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La memoria histórica barre con los nefastos recuerdos de los generales Sanjurjo y Mola, cabezas del alzamiento

12/09/2016 11:10 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

Asociaciones de Recuperación de la Memoria Histórica de todo el país reclaman desde hace años la desaparición del monumento a Mola. Entienden que es contrario a la Ley de la Memoria Histórica al igual que la simbologia de Sanjurjo

El 3 de junio de 1937 la avioneta en la que viajaban el general Mola y otros cuatro tripulantes se estrelló en el alto de un cerro del paraje burgalés conocido como La Brújula. Ninguno de sus ocupantes sobrevivió al fatal impacto. Un accidente que  se dice  cambió el rumbo de España y que dejó a Franco en el primer puesto al frente del bando nacional. Setenta y nueve años después del accidente, son muchos los que siguen manteniendo que se trató de una conspiración del generalísimo, aunque es cierto que aquel día la niebla o la mala suerte pudieron ser las principales causas de un accidente que aún se recuerda en la zona.

Alcocero de Mola debe su nombre al fallecimiento del malogrado general nacional Emilio Mola nacido en Cuba (Placetas, Villa Clara, el 9 de julio 1887). Precisamente, fue el propio Franco quien decidió cambiar el nombre de la localidad poco después del accidente, al tiempo que mandó erigir un megalítico monumento en la zona del accidente para recordar a quien definió en algunas de sus cartas personales como “un leal compañero de filas”, pero no dejó de decir en algunos corrillos militares que mola era un "cabeza dura", que no cumplía con las tareas que se le asignaban y retrasaba los progresos de otros frentes. Los cronistas de esos días le atribuyen otras frases parecidas y como que en el Norte debía haber estado Queipo de Llano.

Un escarpado camino accesible a pie o en coche, si se conoce el terreno, enlaza con el que se presupone como el segundo monumento franquista más importante después del Valle de Los Caídos, en la Comunidad de Madrid. Visible desde el aire, el monumento que Franco encargó para honrar la figura de Mola y los tripulantes de la nave siniestrada destaca por su grandiosidad y singular volumen.

En su construcción, que duraría varios años y comenzó en 1939, trabajaron tambien presos republicanos y todos los vecinos de Alcocero quienes recibían algunos víveres extra o puntos en su cartilla de racionamiento por sus esfuerzos. Pese a la complicada situación de una España herida de muerte por los desastres de la guerra, el recién nombrado Gobierno de Franco no escatimó a la hora de levantar un millonario monumento a Mola, pese a que muchos españoles morían de hambre en las cárceles o en las principales capitales del país. Pero los rumores han durado mucho más que la siempre tacaña generosidad del caudillo.

Cuatro años después del accidente, el monumento de Mola quedó concluido y fue inaugurado por el propio Franco, naturalmente, acompañado por las autoridades del momento. Se abría al público un movimiento del que la prensa del momento destacó sus cinco arcos de medio punto y las cinco cruces que acompañaban a una torre a la que se podía acceder y divisar el escarpado terreno en el que Mola y sus compañeros de viaje perdieron la vida en un viaje que comenzó en Vitoria y que nunca llegó a su destino, Valladolid.

El paso del tiempo no ha hecho desaparecer el gran monumento franquista, que paradójicamente solo puede verse desde las alturas o ‘in situ’, aunque sí que ha cambiado el sentido del mismo. Si en los años 50 este lugar fue objeto de peregrinaciones para honrar la figura de Mola (enterrado primero en Navarra y posteriormente en El Valle de Los Caídos),   la realidad en la actualidad es bien distinta. Se trata de un monumento abandonado a su suerte, saqueado por el paso del tiempo y en el que aparecen símbolos de fuerzas de izquierda con el ánimo de recordar “que Mola fue un asesino”, como puede leerse en varias pintadas.

Asimismo, la torre que Franco mandó construir para acercar a su compañero al cielo es hoy una especie de mirador al que suben algunos vecinos asombrados por la belleza del paisaje. Tampoco las cruces están en su sitio, han sido eliminadas por quienes entienden que monumentos como éste vulneran la Ley de la Memoria Histórica.

La teoría de la conspiración

El accidente en el que perdió la vida Mola desde muchos sectores no comprometidos, de gente enterada del bando republicano o incluso de las fuerzas monárquicas fue una conspiración que Franco preparó minuciosamente para lograr un poder omnímodo y providencial. Quienes sostienen esta teoría recuerdan que el caudillo pasó en pocos años de ser el tercer general en una dudosa línea sucesoria a ser el primero de la misma tras las muertes, primero del general Sanjurjo y después de Mola, ambas en accidentes de avión.

Julio César Rico, periodista burgalés, y conocedor de esta teoría, considera que “los aficionados a las ‘conspiranoias’ hablan de que las muertes de Sanjurjo y de Mola estuvieron instigadas por Franco para eliminar a dos rivales, y al menos la segunda no quedó demostrada, pero sobre la primera el célebre comandante Ansaldo, íntimo de don Juan de Borbón, escribió un libro de  560 páginas en que demuestra claramente que el general Sanjurjo cuando viajaba a Burgos desde Portugal para hacerse cargo del Alzamiento Nacional, fue víctima de un sabotaje y que el "jefe indiscutible" de la revolución contra la república hubiera evitado las fria y cruelmente dirigida y  desarollada guerra civil. Y dos años después levantó este enorme monumento en el que empleó a represaliados políticos, al estilo de tantos otros monumentos franquistas”.

El tiempo parece curarlo todo excepto la muerte. Sanjurjo y Mola han sido eliminados del recuerdo nostálgico de todos sus seguidores

En esta misma línea, algunos historiadores han afirmado que justo el día antes de que Mola perdiese la vida -según el periodista burgalés Julio César Rico- había mantenido una acalorada discusión telefónica con Franco después de que Mola indicase a su interlocutor su intención de abrir una investigación sobre el bombardeo de la Legión Condor sobre la población de Guernica. Pero mucho antes, según Ansaldo desde el momento en que se vieron por primera vez Franco y Mola en la capitanía general de Burgos para coordinar mejor el frente Norte (dirigido por Mola) con el Sur (con Queipo, Franco y otros al frente), se estableció lo que Ansaldo califica de "una Dualidad muy peligrosa" que tenía que romperse por algún lado. El tema Guernica lo había manipulado Franco a su antojo y quería que Mola le echara un capote frente a la prensa internacional. Un asunto que, dicen, encolerizó a Franco, quien temió que esa investigación pudiese enfrentar sus, por entonces, buenas relaciones con Hitler.

Conspiración o no, la prensa del momento, concretamente el semanario ‘Política’ recogió a los pocos días de la muerte de Mola, que éste contaba con el respaldo del Gobierno nazi para desplazar a Franco hasta dejarlo en segundo lugar. “Quizás esa fue la razón por la que Franco se cuidó de construir un monumento que da que pensar; está apartado del pueblo y no se ve desde ningún punto de la carretera, ni siquiera desde la vía secundaria que va desde la N-I hasta Villafranca”, indica Rico.

Conspiración o azar, la muerte de Mola  propició la conquista del norte por parte de los rebeldes y un fulgurante ascenso de Franco, dueño durante los 40 años siguientes del destino y los pasos de España.

Asociaciones de Recuperación de la Memoria Histórica de todo el país reclaman desde hace años la desaparición del monumento a Mola. Entienden que es contrario a la Ley de la Memoria Histórica y que, al igual que otros símbolos franquistas, “suponen un agravio" para la memoria de quienes murieron a consecuencia de las órdenes de Mola durante la Guerra Civil.

Precisamente, el monumento de Alcocero de Mola es uno de los pocos que han seguido en pie desde que se promulgase en 2007 un texto legal que establece medidas en favor de quienes padecieron persecución o violencia durante la Guerra Civil y la Dictadura, y entiende que monumentos o calles que exaltan el Franquismo deben ser eliminados. Casi seis años después de la promulgación de la ley, el monumento sigue en el mismo lugar en el que fue erigido hace algo más de 75 años. Pese a su escasa visibilidad son muchos los que reclaman que sea eliminado para siempre, y con él una leyenda negra.

"No entendemos cómo no se ha hecho antes", proclama el alcalde de Pamplona, Joseba Asirón (EH Bildu), sobre la decisión del ayuntamiento de clausurar el panteón del Monumento a los Caídos y entregar a sus familias los restos de los generales Emilio Mola y José Sanjurjo, protagonistas del golpe militar del 18 de julio de 1936, que acabó con la II República. Un equipo de cinco forenses dirigido por el catedrático de la Universidad del País Vasco Francisco Etxeberria realizará la exhumación de los restos de los dos generales y de otros seis combatientes del bando franquista enterrados en la cripta de ese monumento. La extracción de los cuerpos se llevará a cabo el 16 de noviembre, una vez finalizados los trámites administrativos. Etxeberria, presidente de la sociedad Aranzadi que ha realizado más de 400 exhumaciones relacionadas con la Guerra Civil, estima que será un proceso sencillo que llevará tres días.

El alcalde ha asegurado que el proceso se inició hace varios meses "con la máxima discreción y respeto" con las familias de las personas enterradas en la cripta del recinto y con el Arzobispado de Pamplona. "No se trata de revanchismo, sino de cumplir con la legalidad vigente y hacer justicia con nuestra historia", remarca el alcalde. El Parlamento navarro aprobó en 2013 la ley de reconocimiento y reparación de las víctimas del golpe de 1936, que obliga a la retirada de símbolos, leyendas y menciones franquistas, así como las distinciones y títulos honoríficos. Sin embargo, el panteón central de la cripta mantiene la inscripción "Navarra a Mola" junto al escudo de la comunidad con la cruz laureada de San Fernando, otorgada por Franco por la participación navarra en el bando sublevado.

Emilio Mola Vidal era el general gobernador militar de Navarra en 1936, desde donde dirigió el golpe de Estado del 18 de julio, que desencadenó la Guerra Civil. Desde su despacho de la Capitanía Militar, Mola coordinó a los oficiales que conspiraban contra el gobierno de la II República y los apoyos de grupos políticos como la Falange o el carlismo, que contaba en Navarra con un numeroso grupo armado, los requetés. Mola murió en un accidente de avión un año después del golpe. También en accidente aéreo moría dos días más tarde del 18 de julio el general pamplonés José Sanjurjo. Regresaba de Estoril, en Portugal, donde huyó tras protagonizar una intentona fallida en 1932, y en 1936 era el jefe indiscutido para encabezar el “alzamiento nacional” del 18 de julio.

El Monumento a los Caídos, que cierra la céntrica avenida de Carlos III, fue construido en 1942 para homenajear a los 4.500 voluntarios navarros del bando franquista muertos durante la Guerra Civil. El edificio fue diseñado en estilo neoherreriano por los arquitectos José Yárnoz y Víctor Eusa y tiene una extensión de 2.000 metros cuadrados en forma de cruz griega y coronado por una cúpula visible desde toda la ciudad. Justo bajo la cúpula se encuentra el mausoleo. El recinto se utilizó como iglesia hasta 1997, cuando el Arzobispado de Pamplona lo cedió al Ayuntamiento, con la condición de que no se retirase ningún elemento de forma definitiva. Por ello, en 2003, cuando Navarra aprobó su ley de símbolos, que obligaba a la retirada de simbología franquista, los elementos relacionados con la dictadura fueron tapados con paneles. También se ocultó con una pancarta el frontispicio de 30 metros que rezaba "Navarra a sus muertos en la Cruzada". Sin embargo, la cripta en la que se encuentran los restos de Mola y Sanjurjo mantuvo el culto religioso y la simbología franquista. Culto promovido por la Hermandad de Caballeros Voluntarios de la Cruz, creada después de la Guerra Civil por excombatientes franquistas, principalmente carlistas, y que se mantiene hasta hoy en fechas como el 18 de julio.

 

 


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