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Microcosmos

24/07/2010 00:19 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

En donde se cuentan cosas ciertas y cuasi verdaderas, llevadas a cabo de muchas penas en algún salon de doctorales sapiensa de párvulos, en el buen año del Señor que les apetésca; en las artes llamadas Ciencias Ficciones o como Belcevú menta

El Responsable de las Imágnes, es de Américo Valadez.

El Irresponsable de todo lo demás, es de Américo Valadez.

En el más apartado rincón de una mera instalación científica, el Gran Sabio –hombre regio, docto y doctorado en más de mil instituciones prestigiadas, las cuales sustentaron con estudios, grados honorarios, a su vasto cúmulo de conocimientos -; perfeccionó el más poderoso de los microscopios electrónicos.

Dicho artilugio tecnológico creado y desarrollado con el único propósito que sólo el gran Sabio conocía a ciencia cierta, el cual guardaba celosamente; después de calcular, diseñar, recalcular, corregir, rediseñar, crear, quitar, y cuanta acción debía y no hacerse para la culminación de tan secreto ideal.

Basado en su infinita sapiencia, las fases de operación del complejo equipo deberían de darse paulatinamente, es decir en lapsos de una semana y media entre ellas para evitar errores aberrantes del tipo óptico-digitales, que pudieran alterar la información obtenida, haciendo imprecisa la tesis resultante. Lo que sería inaceptable para tan enorme mar de títulos y reconocimientos de la capacidad doctoral del sabio científico.

Pasado el estricto orden del tiempo reglamentario, la última fase se había finalizado con éxito; para lo cual, algunos colegas del sabio, y otro tanto más de reporteros y estudiantes, rodeaban (guardando su espacio, más por temor que conciencia) al doctoral hombre, que sentado frente al complicado ocular óptico del poderoso instrumento. Tecleando en una consola lateral cuatro o diez ordenes a él, aquel monstruo científico cobró vida; subiendo los gruesos lentes a la altura de su calva coronilla, el científico empezó a escudriñar ese mundo invisible que nos hace reales.

Empezó a escudriñar ese mundo invisible que nos hace reales

Su mirada pasó por un millar de maravillas sólo salidas de la mente de un ser superior. Durante ese amplio escrutinio, pudo apreciar los espectros dibujados en su retina, del paso de los electrones en su ir y venir alrededor de los fantasmales átomos; los cuales crecían y decrecían en fosforescentes visiones. O que decir de los quarks que se presentaban cual granos de arena incandescente sobre dichos espectros atómicos.

Pero, a fin de cuentas, recordó y tomó su objetivo primario de cuan enorme y costoso equipo, por lo que continuó sin reparar en tales maravillas mundanas y continuar su búsqueda de ese ideal entre aquella sopa microscópica.

-¡Lo que busco es algo más pequeño y efímero que un taquión!- Se dijo para sí y su catedrático público.

Después de largos días de insomnio y fatiga, por fin pudo encontrar el objeto de su búsqueda. Tallándose los ojos a manera de despejarse, agudizando el enfoque de su empañado ocular, pudo por fin ver algo que nadie jamás –ni él mismo- habían visto: su propia inteligencia.

Santa María La Rivera, D.F.

23 – VII – 2010.


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Autor:
Américo Valadez (59 noticias)
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