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Sobre la muerte de Osama Bin Laden: un personaje en decadencia

02/05/2011 17:29 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

Hubo tiempos, inmediatamente posteriores a los atentados del 11S, en los que no resultaba extraño encontrar fotografías y camisetas de Bin Laden en los mercados de Oriente Próximo.

Inclusive en lugares más distantes aún, en países musulmanes ajenos al extremismo religioso como Bangladesh, recuerdo haber dado con una carnicería cuyas paredes estaban cubiertas de imágenes del magnate saudí convertido primero en yihadista de la escuela de Peshawar y luego en terrorista global para desgracia del mulá Omar y sus demás anfitriones talibanes.

La lánguida y barbuda silueta de Bin Laden rivalizaba así con la del Che Guevara como símbolo de desafío al poder, de rebeldía, aunque con el Corán bajo el brazo en lugar de las obras de Karl Marx, y el turbante en lugar de la boina.

Para millones de personas era el hombre que había plantado cara a la metrópoli imperial a la que consideraban culpable de profanar los lugares santos de Arabia Saudí, de apoyar a gobernantes despóticos a cambio de petróleo y de sostener la ocupación israelí de los territorios palestinos, incluida Jerusalén.

Un hombre cuya leyenda magnificaba el hecho de que hubiese podido salir con vida del cerco a Tora Bora, y de que nadie pareciese capaz de dar con su paradero. Figura escurridiza a la que se atisbaba en Xijiang, en las regiones tribales de Paquistán o tal vez de regreso en Sudán.

Obama y los hijos de Irak

Pero a diferencia del médico argentino fusilado en Bolivia, la popularidad de Bin Laden resultó efímera. En primer lugar, porque tras los atentados en Madrid y Londres, Al Qaeda pareció centrar sus esfuerzos en matar a otros musulmanes.

Labor a la que se entregaba con minuciosidad día tras día en Irak, llevándose por delante la vida de decenas de inocentes en los mercados, en las calles, en las escuelas de policía, a través de los atentados suicidas.

Una delirante maratón fratricida que terminó cuando los propios suníes del país del Tigris y el Éufrates se dejaron comprar por el general David Petraeus y se enfrentaron a Al Qaeda. Eran los llamados Hijos de Irak.

El segundo golpe a Al Qaeda y a su vaga red de franquicias regionales se lo dio sin dudas Barak Obama con el discurso pronunciado en El Cairo el 4 de junio de 2009. En aquella alocución marcó un punto de inflexión: asumió implícitamente los errores del pasado, desde la invasión de Irak hasta Abu Ghraib y Guantánamo, y tendió la mano al mundo árabe.

El flamante presidente de EEUU estaba convencido de que había llegado la hora de usar el llamado "poder blando" en lugar de confiar sólo en las armas. El hecho de que su padre fuera un keniano lúo musulmán, y de tener como segundo nombre "Hussein", jugaba a su favor.

La ausencia de Al Qaeda

El tercer revés de Bin Laden se comenzó a gestar el 17 de diciembre de 2010, cuando el joven universitario y vendedor ambulante Mohamed_Bouazizi se quemó para protestar porque le policía le había quitado el carro de vegetales con el que se ganaba la vida.

Un acto de desesperación que canalizó la rabia de las gentes del Magreb, que sacó a la superficie sus ansias de libertad y justicia. Algo que quizás hubiese ocurrido antes de no ser por la invasión estadounidense de Irak, pues no fue un movimiento espontáneo sino que llevaba años en silenciosa ebullición.

Tumbó a Ben Alí. Luego a Mubarak. Se expandió a los chiíes oprimidos en Bahrein. Al presidente Saleh de Yemen. Movilizó a las masas en Siria, donde están siendo reprimidas con virulencia por Al Asad. Y generó una guerra civil en Libia, donde, paradójicamente, Gadafi acusa a Al Qaeda de estar detrás de los rebeldes de Bengazi, por lo que debería darle las gracias a EEUU por haber matado a Bin Laden, aunque parece que en esta ocasión no se cumple la famosa máxima: el enemigo de tu enemigo es tu amigo.

Los jóvenes ansiosos de libertad en estos países en ningún momento han aludido al salafismo, al islamismo radical o a Al Qaeda. Y quizás ese fue el verdadero golpe de gracia de Bin Laden, que estaba muerto políticamente antes de que esta mañana los Navy Seals terminaran con su vida en la localidad paquistaní de Abbottabad.

Muchos comprenden que Al Qaeda es una forma de opresión y desprestigio para los árabes tan nefasta como sus propios dictadores. Y, en este sentido, la muerte de Bin Laden se suma en la buena dirección del histórico cambio que vive la región.

Foto: Reuters


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