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El montaje del golpe a partir de una serie de frustraciones

23/02/2011 13:29 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

23 F, la verdad… o casi toda la verdad (II)

El montaje del golpe a partir de una serie de frustraciones

Una vez recordada la situación política, militar y social, para entender lo que sucedió el 23 de febrero es necesario conocer a sus protagonistas: Milans y su mundo; Tejero y su mundo y Armada y su mundo. Y ver cómo esos tres mundos confluyen.

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En el verano de 1980, el que entonces era jefe de la secretaría general del Rey, Sabino Fernández Campo, mantenía en un despacho de Zarzuela una conversación con otro militar. En su charla le daba a conocer un hecho significativo: “ el Rey se ha caído del burro… Sí, sí, ya se ha dado cuenta de quién es Suárez” . Y pasa a continuación a hacerle la gran revelación: “ La solución es formar un gobierno de concentración nacional, con la presidencia de Armada… Eso está hablado y eso se va a hacer” . Con estas palabras Sabino Fernández Campo convertía en noticia para su compañero lo que en los círculos políticos era un rumor: existía una “ operación Armada” .

Armada, ex tutor del Rey, enemigo de Suárez, ofrece soluciones

Desde meses antes, agarrados al “ giro de timón” que había propuesto Tarradellas, en todos los círculos políticos y periodísticos se especula con ese gobierno de concentración para hacer frente a la crisis general que vive el país. Pero en Lérida un general y un antiguo concejal de Madrid van más allá y llevan meses preparando estudios, muy concretos, para proponerle al Rey salidas a la situación. El concejal es Antonio Cortina, una especie de maquiavelo, un muñidor de políticas en la sombra, lo que después se llamaría un fontanero. El general es Alfonso Armada, en esos momentos gobernador militar de Lérida, pero antiguo preceptor del Rey, del que durante años ha sido su confidente y amigo, y que había salido de Zarzuela tras perder el pulso por el favor de Juan Carlos I con Adolfo Suárez, hacia el que siente una enorme antipatía.

Estos dos hombres, ayudados por otros, se reúnen periódicamente y redactan propuestas que hacen llegar sobre todo a Zarzuela, pero también a figuras políticas de todo el arco parlamentario. Cortina conoce gente de todos los partidos políticos. Pero además, es hermano de un hombre que adquirirá un gran peso en la trama del 23F: José Luis Cortina, jefe de la Agrupación Operativa del CESID, el servicio de espionaje. A lo largo de 1980 estos hombres preparan varios de esos documentos en los que analizan la situación y ofrecen salidas. Alguno se le entrega en mano al Rey. En el verano de 1980 se prepara uno, muy importante, que se entrega a Sabino y este da al monarca, en el que se habla de la necesidad de abrir un paréntesis constitucional y dar paso a un gobierno de todos presidido por un “ militar” que si no estuviera en Madrid, debiera ser destinado pronto en algún puesto de relevancia en la capital. Antes del final de 1980 Armada sabrá que desde Zarzuela se ha logrado su regreso a Madrid: será el segundo jefe de Estado Mayor. En su cabeza el estudio y su nombramiento no dejan lugar a dudas: Zarzuela favorece sus planteamientos. Intensifica entonces sus contactos con Milans del Bosch al que acude a visitar a Valencia.

Milans del Bosch, la tradición golpista

En la familia del general Milans del Bosch hay antecedentes de participación en asonadas. Es una familia por tradición monárquica y conservadora durante cientos de años. El Capitán General de Valencia tiene esos valores profundamente arraigados. Su descontento con la situación es público. Se lo ha dicho a quien ha querido oírle: al Rey, a otros generales… Y en 1980 muchos le animan a que haga algo. Entre otros, gente que conoce y le presenta a Antonio Tejero.

Milans se reúne con otros generales descontentos, como él. Y del resultado de sus conversaciones, del “ ambiente” que hay en el Ejército cuenta a Armada cuando le visita en aquel otoño. “ Me decía – palabras de Armada- tienes que advertirle al Rey de esto y lo otro, que no podemos seguir así… Luego yo, lo que hablábamos, se lo contaba todo al Rey” . Armada sabía del ambiente militar por estas y muchas otras conversaciones con militares. Eran conversaciones que venían a confirmarle lo que pensaba: era necesario un gobierno de concentración para salvar la Monarquía, su verdadera preocupación. Y en las semanas siguientes se convenció de que Milans podía ser el militar alrededor del cual agrupar todos los descontentos y controlarlos antes de que estallaran.

Tejero: la obsesión por acabar con la democracia.

El teniente coronel Antonio Tejero había servido durante años en el País Vasco. Allí había visto cómo eran asesinados muchos otros guardias civiles y militares. El asunto le había perturbado hasta el punto de considerar que el sistema llevaba España al caos y consideraba que la única solución era acabar con los partidos políticos y regresar a un régimen totalitario. La primera expresión de ese sentimiento había sido la fracasada Operación Galaxia, en 1978, de la que había salido con un castigo mínimo. Sin destino, y ya libre, en 1980 no tenía otra ocupación que preparar una gran operación, la toma de Moncloa o el asalto al Congreso, y hablar con sus compañeros, los oficiales de la Guardia Civil que habían servido con él en el País Vasco, y que le adoraban.

Armada no le conocía, pero a través de Milans supo de sus planes. A comienzos de enero la obsesión de Armada y quien está con él es que los militares con un golpe no impidan la solución que está buscando: el gobierno de concentración presidido por él mismo. Armada logra en enero de 1981 que Milans aglomere bajo su mando todos los movimientos de descontentos más peligrosos – los que agrupa Tejero, los de coroneles descontentos que se han reunido en torno a la figura de San Martín, jefe de Estado Mayor de la División Acorazada, y los generales franquistas-, y él pastorea a Milans dándole a entender que todo lo que él, el propio Armada, hace es en nombre del Rey.

Una moción de censura debía ser el verdadero estallido de la Operación Armada

En enero todos los acontecimientos se precipitan. Milans se ve con los militares más descontentos, y como le ha pedido Armada, se hace con su control. Tejero ya tiene maduro el asalto al Congreso, pero Milans le mantiene en espera. Mientras, en el escenario político los contactos menudean. La operación política del gobierno de concentración es conocida por todos los grupos, o al menos por miembros de todos los grupos, y aceptada. El famoso almuerzo de Múgica con Armada en Lérida es el más conocido, pero el general dirctamente, o quienes le ayudan, se ha visto también con Fraga, con algún miembro del PCE, incluso con Tarradellas.., y desde luego con las cabezas de UCD. Lo previsto, de hecho, es que el portavoz del partido en el gobierno, Miguel Herrero de Miñón, declarado enemigo de Suárez, en una sesión parlamentaria a celebrar en febrero o marzo haga viable una nueva moción de censura del PSOE contra Suárez.

Pero el presidente del gobierno ve en el regreso de Armada y ante la situación que vive en su partido, tomarse un fin de semana de reflexión y ver cómo puede hacer para pasar a controlar él de nuevo los acontecimientos… Aunque para hacerlo tenga que presentar su dimisión.

Francisco Medina es director adjunto de ELPLURAL.COM y autor del libro 23F, la verdad


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