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La General Motors y el Tío Sam

02/06/2009 18:20 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

Continúa la crisis del sector automovilístico: General Motors se declara en bancarrota. Un signo más de que el modelo económico imperante se tambalea y hace aguas por todas partes

A todos los niños les encantan los globos. A mí, que soy un niño que ha crecido torcido o retorcido como todos, me encantan los viajes en globo. ¿Qué ha pasado con los viajes en globo? ¿Por qué no se ha desarrollado esta industria tan festiva? Se imaginan si todos viajáramos al trabajo en globo. Llegaríamos tarde o no llegaríamos. Pero ¿por qué no viajar en globo los fines de semana a la montaña o la playa, con la suegra, con los niños, con el perro, con todo? Si la gente la gente viajara en globo, las ciudades tendrían un aire lúdico y verbenero que haría las delicias de todos los niños, crecidos y no crecidos. Me dirán, con razón, que el globo es un medio de transporte demasiado azaroso como para que prospere en estos tiempos tan globalizados. La industria automovilística atraviesa ahora, sin embargo (al menos en Occidente) su particular purgatorio. General Motors se declara en bancarrota y se echa en brazos del estado. Son muchas las empresas y los bancos que recurren últimamente al estado para que les saquen las castañas del fuego. ¿Se habrá convertido el estado en una ONG para millonarios en horas bajas? Sí, al estado, al estado tan denostado por los neo liberales que ni son liberales, ni son nuevos. A los neoliberales habría que calificarlos de neo imperiales en todo caso, sólo que todavía no sabemos cual es el nuevo imperio que se avecina, ¿será el Imperio Chino? Quizás más que de un imperio, se trate de un emporio. En neo-emporialismo es un imperio o un emporio fantasma. El emporio del doctor No, a quién nunca se le veía la cara. Los jefes de hecho son cada vez más invisibles. Yo, que he trabajado en muchos sitios, trabajé también por un corto espacio de tiempo para una compañía de seguros (de asistencia en carretera) y no podía creer lo que veía o lo que no veía: A los jefes. ¡No los veía! ¡Nunca los vi! ¡Llegué a pensar que trabajaba para el gran hermano! Pero lo que más me asombraba es que no tenía que ser amable con los clientes, tenía que ser taimado. Los empleados no veían a los jefes, los clientes no veían a los empleados; allí nadie veía a nadie. Éramos todos tan invisibles como el dinero globalizado que vuela en un abrir y cerrar de ojos de un lugar para otro. ¡Ah! ¡Los magos de las finanzas que te roban la cartera como por arte de magia…! El emporialismo de ahora es un emporialismo fantasma que se diría que viaja en globo. Las fábricas igual aterrizan en un sitio, que aterrizan en otro; se elevan y se desmantelan con la velocidad del rayo buscando la mano de obra esclava. Esto de que los jefes se hayan vuelto invisibles para sus empleados puede significar un avance, sin embargo. Revela, quizás, cierto sentido del pudor provocado por una mayor conciencia democrática de la gente. Al patrón del siglo XIX no le importaba ser visto por sus empleados que con gran frecuencia trabajaban en condiciones infrahumanas. Su situación les parecía tan natural e irremediable como la mala vida misma que llevaban. Sí que se preocupaban sin embargo del futuro de su empresa, que habían levantado ellos o habían heredado, con frecuencia, y consideraban su patrimonio. No eran unos señores licenciados en económicas u otra cosa, contratados por la junta de accionistas por su supuesta habilidad negociadora, mercantil o de cualquier tipo con brillantes masteres en relaciones in-humanas o en esto y en lo otro y cero en conducta ética, que aterrizan en la corporación o en el banco o en la empresa y al poco tiempo, irónicamente se llevan el dinero del banco o de la empresa (¿A las Islas Caimán?) y dejan con el culo al aire a los accionistas.

¿Por qué quiebran las empresas ahora que solo se busca la ganancia segura y a corto plazo? Pues precisamente por eso, porque los que están al mando buscan su propia ganancia a corto plazo, (a menudo les importa un bledo la ganancia de los accionistas aunque digan otra cosa) y, por supuesto, porque descuidan el capital humano Pero, volviendo al tema concreto que me ocupa y me preocupa, ¿por qué tiene el estado que socorrer a los fabricantes de coches (y subvencionar la compra de automóviles) y no a otras empresas? Son muchas las que quiebran. Hay otros “bienes” (suponiendo que el coche sea un bien que para mí no lo es) más esenciales que el coche, la vivienda, la comida, el vestido, el transporte público. A ser posible con energías limpias. Se argumenta con frecuencia que las energías limpias no son rentables. Pero si las sucias lo son ¿porque quiebran? ¿Hay una relación directa entre las energías sucias o contaminantes y las malas prácticas empresariales? El automóvil responde a una mentalidad ferozmente individualista, agresiva, insolidaria. No es sólo el ecosistema el que está en juego. Aquí se trata más bien de una actitud ante la vida y ante los otros. Un modelo de conducta: El modelo héroe desinteresado (de los que ya no quedan) o el modelo mafioso que se desplaza en deportivo pegando tiros a diestro y siniestro con la señora estupenda a su diestra o a su siniestra (dos cosas que siempre van juntas, hasta en los anuncios. Un anuncio de coche sin señora estupenda no es un anuncio de coche). Sólo falta el fútbol para formar la tríada diabólica que sostiene la imagen sacrosanta del éxito. La señora, el coche y el futbolista arrogante que le hace un corte de mangas (del Corte Inglés) a las cámaras. ¡Ah! ¡Quién pudiera hacerles un corte de mangas ante las cámaras a los futbolistas arrogantes! No hace mucho, estuve unos días en Ámsterdam. Había muchos canales maravillosos, había muchas grullas y algunos cisnes majestuosos en los mismos; había, también, muchas señoras estupendas en el Barrio Rojo. Pero no había coches, no había apenas coches que te irritasen con sus bocinazos y con sus conductores arrogantes al volante. ¡Qué maravilla! ¡Qué ciudad más heroica! Como Venecia que se hunde a causa del cambio climático y los malos humos que lo propician. El ídolo de masas últimamente es siempre un mafioso o un asesino nato. Necesitamos héroes de a pie que trabajen por la salud y el bien del mundo y del planeta, que no son los coches. Que encarnen un modelo de convivencia con la naturaleza y el prójimo y que creen riqueza de verdad. No se crea riqueza con empresas ubicuas que desplazan sus instalaciones a la velocidad del sonido estereofónico, buscando la mano de obra esclava y barata, que esquilman los recursos naturales de los países y los llenan de basura y de deshechos de todo tipo. No se crea riqueza, simplemente se roba la riqueza que ya existe en otros países (mano de obra joven, recursos minerales, etc.) y se arruina a los países. Es el modelo mafioso del neo emporialismo que impera por todas partes. Y que siempre viaja en coche o en avión privado por el mundo globalizado. Y no en globo, por desgracia.

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Autor:
Francis Bullion (17 noticias)
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Opinión
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