días previos a su fallecimiento y el amor que profesaba por su hija y por su madre. Y es precisamente ella, la madre, la señora Emperatriz de Guevara, un símbolo de la dignidad y la lucha de las madres colombianas que buscan la libertad de sus hijos. Desde que conoció la muerte del mayor, hace casi cuatro años, esta anciana de aspecto humilde no ha dejado de luchar un minuto por lograr recuperar los restos para poder sepultarlos, y por la libertad de los demás secuestrados que siguen en poder de las FARC. Doña Emperatriz, como la conoce la prensa en Colombia, expresó su perdón a la guerrilla y a las FARC que priorice la entrega de secuestrados vivos, a los cuales éstas esperan cambiar por rebeldes presos, así tenga que esperar por los restos de su hijo. "Hemos esperado tres largos años para que nos devuelvan el cadáver de Julián, entonces creo que podemos seguir esperando si alguien puede tomar ese turno", dijo la madre del fallecido policía. Ahora, cuando "la libertad" de un padre, de un hijo y de un policía están cerca y el dolor por fin puede terminar, esa dignidad es un bastión inquebrantable ante la crueldad que representa la guerra en Colombia.


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