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Mourinho, Eto'o y Stamford como testigo

19/05/2010 22:42 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

El mundo es un pañuelo. Su dimensión es tan amplia y la vez tan ínfima que situaciones particulares pueden darse sin ser esperadas. Febrero de 2006 fue la fecha en la que el Chelsea –dirigido por Mourinho- había perdido su último partido en Champions, ante el Barcelona. 21 encuentros pasaron de aquella noche donde Messi comenzaba a escribir su historia como futbolista de elite, donde Del Horno ejercía de carnicero sobre la humanidad del frágil argentino y donde Samuel Eto'o sellaba una implacable victoria para el Barça de Rijkaard, el campeón de esa edición.

Cuatro años han pasado de aquel hito y muchos factores han cambiado, aunque otros no tanto. El ferviente público de Stamford Bridge volvió a sentir el sabor de la derrota europea a manos del entrenador que logró convertir al Chelsea en un equipo temido y respetado. Mourinho nunca dejó de lado su particular forma de ser y sus explosivas declaraciones, pero fue el mismo verdugo esta vez vestido de neroazzurro quien enmudeció semejante coliseo del fútbol moderno con otro gol. Fiel a su palabra, The Special One volvió a salir ileso de tierra blue entre sensaciones encontradas, de eterna felicidad y recuerdos imborrables en su mente codiciosa y ganadora. Un mensaje violento y claro para Abramovich y para toda Europa.

El Inter está en cuartos y el Chelsea quedó fuera en octavos. Como si el escenario no sonara raro desde un principio, el multicampeón italiano decidió matizar semejante declaración con una eliminatoria para el recuerdo, planeada a la perfección por un estratega con mil batallas sobre su lomo. Dos encuentros memorables, donde pudimos apreciar la sabiduría y clase de un entrenador que sabe muy bien lo que hace y la mejor versión de este Inter en muchos años. Para algo lo trajo Moratti, el presidente que desde que asumió tiene la orejona entre ceja y ceja. La lección y el corolario fueron brutales, desde el aspecto táctico hasta el rendimiento individual y colectivo y la suma de goles y resultados en ambos encuentros. La pólvora estaba presente hace tiempo, sólo hacía falta que un experto encendiese la mecha.

Alucinamos en el primer choque con el vertiginoso ritmo de un encuentro de idas y vueltas sin respiro. La inclusión de Balotelli con el resultado a favor hizo estallar en éxtasis a los más acérrimos seguidores del entrenador lusitano. En la vuelta, ya desde antes del pitido inicial nos –me incluyo- enamoramos del planteo de Mou al incluir a Sneijder más tres delanteros, incluso sacrificando al cuasi-fundamental Stankovic. Cuando eres especial, sólo puedes contagiar al resto. El artista de los banquillos se llevó consigo todas las miradas, presiones y cuestionamientos para dejarle la conciencia y la mente bien tranquila a sus dirigidos. El resultado fue tan óptimo que un conjunto históricamente negado en tierras europeos mostró una de sus mejores caras del último lustro.

Dio gusto ver a cada uno de los futbolistas al mando de Mou comprometerse al máximo con sus responsabilidades, luchar cada balón, relevar a los compañeros, dejar hasta la última gota de sudor en el campo. La coordinación fue tal que Julio Cesar casi no se vio exigido en el cotejo de esta noche, donde desde Lucio hasta Milito –y destacando especialmente la labor de Sneijder- el conjunto interista nunca quitó la vista de su objetivo. Polémicas aparte generadas tal vez por el espíritu aún presente de aquella semifinal del Iniestazo, la justicia premio al mejor, al más arriesgado y porque no al más inteligente a la hora de plantear una batalla épica de 180 largos minutos.

Y así fue. Mourinho se retiró nuevamente triunfante, cumplió su cometido y declaró ``ser la persona más feliz del mundo´´. Eto'o, vaya si eres indescifrable Samuel, sacó de la galera una definición precisa para conseguir lo que muy pocos hicieron en un campo prohibido como el ubicado en Fulham road. Se guardó los goles para el momento justo, digno de su destino marcado a fuego en los encuentros de vital importancia. Cuando se discutía sobre su titularidad, el camerunés respondió con su idioma preferido, el del gol. Cuatro años después, con Mourinho triunfante y Eto'o presente en los marcadores, lo 'único' que ha cambiado es una simple tendencia. Los octavos de final dejaron de ser el estigma de un grande renacido gracias al toque mágico de un ser diferente, un ser especial llamado José Mourinho.


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Autor:
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Fuente:
baloneuropeo.com
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Tipo:
Reportaje
Licencia:
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