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¿Quiénes son los que a sí mismos se hacen llamar palestinos?

14/06/2011 09:18 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

Desde un punto de vista estrictamente histórico solamente se puede deducir una cosa: no puede existir ningún pueblo en Oriente Próximo que se haga llamar a sí mismo simplemente palestino

Cuando allá por el año 135 de nuestra era, el emperador de Roma, Adriano, entró en la ciudad santa de Jerusalén con el fin de sofocar definitivamente la rebelión iniciada por Bar Kojba, destruyó la ciudad al completo dando así por concluido el trabajo que años atrás el general Tito había dejado a medias; ordenó la expulsión de todos los judíos y la construcción de un Templo dedicado a Júpiter, aprovechando tales circunstancias para cambiar el nombre de Jerusalén por el de Aelia Capitolina y el de la provincia romana de Judea y Samaria por el de Sirio-Palestina.

¿Por qué Adriano escogió ese nombre?, la respuesta es sencilla: Adriano, no solamente quería acabar con los rebeldes judíos sino que, en su intención, deseaba terminar con todo vestigio que recordara a aquellos que habían habitado secularmente Jerusalén y no se le ocurrió mejor idea que utilizar el nombre del extinto pueblo filisteo -enemigo inmemorial de los judíos-, para darle un nuevo nombre a esa provincia. Solamente por eso, por hacer mayor aún el escarnio de aquellos que expulsaba de Jerusalén -que no de toda Judea-, utilizó el nombre de Palestina o tierra de philisteos. No se debe de obviar que Adriano era tan cultivado intelectualmente como cruel en sus decisiones ¡sabía muy bien lo que hacía!

En el transcurso de la historia, ese territorio ha estado ocupado por distintas razas y culturas. Ha sido invadido por los persas, los egipcio-ptolemáicos, los sirio-macedonios, los romanos -primero y bizantinos, después-, los musulmanes, los cristianos europeos, los otomanos y, por fin, los británicos ¿cuándo un pueblo llamado palestino se rebeló contra sus invasores tal y como hicieron judíos y árabes? ¡Nunca! Y eso es así porque nunca existió. Y no ha existido, en el transcurrir de todos esos siglos, ya que, en todo caso, eran judíos o árabes.

Durante la I Guerra Mundial, la Gran guerra, los otomanos son expulsados -con ayuda de judíos y de distintas tribus árabes-, del territorio que ocupaban y las dos grandes potencias, Francia y Gran Bretaña, toman posesión con el beneplácito de la Sociedad de las Naciones, como protectoras y administradoras de ese vasto territorio reconquistado. Ciertamente en esa época no existían las delimitaciones fronterizas que se conocen en la actualidad y entre ambas potencias aliadas, y ahora ocupantes, se reparten el terreno con rigor pseudo-histórico. Francia se queda la zona norte, la más cercana al antiguo imperio otomano, y Gran Bretaña, la Sur por su cercanía con el Alto Comisionado de Egipto.

La zona que correspondió a los franceses se dividió en lo que hoy conocemos como el Líbano y Siria; la que correspondió a los británicos en Palestina-Transjordania e Irak. Ese reparto tampoco es baladí. Lo hicieron intentando respetar, poco más o menos, los territorios históricos, la cultura de sus habitantes y, sobre todo, los pueblos que los habitaban, pero lo que más se tuvo en cuenta fue la recompensa a aquellas tribus que habían participado en la Rebelión Árabe, que siguiendo las instrucciones de Hussein, el jerife de La Meca, se habían rebelado contra los turcos en la creencia de que británicos y franceses mantendrían la promesa que originó tal rebelión: la creación de un Gran Reino Árabe Islámico. Pero no fue así.

Terminada la guerra, la política de la época obligó a dejar atrás la promesa que, por medio de su agente Thomas Edward Lawrence, más conocido como Lawrence de Arabia, les habían hecho tiempo atrás a los árabes. Los acuerdos secretos de Sukes-Pikot de 1916 caen en saco roto pero no así la Declaración Balfour, de 1917, que otorgaba a los judíos el derecho a la creación de un “Hogar Judío” en territorio palestino. La suerte estaba echada.

Hasta aquí, y de forma muy sintetizada, los hechos históricos que hacen mención al territorio y a los pueblos que los habitaban. Palestina se nombra pues existía como territorio, pero ¿cuándo se ha nombrado al pueblo palestino? ¡Nunca! No existía ni como tal pueblo, ni como tal tribu. Ni entonces, ni ahora. En todo caso, vale la pena insistir sin apasionamientos, los habitantes de Palestina, o eran árabes o eran judíos.

Una vez terminada la Gran Guerra, es cuando los franceses y británicos establecen las fronteras de lo que han de ser sus Mandatos, esta vez bajo resolución de la Sociedad de las Naciones fruto de los Tratados de San Remo y Sèvres de 1920. Francia expulsa de Damasco al emir árabe Faisal, el cual huye hacia el Mandato británico de Mesopotamia y se refugia en lo que hoy en día se conoce como Irak; divide Siria en distintas provincias siendo una de ellas lo que hoy se conoce como El Líbano otorgándole un alto grado de autonomía. A su vez Gran Bretaña divide su Mandato en Palestina entre lo que hoy es Israel y Jordania, y el Mandato de Mesopotamia, en lo que conocemos hoy como Irak.

Durante el tiempo de entreguerras Gran Bretaña concedió autonomía al emir de Transjordania y reconoció el reino de Arabia Saudí; El Líbano proclamó su independencia en 1941 si bien, ésta, no fue formalmente reconocida hasta dos años más tarde.

La Declaración Balfour, de 1917, otorgaba a los judíos el derecho a la creación de un “Hogar Judío” en territorio palestino

El día 14 de mayo de 1948 concluía el Mandato Británico de Palestina. En esa fecha, la ONU –heredera de la Sociedad de Naciones-, tenía prevista la división del territorio en dos Estados: uno árabe (que no palestino) y otro judío, sin embargo los árabes no aceptaban tal repartición y rechazaban tener a los judíos por vecinos e incluso reconocer la existencia de su propio Estado. Dadas así las cosas y haciendo uso de las condiciones de la Declaración Balfour, ese mismo día, horas antes de que expirase el Mandato británico, los judíos proclamaron la independencia del Estado de Israel. Al día siguiente Egipto, Siria, Transjordania, Líbano, Irak, Arabia Saudí, Yemen, el Santo Ejército, el Ejército Árabe de Liberación y los Hermanos Musulmanes declaran la guerra al incipiente Estado judío.

Como consecuencia de la guerra, Transjordania ocupó Judea y Samaria dándole el nuevo nombre de Cisjordania y Egipto hizo otro tanto con la Franja de Gaza. En 1949 se firmaba el armisticio que daba fin a las hostilidades. Como ya se ha dicho en anteriores párrafos los habitantes de Palestina eran judíos o árabes, como resultado de las ocupaciones nuevos árabes vinieron a ocupar Cisjordania y, los egipcios, la Franja de Gaza. En ambos casos se ordenó la expulsión o aniquilación de los judíos en los territorios ocupados. Las leyes de ocupación no reconocían la existencia del Estado de Israel y condenaba a muerte a los árabes que colaborasen o hiciesen cualquier tipo de negocio con los israelíes.

En 1967, Siria, Jordania, Egipto e Irak declaran, de nuevo, la guerra a Israel. A esta guerra se le dio el nombre de Guerra de los Seis Días ya que las hostilidades dieron comienzo el día 5 de junio y finalizaron el 10 del mismo mes, ambos inclusive. Como consecuencia de la misma, Israel se apoderó de los altos del Golán, Cisjordania, la Franja de Gaza y la Península del Sinaí haciendo de ella una de las mayores, más rápidas y más brillantes victorias jamás conseguidas por un ejército moderno en tantos frentes distintos y, territorialmente, rodeados.

Visto lo que antecede los habitantes de estas zonas recuperadas o conquistadas ¿eran palestinos? No, eran árabes, sirios o egipcios según sea el caso. Bien, se cierra el círculo. ¿Cuándo nace, pues, el concepto de pueblo palestino?

Es a partir de esta guerra, cuando los ocupantes pasan a ser los ocupados, y cuando se desata una campaña internacional orquestada por un supuesto pueblo palestino y la nación que les impedían tener los israelíes. Eso es una falsedad que no puede quedar impune pues fueron los propios árabes quienes rehusaron, en 1948, aceptar la creación de un Estado Árabe palestino. No así los judíos que sí deseaban tener su propio Estado, su Hogar añorado y querido durante tantos siglos, a pesar de la beligerancia manifiesta y de la hostilidad de sus vecinos.

Dio comienzo entonces una crítica internacional por parte de intelectuales, generalmente de izquierda, por las muchas resoluciones de Naciones Unidas qué, contrarias a los intereses de Israel, éste se negaba a cumplir. Dicha respuesta internacional ha desembocado, con el correr de los años, en la idealización y justificación incondicional de las acciones de los enemigos de Israel, incluidas las terroristas, auspiciando, a su vez, el nacimiento de una nueva judeofobia y un nuevo antisemitismo, en esta ocasión de ideología izquierdista, teniendo como objetivo el Estado judío.

Tras la firma de los acuerdos de Camp David Israel devolvió a Egipto la Península del Sinaí, dio la nacionalidad israelí a los habitantes de los Altos del Golán y de Cisjordania y, posteriormente, con los acuerdos de Oslo, los israelíes retiraron a sus fuerzas militares de Cisjordania y de la Franja de Gaza cediendo la administración de las mismas a la Autoridad Palestina. ¿Qué hicieron los árabes a cambio? La respuesta es obvia y no merece la pena dejarla por escrito.

En Israel coexisten ambas comunidades la judía y la árabe israelí. En los hospitales no se cuestionan si los pacientes son judíos o árabe israelíes; en las escuelas, tampoco se lo cuestionan. Hay miembros en el Kneset -el Parlamento de la Nación-, de condición árabe israelí; también los hay que son magistrados en los Tribunales e, incluso, en las IDF, las Fuerzas de Defensa israelíes. ¿Harán lo mismo los árabes palestinos cuando, al fin, gocen de un Estado propio? ¿Se atreve alguien a pronosticar una respuesta?

Dadas las circunstancias históricas es evidente que tan palestinos son los árabes como los judíos pues ambos habitaron el mismo territorio prácticamente durante el mismo tiempo y sufriendo las mismas vicisitudes por lo tanto quererlos diferenciar es pura entelequia. También son palestinos los habitantes de las distintas poblaciones repartidas a lo ancho del Planeta y que tienen como topónimo Palestina, tal es el caso de los departamentos colombianos de Caldas y Huila; el municipio ecuatoriano de Guayas; y los de Algoas, Pará y Sáo Paulo en Brasil.


Sobre esta noticia

Autor:
Jaime Bel Ventura (52 noticias)
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Tipo:
Opinión
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