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Una migaja para Emily diclinos, la amiga de los pájaros

12/12/2010 00:50 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

Si nos atenemos a la promesa de eternidad que Dios nos ha ofrecido, la poetisa norteamericana, nacida en Anherst, Massachusetts, Emily Dickinson cumple el 10 de diciembre 190 años

Los poemas que citamos en atrevida versión fueron extraídos del original The Poems of Emily Dickinson, editado por Martha Dickinson Bianchi y Alfred Lester Hampson (Boston Little, Brown and Company, 1939), que pude hojear en la biblioteca Central de Portland gracias al regalo amistoso de dos excelentes mujeres de Eugene: Peg Morton, quien me invitó a conocer los Estados Unidos y Joyce Thomas quien me llevó en su auto a conocer la capital de Oregon, en 1997. Así de gentil es el tiempo.

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Emily Dickinson cumple el 10 de diciembre 190 años.

Por Raysa White

Emily Dickinson se ha ganado en la mira de los críticos y analistas de la poesía norteamericana el calificativo de ser una persona excéntrica, extraña y solitaria. Si nos atenemos a la verdad, su conducta, ajena a la vecindad de nuestros tratos, al trasiego del cuchicheo; más cercana quizás al susurro, a la observación de la estructura interna de los procesos existenciales –no todo el que ve pasar un funeral, lo ve de la misma manera- y el no ajustarse a la conducta de las personas circundantes, puede inducir a la percepción equívoca de un ser altamente comunicativo y gentil hacia territorios vedados para el sujeto ordinario.

Al penetrar su cuerpo literario topamos con un delicado caso de expresión capital. Mil setecientos setenta y cinco poemas, mil cuarenta y nueve cartas y ciento veinticuatro fragmentos en prosa calificados por la crítica exigente como lo más original y perturbador escrito por mano de mujer en toda las letras de Norteamérica, en lo que concierne hasta los inicios del XX en que su obra fue, por primera vez, totalmente publicada, ponen al descubierto el tratamiento mezquino que se ha dado a la obra de Emily Dickinson en prestigiosas enciclopedias, tanto inglesas como hispanas, y la abrumadora ignorancia y estrechez de miras con que se ha juzgado, además, la vida y talento singulares de esa intensa personalidad de mujer, cuya mirada deslumbrante desnuda el poema de la difícil y fascinante aventura de la convivencia en cada fragmento existencial.

Walt Whitman al escribir: “…El tendón más pequeño de mis manos avergüenza a toda la maquinaria moderna”, o presentir que …al subir las escaleras de (su)casa, la enredadera que trepa por su ventana le satisface más que toda la metafísica de los libros…, nos entregó claves para acceder a regiones como esta:

“…si cuando vuelvan los petirrojos ya no estuviese viva, al de la Corbata Roja, échale en mi memoria una migaja, y si no puedo darte las gracias porque me encuentre profundamente dormida, sabes muy bien que lo intentaré aún con mis labios de granito”.[1]

¿Pudo haber vivido en soledad una persona que hace este tipo de peticiones?

Su soledad no es la del individuo encerrado en sí mismo. Ella no está sola. Desde temprano, en franca conexión con la naturaleza, espera al Petirrojo. De todos los que se allegan, ella lo ha elegido a él. Ese misterio del primer impacto, de la química luminosa, del saber que se puede confiar. Un depósito privilegiado. Porque él vino, se posó en su mano, aún sin conocerla, y ese acto la conmocionó. Es indescriptible la sensación que se experimenta cuando la belleza no te teme. Cuando la ingenuidad del otro ser te pertenece. Cuando se te mira con ojos redondos, y el alcance de la expresión se equipara al efecto de los corredores de luz que bajan por entre los árboles a mitad de la mañana. Intensa magnificencia del instante. Diálogo del corazón con la mirada. La pléyade le hace un coro, no temen ya a la señora gigante. Y ella espera que su piquito llegue a los labios. De adentro le avisan que alguien le procura. El petirrojo se asusta y desaparece y tras él la estela de pájaros, que aunque no es rey, le acompañan. Que disgusto se siente. Qué abrumadora tristeza cuando te roban el espacio mágico que sólo tu gracia pudo conseguir. Para la persona que te lo robó eres una extraña. Excéntrica, irritable. Caso raro de mujer. Y yo les digo: imposible dejar de disfrutar de amistades tan privilegiadas. Pero no hay remedio, la felicidad ha quedado en el pasado.

Y esta circunstancia de ser una mujer de vida provinciana que pasaba horas y horas contemplando y viviendo la naturaleza, hablando con los animales, es lo que provoca que no acabe por ser reconocida como la poetisa más grande de la América sajona. En nuestra pequeñez, quedamos impresionados con el espectáculo imponente de una montaña envuelta entre las nubes y los rayos del sol; sin embargo, la revelación divina de lo que ocurre en el interior y los alrededores de una colmena nos provocan, apenas, la sonrisa simpática de la curiosidad. Persistimos en el no escuchar. ¿Por qué enceguecernos de tal modo que no vemos el espectáculo de luz que se ofrece suplicante a nuestra retina? ¿Por qué nos sentimos incapacitados para escuchar la música indescriptible de esa minúscula luz? A las personas suele fascinarle lo escandaloso y gigante. Es el precio de lo “íntimo”, aun sin ser romántico: el de la serena voz, aun sin ser discreta.

(Continúa la lectura en Akerunoticias)

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Sobre esta noticia

Autor:
Raysa White (49 noticias)
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Tipo:
Opinión
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