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Mirando Atrás, Cafetería Zahara

21/06/2010 17:53 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

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Continuando con las entradas que dentro de la serie "Mirando atrás" dedicamos a locales antiguos o desaparecidos, en esta ocasión le dedicamos la entrada a la recientemente desaparecida Cafetería Zahara, todo un clásico de la hostelería madrileña.

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Hace más de 50 años que la cafetería Zahara abría diariamente sus puertas, en el número 31 de Gran Vía, justo al lado de Doña Manolita. Años en que allí se desayunaban churros, se tomaba la cerveza con tapa del mediodía, un plato combinado para una comida rápida o un tranquilo café a media tarde. Algo que ya no podrá repetirse: Zahara cerró el pasado 31 de enero. Pronto se convertirá en una tienda de ropa, concretamente en la flagship de la conocida cadena Pull and Bear en Madrid, de la que nos haremos eco en su debido momento.

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Al parecer han sido problemas económicos relativos al alquiler del local lo que ha motivado su cierre. Tras muchas décadas en el mismo lugar, el contrato de arrendamiento que mantenían vencía, "como todos los de la Ley Boyer, en 2014". Los actuales gestores del negocio decian "hemos tratado de negociar con el propietario una subida que fuera asumible", pero no se ha llegafo a un acuerdo".

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En la zona, según aseguran, se están pagando "alquileres de 80.000 euros para arriba", algo inasumible para este tipo de negocios, Lo peor, señalaba esta responsable de la cafetería, es que "la Gran Vía se está quedando sin hostelería: ya casi sólo hay tiendas de ropa".

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Nació con la ola de establecimientos de corte americano que proliferaron por la zona a partir de los años 20. Zahara era, un establecimiento novedoso porque ocupaba un espacio intermedio entre el café moderno y el restaurante, con un diseño cuidado y vanguardista en una calle como la Gran Vía, tan novedosa, con locales de factura americana que se distinguían por sus exclusivas etílicas -los cócteles-, así como por los nuevos movimientos y modas musicales: jazz, shimmy, one-step, two step, fox-trot y más adelante el charleston.

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Zahara se sumaba así al movimiento de nuevos locales de nombres exóticos como el Pidoux American Bar, en el número 7 de la Avenida del Conde de Peñalver, entonces el primer tramo de la Gran Vía; el Hollywood, en Preciados, a un paso de Callao; o el mismo Miami. Más adelante surgirían con parecido cometido otros establecimientos como Nebraska, California, el Manila del Edificio Carrión...

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Aunque el Café Zahara pervivió durante mucho tiempo, no lo hizo la decoración interior y exterior del local, que fue reformada para optar por otra de líneas más modernas e impersonales. La cafetería original fue concebida por los arquitectos del edificio: Secundino Zuazo, Martín Domínguez y Carlos Arniches. En ella se seguía el lenguaje racionalista que se había impuesto en Europa impulsado por la Revolución Industrial y en el que la funcionalidad y la sencillez eran sus premisas, y de esta primera época pertenecen casi todas las imagenes que ilustran esta entrada.

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El local en esquina de dimensiones reducidas, tenia su acceso por la Gran Vía, con varios escalones, dispuesto al lado de un gran hueco de suelo a techo a través del cual se podía contemplar lo que ocurría en el interior. La esquina redondeada, con una ventana rasgada de diferente escala, completaba el aspecto exterior, en el que el severo rotulo, el juego de la piedra blanca con la oscura y los triángulos decorativos eran los únicos elementos compositivos que adornaban la fachada.

imageSu fachada no daba idea del tamaño de su interior. El interior, más amplio de lo imaginado, estaba decorado con mayor libertad. Dibujado el techo con precisas bóvedas de cañón, preámbulo del Frontón Recoletos, elementos con geométricas celosías lo decoraban con un cierto regusto árabe, que se transformaba en colonial en el anejo Bar Miami, en el que una palmera de escayola estructuraba el espacio.

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El mobiliario metálico de la zona en contacto con la calle contrastaba con los amplios butacones del interior, mas propias de un club ingles que de un bar español.

Posteriormente fue completamente reformada en varias ocasiones, y sin que quedaran apenas vestigios de su decoración original. En una de ellas se incluyo en su fachada una poderosa marquesina muy del gusto del momento, que la hacia rápidamente identificable y localizable.

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En el año en que se cumple y celebra el centenario del inicio de obras en la Gran Vía, es paradójico comprobar cómo la avenida sigue perdiendo lo que años atrás fueran señas de identidad, que ahora se cambian por otras muy diferentes.


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