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El misterio de la calavera de cristal maya.Y el origen de las otras calaveras: ficción, mito o realidad (I)

03/01/2011 12:56 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

Las varias calaveras de cristal que adornan museos europeos suscitan curiosidad y no solo de los arqueólogos. Aquí la historia de esos objetos, el examen de los especialistas y un interrogante no resuelto

El "Cráneo del Destino" es el nombre de la calavera de cristal más famosa entre las que se han encontrado en diversos puntos del continente americano. Fue hallado en el año 1924 por el equipo arqueológico de Frederick A. Mitchell-Hedges, oficialmente, en Lubaantun, entre las ruinas de un templo maya de Honduras británica (hoy Belize).

Se trata de un llamativo objeto de cristal que pesa bastante poco, y que tiene la particularidad -aparte de poseer una extraordinaria terminación- de que su mandíbula está separada pero articulada.

En los años veinte llegaba a la selva tropical de Belize, en América Central, el famoso explorador inglés Frederick A. Mitchell. Hedges, acompañado de su hija adoptiva Anna, de su secretaria Jane Houlson, el médico y experto en cultura maya doctor Thomas Gann, el representante del Museo Británico capitán Joyce y el representante de los financieros de la expedición Richmond Brown. El arqueólogo-jefe, Hedges, dirigía los estudios preliminares de un gran proyecto para localizar el origen de la Atlántida.

Tras la cruenta guerra europea (1914-18), muchos altos oficiales británicos habían abrazado el oficio de arqueólogo y estaban por todos los rincones del mundo -de Egipto a Centroamérica pasando por Mesopotamia o Mongolia- examinando restos de culturas antiguas, patrocinados por decenas de sociedades culturales y filantrópicas... Muchos de ellos más bien buscaban petróleo, minerales, oro... o la forma de infiltrarse en los poderes fácticos de los monarcas ‘ natives’ . Pero en fin.

Aunque hay varias calaveras, sobre todo en museos europeos, la primera, más genuina y conocida, es ésta de Mitchell Hedges. De hecho quien la halló por azar fue su hija Anna el día de su 17 cumpleaños. Lo contaremos con detalle.

Por aquel entonces, la pequeña Anna, era apenas una adolescente inquieta, y un día memorable se produjo el gran descubrimiento de su vida mientras escarbaba con sus compañeros y varios indígenas mayas entre ruinas y escombros: "Durante varios días estuvimos viendo algo extraño y brillante entre las piedras del fondo del sitio en que trabajábamos, sobre todo cuando recibía los reflejos del sol -recordó después Anna Mitchell-Hedges- y no descansamos hasta acceder a aquel lugar.

Fui yo misma quien rescató aquel objeto del suelo, bajo un altar en ruinas... Mis manos eran más pequeñas que las de los demás y cabían entre los huecos de las piedras. Y se lo enseñé a mi padre. Él se resistía a creer en el descubrimiento de aquello que parecía un cráneo o... una calavera humana esculpida en cuarzo’ .

Frederick Mitchell-Hedges era toda una celebridad en los años veinte, como erudito en historia y arqueología... Banquero reconvertido en aventurero polifacético, ambicioso e inteligente permaneció durante años en diferentes lugares de Norte y Sudamérica.

Durante una expedición en las selvas centroamericanas, entre ruinas de templos mayas, su equipo encontró la extraña calavera de cristal de que hablamos en esta página. Había desempeñado los más variados oficios: desde cow-boy a jugador profesional, pasando por revolucionario a las órdenes de Pancho Villa y por fin naturalmente arqueólogo. Había frecuentado los ambientes más contradictorios, desde locales de exploradores hasta clubes nocturnos o de millonarios.

Pero en los círculos del Museo Británico hoy es famoso por la calavera de cristal, ‘ tallada por los mayas’ .

Al poco tiempo de llegar a la zona conocida como Punta Gorda, el explorador inglés comenzó sus trabajos preliminares. Tras luchar contra las inclemencias de la jungla y del clima (y enfermedades) tropicales, y después de varios meses de trabajo infatigable con ayuda de empleados nativos, Mitchell-Hedges encontró una gran plaza de piedra, varias pirámides, casas y cámaras subterráneas pertenecientes a un complejo arquitectónico que bautizó con el nombre de Lubaantun (que significa algo así como "Ciudad de las Piedras Caídas"). Despejar el lugar de vegetación llevó varios meses.

El descubrimiento de la calavera por su hija Anna entusiasmó a Mitchell-Hedges, quien decía estar más convencido que nunca que aquella ciudad había pertenecido a la legendaria Atlántida, lo que motivó que sus admirados patrocinadores le proveyeran de fondos para continuar las excavaciones durante siete años más.

El "Cráneo del Destino" es una calavera de cristal de roca a tamaño natural, de cinco kilos de peso, esculpida en una sola pieza. La perfección absoluta de su tallado y su pulido único, la exactitud de sus detalles y su mandíbula articulada -que se encontró después-la convierten en una réplica exacta de un cráneo humano, pero el origen de su fabricación, al parecer de siglos, se constituyó en un auténtico misterio.

Un regalo histórico para Anna, que cambió su vida

Como hija del explorador, el cráneo de cristal terminó siendo un regalo de cumpleaños para ella. Anna Mitchell-Hedges como su dueña legítima, fue quien desde entonces viajaba sola de país en país para exponerla, hacerla estudiar y dictar charlas en centros de estudios arqueológicos. La perfección técnica en el diseño y elaboración de esta calavera fascinaba a una verdadera legión de investigadores de numerosas disciplinas.

Personas de distintas corrientes esotéricas le atribuyeron pronto poderes sobrenaturales que perduraron con los años y le rodearon de un aura de magia y leyenda, lo cual produjo una impresionante multiplicación de las calaveras de cristal que fueron apareciendo en manos de personas de todo el mundo.

La fabricación del "Cráneo del Destino" atribuida a artesanos mayas está rodeada sin embargo de todo tipo de dudas y afirmaciones que hace de ella una rareza técnica.

Realizado en cristal de cuarzo, este cráneo alcanza una dureza en la escala de Mohs de 7 sobre un máximo de 10, lo que significa que sólo pudo ser cortado y pulido con esa precisión con herramientas muy duras, como el corindón (rubí) o el diamante.

A pesar de las dudas, la hija de Hedges nunca autorizó ningún otro estudio científico de la calavera, con lo que tampoco existe ningún estudio comparativo. Sobre la historia de su hallazgo, Anna jamás confesó que todo había sido un montaje de su padre, lo cual es lo único claro en tanto misterio. Auténtica o no, la calavera de los 17 años de Anna no fue una compra sino un hallazgo casual.

La diatriba en torno a las calaveras se basa en que fueron talladas en cristal de cuarzo y este no existía en Centroamérica ¿Dónde se hizo un trabajo de suprema perfección?

Ha sido sometido a diferentes análisis, pero quizás el más conocido de todos ellos fue el realizado a principios de los años 70 por la compañía norteamericana Hewlett-Packard. Fue precisamente el mejor especialista, restaurador y conservador norteamericano Frank Dorland quien se encargó de esa misión. Realizó toda clase de pruebas químicas y de microscopio. Los resultados de esta investigación desconcertaron a la comunidad científica. Sus conclusiones eran rotundas: el tallado de ese cráneo debió llevar por lo menos 300 años de trabajo manual.

Era el único modo de cortar y pulir ese objeto con las herramientas de que disponían los mayas. No se halló ni una sola prueba que pudiera confirmar la utilización de elementos metálicos en el proceso de tallado del cráneo y es muy difícil establecer una fecha para su elaboración.

Aunque un poco al tun-tun la situaron entre el 1.300 y 1.400 de nuestra era.

El pueblo maya tiene monumentos y arte que desde luego superan a las calaveras

Se cree que esta calavera forma parte de una colección de trece, de las que actualmente se habrían encontrado tres; la de Hedges, otra expuesta en el museo británico y una tercera expuesta en un museo francés. Las calaveras según algunos tendrían un origen atlante o extraterrestre, y -se supone- que alguien se las entregó a los antiguos mayas.

Los nativos mayas que acompañaban a Mitchell-Hedges en Lubaantum siempre aseguraron que el "Cráneo del Destino" tenía más de 36.000 años de antigüedad.

El antropólogo Morant realizó un estudio comparativo de las calaveras, llegando a conclusiones que no son compartidas por otros estudiosos. Morant dejó constancia de que eran similares en muchos detalles anatómicos, llegando a afirmar que, por su forma, las demás habían sido modeladas sobre la Calavera de una mujer, que eran representaciones de un mismo rito.

Otros historiadores y científicos creen que el cráneo fue cortado de un pedazo entero de cristal de roca brasileño por un lapidario de Europa, posiblemente alemán, y después vendido a los coleccionistas como reliquia de la antigua civilización azteca de México.

En Cardiff el profesor Ian Freestone de la Universidad de Gales, jefe de investigación científica del Museo Británico en Londres, opinó: "No estamos absolutamente seguros que haya una cantera de roca en México que pueda producir un cristal de roca de este tamaño. Hay sólidas evidencias circunstanciales de que el cuarzo procede del Brasil... Los cristales genuinos de roca azteca, tienen un pulido mucho más suave. Esta lo tiene áspero, el pulido se parece al que se consigue con un equipo moderno".

Algunos científicos tenían la impresión de que el pulido del cráneo fue conseguido con la misma resina flexible usada por los dentistas para tomar impresiones exactas de dientes. Esto lo reveló los diminutos rasguños y marcas rotatorias alrededor de los huecos oculares, de los dientes y del cráneo, lo que era una evidencia de que la escultura había sido cortada y pulida con un instrumento rotatorio, que al parecer no poseían los mesoamericanos. La conclusión con todas las evidencias reunidas sugería que la confección de las calaveras era más reciente de lo que se dijo al principio.

El profesor galés Freestone terminó su dictamen así: ‘ Para mí las evidencias del caso está de forma aplastante en contra de que sean piezas muy antiguas, de origen azteca’ .

El mejor experto del museo de Viena examina la calavera de Hedges, como un árbitro

En vista de tanta controversia se llamó al Dr. Distelberger el máximo experto del museo de Viena para que estudiara la época en que se pulió la calavera lo cual era el quiz de la cuestión. La pregunta concreta se establecía así: ¿Qué método y qué instrumental pudo haber sido empleado por los mayas (si ese era el caso) para trabajar tan maravillosamente el cristal de cuarzo?.

El Dr. Rudolf Distelberger, tuvo ocasión de estudiar la calavera, llegando a unas conclusiones muy diferentes. Para Distelberger, dicho objeto no es obra de los mayas, tiene solo unas décadas, o tal vez pocos siglos. Y se fabricó en Europa.

Justifica su explicación y examinando la técnica de pulimentado y la configuración artística del cráneo. ‘ Al analizar el cráneo de cristal de roca, he podido detectar nítidamente huellas de ruedas de pulimentación’ confesó el Dr. Distelberger en una conferencia del museo de Viena. En su opinión ello prueba que los autores no fueron desde luego americanos antiguos o mayas puesto que no conocían la rueda en sentido estricto y probablemente tampoco debieron poseer las ruedas de pulimentado.

Según el Dr. Distelberger el ‘ cráneo maya’ o la ‘ Cabeza azteca’ descubierto el siglo antepasado en México sólo puede ser atribuible a artistas europeos. Sin embargo, confesó con admiración que la destreza manual con la que fue elaborada la calavera del arqueólogo Hedges supera en mucho el nivel profesional de los más destacados artistas florentinos de la Edad Media. Distelberger también admitió que caso que las varias calaveras que se han encontrado no pueden tener sino origen europeo. Y es extraño que en Europa no exista ningún ejemplar de calavera o de otro objeto similar de parecidas características prescindiendo, de una creación artística en miniatura que se conserva en el museo Louvre de París.

Tras la autorizada opinión del Dr. Distelberger es más fácil catalogar el origen europeo de la calavera maya. Y aunque cueste creerlo, hasta se ha encontrado un esqueleto completo tallado en piedra.

¿Bonita la historia? Pues ahora viene la otra. De las informaciones que hemos dado, ¿cuál es mito, cuál realidad, cual falsificación?. La historia de la calavera no es tal sino mito, por ahora... Hay acusaciones, no del todo transparentes de algunos curadores de los museos, en el sentido que el explorador Mitchell Hedges habría comprado la calavera en una subasta en Sotheby’ s en 1943.

Así lo afirmaron varios testigos y unos documentos del Museo Británico, que también-se dijo-había pujado por esa pieza. Pero si los británicos adquirieron su calavera del joyero Tiffany´s, medio siglo antes tales acusaciones serían falsas, y eso es una certeza. Y el estricto Museo Británico, las exhibe como un tesoro original, que le procura decenas de miles de visitantes al año.

Los silencios de Tiffani´s el joyero del siglo antepasado que pasó su calavera al Museo Británico los certificaremos en el segundo capítulo de esta página.

Continúa reportaje "Luces y sombras sobre las calaveras de cristal"


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