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Los buenos modales empiezan en la pantalla chica

02/09/2010 10:00 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

La experta en crianza Jo Frost habla de su trabajo en Superniñera, un ciclo en el que los chicos aprenden y los padres descansan

Basta una palabra para explicar por qué funcionanSuperniñera y todos esos programas de cable destinados a explicar en qué fallamos como padres televidentes. Schadenfreude, ese versátil vocablo que describe (con la síntesis de la que sólo es capaz el alemán) la felicidad propia ante la desgracia ajena.

Entonces, ver cómo cuatro niños se cuelgan de las lámparas y aterrizan en las cabezas de desesperados padres que no duermen desde la noche anterior es sentirse un poco mejor -tirados frente al televisor, e igual de agotados- ante el hecho incontestable de que nuestros vástagos hacen lo mismo, pero tienen la cortesía de pedir disculpas después. Los modales cuentan y bastante si se le presta atención a la creciente cantidad de programas destinados a la crianza de los niños que comenzaron a aparecer en el cable local, la mayoría de ellos en Discovery Home & Health, nuevo cuartel general de los gurúes -de encanto diverso y sensatez variable- que prometen convertir la crianza de los hijos en un plan ejecutable en tan sólo una hora semanal.

La procedencia exclusivamente anglosajona de estos ciclos, con énfasis en los "tiempos afuera" y la planificación de la rutina diaria de los chicos, marca fácilmente las diferencias culturales con el público local, pero la reacción del televidente a los cuadros positivamente dantescos que encuentran especialistas televisivos como Jo Frost -la Superniñera del programa homónimo- cuando llega a la casa del torturado padre de turno es universal: "¿Y ahora qué hago?".

Es fácil, dice Frost, en diálogo telefónico con LA NACION. "Lo primero que hay que hacer es tener en claro cómo querés criar a tus hijos y explicárselo a ellos. Y ser consecuente con esas ideas. El error más frecuente que veo en los padres es la inconsistencia: decirles una cosa el lunes y la contraria el miércoles", explica, y remata con una máxima del ciclo: "Cuando uno está haciendo las cosas mal, sus hijos se lo demostrarán".

Por todo el énfasis en la disciplina ("no es algo negativo; es algo crucial para su desarrollo", repite una y otra vez en la pantalla, y algo de eso hay: los chicos les sacan la lengua a los padres todo el tiempo, pero no a ella) que se despliega en el programa, con cuadros de horarios, "silla del niño travieso" y otros conceptos tan sencillos como televisivos, Frost confiesa que sus más de veinte años de carrera comenzaron como un producto del azar. "Estudié e hice de todo: niñera a largo plazo, por pocas semanas, a cargo de chicos, responsable de viajar con ellos a otros países por largos períodos. Esas experiencias me llevaron a pensar cómo explicarles a distintos tipos de padres, en un momento muy vulnerable, muy emotivo de sus vidas, que tienen alguien en quien confiar y que todo tiene solución."

Su infancia -explica- lejos de los ecos de Mary Poppins que destila el personaje, fue más bien "desprolija". "Mis padres eran muy jóvenes y trabajan juntos y eran muy divertidos", dice Frost, como dejando que del otro lado de la línea imaginen cuánto. "Fanática" del artista plástico Fabián Pérez -"también un gran hombre de familia", amplía-, la puericultora, como prefiere definirse, no extiende su amor al medio que la consagró en todo el mundo. "La TV, cuando es un entretenimiento, ayuda a que la familia se reúna. Pero es problemática cuando se transforma en un modo de que el chico coma o se distraiga. No recomiendo más de media hora para los más chicos y una hora para los más grandes."

Ese estilo que es cruza de "salvavidas pedagógico" con Terminator se beneficia de esa imagen legada por la literatura y el cine de que las niñeras inglesas son imbatibles e irreductibles (y también, históricamente, un accesorio de lujo, véase Miss Mary ). Ciertamente es un imán, como cualquier convención, para la pantalla chica: Supernanny llega a las casas de los protagonistas de cada capítulo en un tradicional taxi londinense, mientras que su rival y compañera de canal, Niñera SOS, hace arribar a sus especialistas vestidas con capelina, paraguas y capa copiada al milímetro de Nanny McPhee-La nana mágica . Pero, como todo preconcepto cultural, lo estricto es relativo: en la versión brasileña del exitoso ciclo de Channel 4 -hay más de dos decenas en el mundo- la superniñera es una argentina, Cris Poli.

Chicos hay en todas partes

No se agota en severas niñeras inglesas el entusiasmo del cable por enseñarnos a enseñar a nuestros hijos. En Adolescentes rebeldes, por ejemplo, los inmanejables jóvenes británicos del título sufren un caso extremo del mentado "choque de civilizaciones" al ser enviados a vivir con familias de culturas menos proclives a dejarles cerrar la puerta de su cuarto o a chatear con sus amigos por horas.

El resultado es una versión alucinada de Un cuento de Navidad, en que los díscolos retoños vuelven al hogar progre después de tener que hacer sus camas o ayudar en el negocio familiar con un alivio que -es televisión, después de todo- sólo les durará el tiempo que les lleve olvidar la "inflexible" disciplina que experimentaron en las casas en Jaipur (India) o Alabama (Estados Unidos ).

Qué decir, entonces, de las lecciones que entrega lo que probablemente sea el reality show más extraño (y es decir mucho) en este momento en el cable: No sabía que estaba embarazada. Lo que allí ocurre es exactamente ni más ni menos que lo que explica su título. A medio camino entre el cuento de terror en el fogón y la leyenda urbana circulante por Internet, las historias (dramatizadas y narradas por sus propias protagonistas) cuentan cómo descubrieron que esperaban un hijo... cuando empezaron el trabajo de parto. Y sí, incluye explicación médica de cómo lo que vemos pudo ocurrir. Aunque no hay garantía de que el espectador lo crea posible.

La oferta no estaría completa si no contáramos con la pata local, en este caso a cargo de Utilísima, que tiene dos ciclos dedicados a los niños. Ni Mi bebé, conducido por Bettina O´Connell, ni el traumáticamente titulado Mi hijo no come, con Pía Slapka, tienen más pretensiones de innovación y entretenimiento que ser herederos del clásico magazine con consejos de especialistas ( La salud de nuestros hijos, por caso) que antes podía encontrarse en la TV abierta, y que da cuenta de que, a pesar de los cambios en las teorías de la crianza y enseñanza, la pantalla chica persiste en la tradición.

Por Dolores Graña

De la Redacción de LA NACION


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