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Mi madre y el cáncer

07/03/2011 20:49 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

Como todos sabéis, yo no suelo contar cosas de mi vida cotidiana, primero por que suelo ser muy reservado para mis cosas y segundo por que pienso que tampoco es que mi vida personal sea muy interesante que digamos

Hace 21 años a mi madre le detectaron un bulto en el pecho derecho. Un bulto que no tenía muy buen aspecto y que le tuvieron que quitar con una sencilla intervención que no necesito ni de ingreso siquiera.

Durante los 19 años siguientes, le íbamos preguntando a mi madre que como iban las revisiones anuales y ella siempre nos decía que muy bien, que no había nada, que estuviéramos tranquilos que no había nada raro. Pero en abril del pasado año le confesó a mi mujer que tenía un bulto muy grande bajo la axila que le dolía muchísimo. Mi mujer le aconsejo que fuera inmediatamente al médico y no me contaron nada. Tal que fue al médico y le pegó la gran bronca por haberse dejado estar tanto. De urgencias le hicieron una radiografía y una mamografía que confirmaron la peor de las sospechas, mi madre tenía cáncer, un cáncer de mama, pero muy extendido.

Y ya me lo contó y se sinceró del todo conmigo, sus palabras fueron:

- Hijo mío, yo no me quiero operar, le he dicho al médico que me diga cuanto tiempo me queda y morir entera y en paz.

Cuando me enteré intenté convencerla pero no hubo forma, no quería ni oír hablar de aquello, los días siguientes fueron de pesadilla. Tanto que decidí ir a hablar con el doctor que le hizo la mamografía. El médico, muy amable y muy atento me atendió a primera hora de la mañana sin cita previa y me mostró las mamografías marcándome los puntos de calcificación, que eran muchos, y que había que empezar cuanto antes con el tratamiento de quimioterapia. Además me presento al cirujano que la operaría en caso de decidirse y me enseño todo el proceso previo a una operación de tal envergadura, ya que la operación debido al abandono de mi madre, sería muy invasiva y tendría que perder todo el pelo y sufrir la amputación de las dos mamas.

Luego de esto, me senté a solas con mi madre y le dije:

- Mamá, te traigo 10 razones para que empieces a tratarte: 1 marido, 4 hijos y 5 nietos. Tú ahora piensa en esto y me llamas a lo largo del día que tengo que llamar al cirujano porque si no quieres darte el tratamiento, hay mucha gente que lo necesita y no pueden perder tiempo.

Al mediodía mi madre me llamó, medio llorando, asustada. Me dijo que adelante, que hablara con los médicos para iniciar todo el proceso. Y de esta forma fui inmediatamente a hablar con el radiólogo y el cirujano que en ese mismo momento me dieron la primera cita para empezar.

Y empezó el calvario. Al poco tiempo se dio la primera sesión de quimioterapia y el primer día muy bien todo y el segundo una mierda todo. Empezó a sentirse mal, empezó con los mareos, los vómitos y el tratamiento con metadona. Y luego vino la segunda sesión y la caída del cabello. Calva, mi madre se quedó como una bola de billar, que por cierto, a mí nunca me ha dejado verla sin peluca. Y luego vino ya el remate total, la quimioterapia la estaba dejando completamente abatida, veía a mi madre vieja, arrugada, demasiado mayor para sus 65 años. Mi madre, siempre coqueta y presumida ya sabía que iba a perder su figura y sus ganas de vivir, yo la animaba, la decía que adelante, que era duro, pero que merecería la pena luchar, que lo iba a conseguir y que siguiera adelante.

Aún recuerdo las palabras de mi hijo: “la abuela se está muriendo y yo no puedo hacer nada”, y tornar la conversación diciéndole: “deberías pensar que la abuela se está curando, aunque la veamos tan mal”.

Y siguió adelante, la tercera sesión ya fue impresionante, le dolía todo, escupía sangre, tosía, y no podía ni dormir… y quedaban dos sesiones más. Pero no pudo seguir adelante, se dio la cuarta y le dijo al médico que la última sesión no se la iba a dar. Ni tampoco se hizo el TAC, por que padece de claustrofobia no podía aguantar sin moverse dentro de aquel aparato. Y el médico dijo que “vale, pues vamos a operar de inmediato”.

Y de inmediato fue, por que el día 2 del pasado Febrero mi madre pasaba por el quirófano. En total fueron cinco horas de operación. Desesperantes y largas horas esperando hasta que el médico nos llamó y nos dijo: “todo a salido estupendamente, hemos amputado las dos mamas, hemos quitado los ganglios que están afectados y si todo va bien, en dos o tres días a casita”. Y dicho y hecho, salió mi madre y salio bien, paso la noche medio regular tirando a peor, recuerdo que la segunda tarde ya estaba pintada y ya la volvía a ver con una cara estupenda, hasta se reia y todo… Y a los tres días le dieron el alta; dolorida, molesta, con dificultad para mover los brazos.

Y nada, se marchó la señora a casa, se puso las pilas y a los cuatro días se subió a su coche y se puso a conducir, a retomar su vida tal y como la había dejado. Como le dijo el médico: “la mitad de la rehabilitación son las ganas de vivir que usted tenga”, y las tiene, y muchas.

Ayer, 4 de Marzo, tenía la visita al oncólogo para el resultado de la operación y la biopsia. Ahora, justo antes de empezar a escribir esto me acaba de llamar para decirme que todo ha salido perfecto, que está limpia de todo, pero que le van a dar tres sesiones más de quimioterapia para evitar que alguna célula vuelva a intentar irse por el mal camino, que se le volverá a caer el pelo, pero ya no le importa, por que contrariamente a lo que pensaba al principio, ahora lo que quiere es vivir mas que nunca y seguir disfrutando de los disgustos que hijos y nietos le damos.

Quiero aprovechar estas últimas líneas para darle las gracias a:

D. José Antonio Castilla, del Servicio de Radiología; D. Diego Alfonso Ladrero Madrid, cirujano; Dª. Raquel Remesal, psiquiatra y Dª. Mireia Cazorla López del servicio de oncología; al personal de enfermería (técnicos y auxiliares) que han atendido a mi madre; todos pertenecientes al servicio médico del Hospital Juan Ramón Jiménez de Huelva.

A mis compañeros de trabajo por haberme aguantado los días de bajón, por darme ánimos y hacérmelos llegar a mi madre.

A mi padre, por soportar el calvario por el que ha pasado junto a mi madre.

A mis hermanos: Leo (y por ende a Manoli, su mujer), Jesús (y a su novia Rocio) y Jose Mari por el apoyo mutuo que nos hemos prestado.

A mi cuñada Deborah por acompañar a mi madre a todas y cada una de las visitas al médico, llegando incluso a dejar el tanatorio donde estaba su abuela recién fallecida para acompañarla.

A mis dos sobrinas, Manuela y Marta, a mi sobrino José María, y a mis dos hijos, José Antonio y Jesús por darle ánimos a la “abuela Lola” para seguir adelante.

Y especialmente a mi mujer, por quedarse con mi madre la primera noche tras la operación, por que ella sabe más que nadie de cuidar a personas. Y por soportar mis bajones, que aunque han sido pocos, alguno que otro ha habido.

Y por supuesto, a mi madre, por plantarle cara al cáncer. No diré aún que le ha vencido, pero ya tiene más de medio camino recorrido.


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Autor:
Winfield (5 noticias)
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Opinión
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