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Miénteme y dime que me quieres

07/05/2009 00:44 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

Cuando mezclamos el sentido de los valores absolutos con el de los valores relativos la vida se distorsiona y aparece un mundo ingobernable entregado en manos de los apocalípticos.

De estos siempre está la vida llena, el mundo se va a acabar mañana, en el año 2000, en la era de Almanzor cuando el año 1.000, en el invento del teléfono, etcétera; y muy pocos pertenecen al grupo de los que anuncian una nueva era aunque sea por optimismo.

Cuentan que en Nueva York hace dos décadas abrieron un periódico que solo daba buenas noticias y quebró apenas a las dos semanas, no por falta de buenas noticias sino porque nadie lo compraba. Así de la misma manera la vida es un engaño y la sociedad hipócrita pero es el juego social, no es un engaño y una hipocresía local sino generalizada, un mal necesario como única conciencia social articulada, mezclar los mundos locales y universales aportan quizás aun más distorsión que la de los valores absolutos y relativos. El cine también es un engaño vista la vida de ese modo y todos hemos estado de acuerdo en elevarlo a arte, aun nadie en su sano juicio se levanta de las butacas y acusa con el dedo en la oscuridad que el actor no muere de verdad y que el avión en llamas en realidad es una maqueta, es un engaño en el que nos dejamos llevar de manera dulce durante hora y media porque un modo egoísta de gozo nos hace sentir que siendo ingenuos el tiempo pasa.

Así también la sociedad monógama vive en poligamia, el amor dicen que es lo que queda cuando la efervescencia de su gripe pasa, la euforia, la obsesión por el ser amado y el olvido que marca el reloj; entonces el residuo de todas esas sensaciones dicen que es el amor y no el estado esquizoide que nos impedía ver la realidad y hacía percibir un mundo distorsionado y rosa. También dicen que el amor es la pintura que sale y no la que pretendíamos hacer pero que siempre mienten los pintores como su mejor obra. Otros que se califican a sí mismos como más realistas dicen que el amor es la conquista, el juego de seducción y que es un contrasentido verdadero con el concepto de pareja porque cuando ya existe la conquista y el juego de seducción ha desaparecido, pero lo único cierto parece que adictos a nuevas relaciones el sentido de la conquista y la seducción no se limita a la pareja que dejamos en casa, disfrazamos las palabras y nos engañamos a nosotros mismos pero evidentemente buscamos y deseamos otra mujer cuando de lleno ya estamos en una relación paralela y esta no solo se limita al juego entre las sábanas sino por ejemplo a un inocente cruce de miradas en la oficina.

Quizás en mi opinión corresponda a Ortega el concepto más afortunado y excepcionalmente bíblico “El hombre es un ser ávido de amar y la mujer es la excusa como objeto amado”, bíblico por cuanto procede de él y aunque muchas mujeres sean seductoras en este juego social a diferencia del hombre lejos de seducir como conquista y fin en sí mismo plantean el principio masculino de seducción : “Inténtalo y quizás acepte, atrévete a sacarme de una costilla o te sacaré yo el riñón”.

No basta el juego moral de las buenas intenciones, desear, mirar y aceptar que la mujer del prójimo es atractiva o deseada aunque esté soltera sin compromiso y niegue los mandamientos para resultar en sí misma la prójima, ya es parte del deseo y la frustración para Freud, resultando entonces monógamos poco convencidos y sí resignados.

“No desearás a la mujer de tu prójimo”. ¿Pero y si la deseo qué?, ¿soy culpable del mundo de mis deseos y frustraciones?. ¿No sería más correcto decir  “no seducirás a la mujer de tu prójimo”?.

No basta tampoco entonces la fidelidad como una aceptación indeleble y forzada sino como una expresión vital y aun nadie conoce un personaje de estas características que salido de alguna lamasería tibetana conviva con nuestras miserias cotidianas y urbanas día tras día.

¿Se trata de vivencias monógamas paralelas o es un deseo polígamo castrado y su torpe expresión?. ¿Tan malo y mezquino es el mundo de sensaciones del hombre que no conoce el valor de la lealtad?.

La sociedad al igual que los espectadores del cine ha adoptado como fórmula consensuada “el imperio de la mentira” porque era el único modo capaz de articular y soportar los sentidos de “tótem” y “tabú” que caracteriza el “yo” colectivo. En este sentido el “tabú” de la decencia absoluta y completamente arraigado entre nosotros es incapaz de encontrar otro modo de expresión que no sea en un modelo de negación como el del imperio de la mentira social y la doble moral. Todos estamos afectados por él, incapaces de mirar a una mujer y decirle la verdad “siempre que te veo me sorprenden tus dos enormes pechos” no por ausencia o necesidad del culto a la verdad por sí misma sino porque no solo ella sino el conjunto de individuos adoptó el “tabú de la decencia”: Se hace pero no se dice.

Así en lugar de “que pechos más hermosos” decimos “adoro tus ojos” cuando todo el mundo sabe que si fuera verdad que los ojos son adorables los ópticos y oculistas serían una profesión plagada de poetas, intelectuales y no estos seres burgueses y odiosos que entaponan las carreteras los domingos por la tarde. De la misma manera podemos oír al matrimonio Rodríguez:

-Lo nuestro es una historia de amor única y especial, apenas nos vimos surgió el “flechazo” y podríamos escribir una novela.

Porque nunca podrían decir: Es una historia bastante común y sosa, en realidad más que con ella me casé con sus dos preciosas tetas, y por parte de ella sería aun más lamentable reconocer: “Era el primero menos conflictivo y seguro que tenía a mano”.

¿Tan malo es mentir? La diplomacia es una ciencia, articular medias verdades y mentiras, no es igual faltar a la verdad que omitirla, y gracias a ella el mundo soporta menos guerras de las que sin duda soportaría de no mediar esta ciencia relativamente moderna.

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Así la vida en pareja es polígama porque la naturaleza del hombre lo es, pero no se menciona (tres millones de años en poligamia no se borran del mapa así como así) El juego social de “tus dos preciosas tetas” es el de “te querré hasta que la muerte nos separe” cuando debería decir “te querré hasta que la mentira nos alcance”. Mientras vivimos la apoteosis del absurdo pero reverenciamos el “Imperio de las mentiras aceptables” relativas y no absolutas, disculpables como pocas veces se disculpa la mentira. Pensar en un político honesto y en la validez de su discurso produce risa pero es parte del juego de elegir “los menos malos o los menos mentirosos”.  Y de la misma manera la Iglesia Católica la emprendía a golpes y la emprende contra los mundos paganos politeistas cuando no recuerda hasta el paroxismo el becerro de oro y el principal mandamiento “Solo un dios verdadero”, monoteísta confesada y pregonada, institucionalizada eleva en el colmo de todas las contradicciones altares a todo un mundo politeista de

dioses secundarios, santos y vírgenes; y verdaderos y descomunales becerros de oros en el mundo de las cotizaciones en bolsa y las tramas financieras más exageradas.

Pero ni siquiera corresponde al pensamiento de Ortega o Freud la concepción más afortunada del amor, suponemos todos que es un sentimiento inenarrable, especial y único y que de manera torpe podemos definir dada la singularidad y especificidad de cada persona, de cada “enfermo” que lo padece y de la misma manera que el sector de la medicina más revolucionaria preconiza que no hay enfermedades sino enfermos no hay enamorados, conceptos del amor y sí personas, y al igual que los peores y más tormentosos dolores de muelas cada persona lo vive, soporta y padece de una forma distinta pero también lo goza y por eso se llama precisamente amor y no dolor de

muelas. Aun tardará mucho la sociedad en lograr sus metas, mirar a los ojos a una chica de sonrisa preciosa y angelical y ser amado decirle “Adoro, adoro como me miras y como sonríes de alegría cada tanto me ves, adoro tus manos, la forma en que se entreven tus pechos por la camiseta y adoro la sola idea de irme contigo y con esa amiga tan simpática que tiene los tres juntos a la cama. ¿Imaginas lo bien que lo podíamos pasar y lo felices que podríamos ser los tres?”.

En cambio incapaces aun de hacer del lenguaje un medio eficaz y directo hemos diseñado un mecanismo de tránsito en la moral del camino más largo “Me acosté con tu amiga porque tu no me comprendías y me diste la espalda cuando el Barcelona perdió la liga y éramos las burlas de toda España”.

Suponemos que el amor es aceptar y fascinarnos por el hecho en sí mismo de la “otra” persona y no de lo que supone, admitir y sentirnos vulnerables y dependientes de su aceptación y deseo y no de la idea de poseerlos y someterlos. Así el amor debería implicar alegrarnos de manera sincera por sus logros y metas, ocuparnos y no preocuparnos de sus fracasos, pero la realidad desdice las supuestas virtudes del amor cuando día tras día las palabras de Aristóteles pesan como una maldición:

“El día que el telar no necesite lanzadera el hombre no necesitará esclavos”.

De esa forma no amamos, poseemos, custodiamos, ocupamos una persona como ermitaños residentes en un caparazón cualquiera ¿y en esa lógica como aceptar compartir al ser dominado?. Es el sentido de lo mío, “Mío o mía aunque reviente de pena” porque socialmente tenemos otro sentido atávico de posesión de esclavos y ¿Quién puede permitirse en este mundo no tener apenas un solo esclavo?.

No en balde la iglesia católica dirigida por un mal atávico de siglos especifica muy claramente “esposa te doy y no esclava” por si acaso se olvidaba era importante recordarlo.

La sociedad no necesariamente evoluciona con el paso de los años, en ocasiones involuciona y tenemos claros los lapsos románicos de varios siglos entre epidemias, pandemias en los que la Grecia clásica de las luces y la tremenda alegría de vivir quedaba muchos siglos atrás y solo se hizo necesario el renacimiento más que como corriente en el arte para recuperar la vida perdida y volver a empezar todo de nuevo.

No es cierto entonces que vivamos en el año dos mil si decidimos volver dieciséis siglos en el tiempo. Que la sociedad involuciona y que el mundo antiguo no era tan atrasado nos lo demuestran a diario por ejemplo docenas de materias médicas olvidadas y que encierran la cura y solución a enfermedades desconocidas y modernas como ciertas alergias. Luego entonces resulta más que sospechosa esta poligamia social evolucionada hacia una monogamia de formas polígamas disfrazadas.

Finalmente el precio de todas las lagunas y fallas en los sistemas corresponde a los niños, la infancia como la parte más débil carga con las imperfecciones de la sociedad de la mentira aceptada. No es nada nuevo, hasta la revolución industrial y Marx obligábamos a los niños a trabajar en las minas, a tirar de gruesas carretas y aportar un salario a casa viniera de donde viniera y el Nuevo Testamento ya llevaba mil ochocientos años en vigor, hoy nos partimos las vestiduras de pensarlo pero seguimos explotando a la infancia y soportando en sus débiles hombros las torpezas de nuestros sistemas, los sacerdotes católicos siguen condenados al celibato y a ser reprimidos con patitas y bombas de relojería al cargo de la responsabilidad de la infancia, pero es parte de la mentira aceptada “Es un sacerdote y por lo tanto temeroso de Dios y buena persona”.

Dentro de dos siglos nuestros descendientes se llevaran las manos a la cabeza pensando la clase y calidad de vida que aportábamos a la infancia, también en estas familias nuevas desmembradas de dos padres y dos madres en el mejor de los casos cuando no el de un padre en el exilio de los fines de semana o en el de la huida eterna, para alcanzar el extremo de la miseria humana de los hogares paralelos y abandonados cuya responsabilidad cae exclusivamente sobre la madre que el único delito que cometió fue enamorarse de un hombre casado. La sociedad entonces aporta como “salvación” la crítica destructiva “se lo buscó por tonta” en un intento de regular la vida y eliminar los individuos menos aptos. Quizás dentro de tres millones de años cuando la monogamia lleve el mismo tiempo que su precursora la poligamia y el imperio de la mentira aceptada se haya consolidado los nuevos entes del futuro tendrán un discurso más sofisticado: “No existo si pienso que no existo, puedo jurar que existo y nadie me creerá”.

Hoy por hoy solo da nauseas entender el sentido y la irresponsabilidad colectiva, mientras tanto algunas mujeres mucho más inteligentes ya han empezado a adelantarse:

-Miénteme y dime que me quieres.


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Juka (8 noticias)
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