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Miedo al miedo

18/03/2011 18:48 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

Yo era una niña feliz y confiada como lo son casi todas a los 4 o 5 años de edad. Mi mundo estaba lleno de vestiditos con crinolina, calzoncitos de holanes, florecitas en el cabello (¿coqueta?, ¡coquetísima!), piñatas, juegos y muchos dulces.

Recuerdo muy bien una tarde en que Margarita, la"nana" que me cuidaba, me llevó a la feria. Entre los juguetes y chucherías que tanto llamaban mi atención vi algo que me quitó el aliento. Frente a mí, parada sobre una pared, una enorme araña con cabeza de mujer me miraba. Esa araña empezó a platicar su historia: quedó así como castigo por haber desobedecido a sus papás, no terminarse su leche y no dormirse temprano. Desde entonces le llaman "La mujer araña" y anda de feria en feria contando lo que le pasó.

La escuché con una mezcla de terror, incredulidad y compasión. Quedé muy asustada. A mi regreso, mi casa estaba irreconocible: ahora era un lugar tenebroso. En mi mente infantil se alojó la idea de que algo muy importante acababa de descubrir: el mundo NO ES UN LUGAR SEGURO. Si esa mujer se había convertido en araña por desobedecer cuando niña, entonces el mundo era un lugar MUY peligroso. Ese día conocí a mi mayor enemigo: el miedo.

Y ese enemigo ya no me abandonó; se hospedó en mi casa, en mi recámara, en mi corazón... y en mi vida. Parecía tener vida y voz propia, y me recordaba que debía estar alerta, pues en cualquier momento algo terrible podría suceder. Cuando a los 8 o 9 años mis padres querían salir a divertirse de noche, la voz del miedo me susurraba: "¿Y si les pasa algo, y si ya no regresan?". En mi mente, el peligro acechaba continuamente.

Al casarme permití muchaviolenciay abuso. Las personas temerosas son muy fáciles de controlar y manipular, y vivir con una persona asustada ciertamente da mucho poder.

El miedo era mi compañero inseparable: miedo que se siente como metal frío en la boca, que acelera el pulso, que arde en el estómago, que enseña a caminar con pies de pluma, que pone en estado de alerta máxima la mente y cada célula del cuerpo.

Miedo que permite, que calla, que otorga, que enferma, que duele.

Miedo que paraliza, silencia, anula, aísla y doblega con su peso.

Miedo que confunde lo suficiente como para incapacitar ver la salida:"¿Y si cumple sus amenazas?", "¿Y si no puedo salir adelante sola...?".

Finalmente, llegó un momento en que el miedo a permanecer fue mayor que el miedo a lo que sucedería si me marchaba. Y así lo hice.

Luego supe que"valor" no significa no tener miedo, sino hacer lo que se tiene que hacer a pesar de sentirlo.

Ya no hayviolenciaEn mi vida, ya no hay altibajos. Ya me bajé de la montaña rusa. A pesar de eso, todavía me siento ansiosa con respecto al futuro, siento miedo sin que exista una razón aparente; me cuesta dejar de anticipar dificultades.

Sabía muy bien cómo vivir en estado de crisis, ahora estoy aprendiendo a vivir en calma.

Nada puedo hacer acerca de cosas que aún no han sucedido, pero estoy aprendiendo a no permitir que experiencias pasadas me hagan temerosa del futuro que desconozco. El miedo, por ser irracional, es un arma poderosa. Cuando me invade, averiguo su origen y descubro su irrealidad. Para romper el ciclo de preocupación y temor, estoy aprendiendo a concentrar toda mi atención en este preciso momento. Trato de alejarme de los "debo" o "debería", pues mi rigidez era un muro que ocultaba mi temor.

No temo las tormentas porque estoy aprendiendo a navegar mi barco. Louisa May Alcott

El miedo en sí no es bueno ni malo. Es un sentimiento, no una acción. No es una señal de debilidad o cobardía, es sólo un aviso del cuerpo que me dice que allí hay algo importante. Estoy aprendiendo a ver el miedo de una forma diferente: una luz parpadeante que me avisa dónde existe una zona de oportunidad para crecer en algún aspecto, al arriesgarme a hacer algo de diferente manera; una señal de que hay algo que debo aprender.

Estoy empezando a creer que finalmente, y a pesar de todo, mi miedo y yo podemos ser buenos amigos.

La seguridad es en gran medida una superstición. No existe en la naturaleza, ni los hijos de los hombres la han experimentado. A la larga, evitar el peligro no es más seguro que exponerse a él. Porque la vida es una aventura audaz o no es nada. Helen Keller

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Sobre esta noticia

Autor:
Gisela Santibáñez (25 noticias)
Fuente:
giselasantibanez.blogspot.com
Visitas:
3340
Tipo:
Opinión
Licencia:
Creative Commons License
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