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Miradas desde Praga

23/10/2009 09:33 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

Una mirada uruguaya en una corta estadía de vacaciones en Praga

A Praga se puede llegar por tren entre otros medios de transporte. Si se está en Viena, tal como estaba este cristiano, era una de las opciones más aconsejables para recorrer los aproximadamente 350 kms que separan estas ciudades.

Previo a partir de Viena es MUY aconsejable ir a la estación de trenes y sacar el pasaje para el día que se quiere viajar. Si no, uno se arriesga a quedarse sin lugar en el tren que quiere tomar. Al mismo tiempo que se saca el pasaje, pedir para reservar el asiento, porque si no uno sube con las valijas al tren, comienza a recorrer los diferentes compartimentos y comienza a encontrarse con cartelitos que dicen “reserved” y entonces parece un gitano en aprietos, caminando por los pasillos con las valijas al mismo tiempo que de atrás la gente que quiere instalarse a uno lo va corriendo y corriendo, algo complicado si todavía a todo eso se le agrega el calor del verano. Para uno que es uruguayo y por lo tanto a veces algo campechano, armarse con una cuota de paciencia si le toca alguien en la ventanilla donde se compran los tickets, que en vez de hablarle le ladra para venderle los tickets.

El viaje en tren es agradable, salvo que justo el vagón en el cual uno va tenga el aire acondicionado roto. En tal caso, además de pensar que uno es como con “la paloma en el estadio”, lo que se puede hacer es irse al salón comedor, que también está con aire acondicionado y sentarse cómodamente a tomar una cerveza, la cual no es nada barata pero permite pasar el tiempo de otra manera, sintiéndose por momentos, en un esfuerzo de extrema imaginación, como si uno viajara en el Expreso de Oriente (pero sin crimen incluido...).

Es notorio cuando el tren comienza a adentrarse en la República Checa, dejando atrás Austria. Las construcciones que se han adicionado al paisaje natural no pueden negar su aire perteneciente a un ex – país del bloque comunista, con un aire bastante típico de tosquedad.

A medida que el tren se va acercando a la estación de destino (Holešovice) hay que ir abriendo los ojos y aguzando el oído para estar atento a los anuncios por los parlantes del tren, porque si uno no lo hace y está un poco distraído se arriesga a seguir de largo con el tren e irse adonde el diablo perdió el poncho. En el caso del tren que se estaba viajando, el destino final era Berlín. Parece un poco exagerado lo que se está escribiendo, pero si el vagón en el que uno va viajando no queda frente al cartel que está en el medio de la estación que dice el nombre de la misma, no hay muchas más señales que indiquen dónde uno está. Como una ayuda adicional, si uno ve que bastante gente comienza a bajarse de los vagones y otras tantas más intentan subir a los mismos, es probable que hayan llegado.

A la salida de los andenes uno tampoco encuentra demasiada información, más allá de algunos carteles. Quizás el lector piensa que el que está escribiendo es un salame (está en todo su derecho) y que nunca ha viajado ni a la esquina de su casa, pero denme el beneficio de la duda y por un momento piensen que no es así. Sucede muchas veces que uno se siente un poco nervioso al llegar a una nueva ciudad, un nuevo idioma, una nueva moneda. Es como tener que crear una nueva zona de confort que uno artificiosamente se crea luego de estar varios días en una ciudad.

La pregunta que puede surgir es: “¿Y ahora qué hacemos, para dónde vamos?”. En Holešovice hay una línea de metro que podría servir más o menos para la zona que uno precisa ir, pero cargado con los equipajes (éramos cuatro personas viajando) se hace un poco complicado. En la estación hay gente que se ofrece a llevarlo a uno en taxis. Por naturaleza desconfiado ante esos ofrecimientos, al principio uno se resiste a aceptarlos, pero luego de sopesar las diferentes alternativas, uno termina diciendo que sí. La persona que hace el ofrecimiento lo lleva a uno para la zona de taxis, donde lo reciben cinco o seis choferes, todos unos ursos con unos brazos de un ancho que son el doble del de una persona más o menos de físico normal.

El viaje en taxi es por fichas de medidor que van cayendo en forma bastante rápida. El viaje fue bastante directo, no hubo paseo, pero no fue barato (algo así como cincuenta dólares costó). Una opción que hay y que en su momento no se quiso contratar, está conformada por las compañías de transporte que se ofrecen en Internet. Se adelanta que al irse de Praga, se hizo uso de esa opción y el resultado fue excelente. Se contactan por sus sitios web en Internet, se les dice mediante el llenado de un formulario por dónde a uno lo tienen que pasar a buscar, qué día y a qué hora, qué cantidad de pasajeros y nada más. Importantísimo: hay compañías que no exigen ningún pago previo por esa reserva, por lo cual no hay que mandar ninguna tarjeta de crédito. Incluso hay operadores que evacuan las posibles dudas que uno tenga (por ejemplo el tiempo de traslado entre el hotel que uno está alojado y el aeropuerto, etc). El trayecto entre el hotel en Praga y el aeropuerto de dicha ciudad cuesta 21 euros para cuatro pasajeros y ni un euro más. La camioneta en la cual se realizó el trayecto era una Van muy amplia, con aire acondicionado y confortables asientos. Realmente es muy recomendable ese sistema, que también se puede usar en el traslado de llegada a la ciudad.

En los días de agosto que se visitó Praga la temperatura no fue demasiado elevada, estaba agradable pero no estaba caluroso, más bien un poco fresco, sintiéndose el mismo sobre todo cuando el sol se esconde detrás de las nubes. Se recomienda llevar algún abrigo que probablemente va a ser usado en las primeras horas de la mañana así como en las últimas de la tarde o en la noche.

Praga es como dos ciudades en una. Por un lado está la Praga vieja, la edificada hace mucho mucho tiempo y por otro lado, está la Praga construida en el período comunista con edificios que se ven a lo lejos de la zona más céntrica y que son muy del estilo de los que están construidos en las afueras de Moscú. Algo así como los edificios del Euskal Erría en Montevideo, pero con mucho menos diseño.

Praga en agosto tal parece que es una locura por la cantidad de turistas que la visitan. Cuando uno va a la plaza principal y a la ciudad vieja uno se los encuentra por manadas.

Los precios de las cosas en general para un uruguayo no le van a atraer demasiado como para ponerse a comprar, más bien algunas cosas están caras o sencillamente inalcanzables. No se justifica para nada pagar por un par de zapatos más de 3.000 pesos uruguayos o una cartera más de 7.000 pesos uruguayos. Como siempre alguna cosa barata se encuentra, pero no es el común denominador.

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En materia de comida los precios no le van en zaga a los precios de la ropa. Se puede comer pero tampoco sin hacer grandes lujos. Ha quedado lejos la época en que estos países, recién salidos del bloque comunista eran baratos.

Si se está en Praga, se recomienda ir en búsqueda de la historia reciente. Y la historia reciente se refiera a que aquí en Praga en la Segunda Guerra Mundial fue donde los paracaidistas checos hicieron un atentado a Reinhard Heidrich (el que querían que fuera el principal lugarteniente de Hitler) que lo llevó a la muerte a los pocos días a él y más tarde a todos los que participaron del atentado. Si hacen un poco de memoria hubo una película en el cine (se dio en las salas de Montevideo) que se llama "Siete hombres al amanecer" que cuenta todo este episodio. La iglesia en la cual se terminan escondiendo los paracaidistas está ubicada muy cerca de la zona céntrica. Se puede ir hasta allí caminando perfectamente.

Si se llega a la iglesia por el costado, lo primero que se verá es la pequeña ventana que da a la cripta donde estaban escondidos los paracaidistas y por donde los nazis pasaron las mangueras con agua para inundar la cripta. Contra los muros están todavía las marcas de las balas. El episodio en sí fue una batalla campal. Les transcribo lo que dice en los papeles informativos que se entregan al visitar la cripta: "A las 2 en punto, en la madrugada del 18 de junio (de 1942), fue dada la orden de rodear la iglesia ortodoxa de San Cirilo y San Metodio. La Gestapo desplegó 360 miembros del batallón de la Guardia de las SS de Praga contra los 7 paracaidistas. La operación comenzó a las 4:15 de la mañana. Las instrucciones, capturarles con vida. Tres de ellos (Opálka, Kubis y Blublik) defendieron la parte principal de la iglesia hasta las 7 de la mañana, hora en la que cayeron. La cripta fue descubierta, y asaltada. Los cuatro que quedaban (Valcik, Gabcik, Svarc y Hruby) resistieron luchando en la cripta tanto como pudieron. Guardaron las cuatro últimas balas para ellos..."

Uno puede imaginarse fácilmente el infierno que debe haber sido todo eso. En algunas de las paredes todavía se ven las marcas de las balas, en otra hay un montón de cintas de coronas de gente que ha honrado a los caídos, más allá un agujero que hicieron los paracaidistas tratando de llegar a las cloacas, como último intento de escape del infierno. Lamentablemente no lo lograron. Lo increíble fue que quien los traicionó en primer término fue Curda, uno de los integrantes del equipo que vino a asesinar a Heidrich y que no soportó la presión de los nazis al ver la represión que estalló por parte de estos últimos luego de haber muerto Heidrich. Borraron a Lidice del mapa el 10 de junio de 1942, 199 hombres del pueblo fueron ejecutados allí mismo, todas las mujeres fueron enviadas a los campos de concentración y los niños y niñas que encajaban racialmente fueron enviados para su reeducación como ciudadanos modelo del Reich además de ofrecer una recompensa de 10 millones de coronas por cualquier información relacionada con los responsables (si son coronas actuales es algo así como 15 millones de pesos uruguayos actuales).

Luego de este encuentro con la historia reciente, se puede aprovechar el resto del día para recorrer principalmente la parte vieja de la ciudad y el barrio judío. Perderse en las calles de Praga es una grata experiencia que permitirá apreciar a la ciudad y su gente desde todos los ángulos, rodeado por bulliciosos turistas que como manadas pasan de un lado a otro, siguiendo en forma obediente a un guía que adelante va con un paraguas o un banderín levantado.

Sin dudas hay que visitar el castillo de Praga, que se yergue majestuoso y domina todo el panorama desde una altura privilegiada. Para llegar al mismo, dependiendo de donde uno está alojado, hay que cruzar el puente de Carlos, que en determinados momentos parece que hay una manifestación sobre él, dada la cantidad de turistas que por él circulan, concomitantemente con los vendedores de fotografías, collares, artesanías, estatuas vivientes, músicos que tocan jazz, música clásica, todos mezclados en un paciente caos.

En el castillo (al cual se accede pagando una entrada) se pueden alquilar audioguías que le relataran en detalle muchísimas cosas. Se menciona “en detalle” porque las descripciones pueden llegar a ser abrumadoras, faltando poco para que les falte solamente decir qué marca de tornillos se utilizaron para las bisagras de las ventanas.

Uno habla del castillo pero en realidad son varios edificios que se han construido al lado del edificio principal, que todavía se utiliza para el gobierno. En una de las callejuelas, más precisamente en el número 22 de la llamada Golden, vivió Franz Kafka. De más está decir que en Praga venden “La metamorfosis” en todos los idiomas, así que no se preocupen que si lo quieren comprar in situ en español, seguramente lo van a conseguir sin problemas.

En otra parte de la ciudadela hay una prisión en forma de torre, que es de la época medieval. Eran unas bestias cómo trataban a los prisioneros. Desde collares con pinchos a prensas con pinchos que apretando los mataban, o instrumentos que iban estirando hasta descuartizar al individuo. Como todo en la historia de la humanidad, depende de dónde se estuviera ubicado en la sociedad era donde se iba a parar en la cárcel.

No es que los calabozos de más arriba fueran hoteles cinco estrellas, pero había un calabozo que era donde mandaban a los presos más problemáticos. Para meter a estas "víctimas de la sociedad medieval" al calabozo, los bajaban con una cuerda a través de un agujero y el piso estaba como cuatro o cinco metros más abajo, sin ninguna ventana en las paredes. A más de uno en el momento de bajarlo deben haber dicho "uy se rompió la cuerda" y lo deben haber mandado expreso para abajo sin decir agua va.

Praga tiene muchos más lugares para visitar, que mediante toda la información que hay disponible en Internet, se puede saber sobre ellos.

El último consejo que me permitiría dar es que si van a viajar en una compañía low cost traten de averiguar cómo está la compañía desde el punto de vista económico, no sea cosa que se encuentren con que el día anterior que van a viajar comiencen a saber noticias que la compañía low cost está en problemas y que se están cancelando vuelos o aún peor, que la justicia de otro país les está secuestrando un avión por falta de pagos.


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Soul Listener (7 noticias)
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