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Mi encuentro con Vargas Llosa

13/12/2010 21:19 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

Tiempo estimado de lectura: 5 minutos.

La mayoría de los libros que leí entre los 15 y los 20 años eran de escritores latinoamericanos. Me atrapaban sin soltarme los relatos de Elena Poniatowska, Gabriel García Márquez, Julio Cortázar, Isabel Allende, Ángeles Mastretta, Mario Benedetti y Carlos Fuentes. Vargas Llosa llegó un poco tarde, aunque desde la preparatoria sabía que era el autor de "La ciudad y los perros", no fue sino hasta el 2009 que me sumergí en sus letras con "La fiesta del Chivo", experiencia enriquecedora, pues mientras lo leía tuve la oportunidad de viajar a la República Dominicana.

Así que, como podrán imaginarse, el mes pasado quedé fascinada con la noticia de que Vargas Llosa había ganado el premio Nobel de literatura y que además estaba residiendo en Nueva York por un curso que imparte en la Universidad de Princeton.

A los pocos días del suceso, leí un reportaje que publicó el diario español el país , en el que el mismo escritor detalla cómo recibió la noticia la mañana del 07 de octubre, y además relata cómo desde que llegó a vivir a NY, desde su ventana en el piso 46, ve llegar el amanecer iluminando primero las aguas del Hudson y luego la esquina de Central Park. Terminé de leer y pensé "¿cuáles son las probabilidades de que me lo encuentre en Central Park?, esta ciudad tiene como 8 millones de habitantes..."

Días más tarde, a la salida del trabajo, decidí atravesar Central Park caminando, todos los días lo cruzo en camión, pero ese día era temprano y no hacía frío, así que caminar parecía la mejor opción. Mientras caminaba me lamentaba de no llevar cámara fotográfica, el día estaba precioso y los colores de otoño estaban en todo su esplendor. Era sorprendente como brillaban las hojas amarillas de los árboles al recibir los rayos del sol, el viento en su andar levantaba hojas de todos colores, el tiempo parecía transcurrir en cámara lenta. Decidí sentarme en una banquita a contemplar el paisaje. Ya sentada intenté realizar los ejercicios de respiración que había aprendido en el yoga, pero mi respiración profunda, lenta y controlada no duró mucho. Ya no estaba sola en la banca, al lado mío se había sentado un señor de al menos 70 años, el pelo casi cubierto en canas, pero sus rasgos dejaban ver lo atractivo que debió haber sido en su juventud. Mientras lo analizaba, mi corazón latía cada vez con más fuerza, sabía que era él: Mario Vargas Llosa. En un ataque de verborrea y pánico empecé a mover los labios sin control: "Señor Mario, quiero felicitarlo por tan semejante logro. Yo y todos los mexicanos estamos muy orgullosos de Usted. Quiero que sepa que en México tiene su casa, que en México desde la preparatoria nos obligan a leer Rayuela; yo desde que la leí me di cuenta de Su genialidad, pero debo confesarle que como la leí en un tiempo que no se usaba el google ni la wikipedia, la verdad nunca entendí lo del mate, la mitad del libro pensé que era como marihuana". Mientras hablaba, mi mente me decía: "¡Cállate ya tonta!, este no es el güey de Rayuela, este es el del libro que leíste en Dominicana"; pero por un extraño motivo no podía cerrar la boca. De pronto cuando el hombre estaba a punto de contestarme, se oyó un ruido estrepitoso en la orilla del lago: era Mickey Mouse haciendo un ruido horrible con un silbato, un ruido demasiado fuerte y conocido... ¡mi alarma!, tenía que despertarme, al menos sólo la había cagado en mi subconsciente.

Dos semanas después, me fui a dar un paseo por Columbus Avenue, eran como las 7 de la tarde y estábamos como a 5 grados celsius, se me antojaba un chocolatito caliente. Me detuve justo en Magnolia Bakery. Entré, pedí mi taza de chocolate y un cupcake, y después me senté complacida a ver a los transeúntes pasar. Casi morí atragantada -en un momento bizarro como de película de Woody Allen-, cuando al lugar llegó el hombre de mis sueños (esto refiriéndome al sueño antes descrito). No sabía cómo acercarme, pero sabía que tenía que hacerlo y pronto, porque el lugar estaba demasiado lleno y podía perder mi oportunidad. Me levanté de la mesa y corrí a formarme a la enorme fila que había para ordenar, yo era la última de la fila y él el penúltimo. Me recargué en la puerta de la salida de emergencia que estaba detrás de mí, respiré hondo y empecé: "Que tal Señor Mario, no quiero interrumpirlo ni acosarlo, pero no puedo dejar de felicitarlo. Este es un momento de gran emoción para todos los latinoamericanos, especialmente cuando nuestros países atraviesan momentos de tanta incertidumbre. ¿Sabe?, leí hace poco "La fiesta del chivo", y aunque no puedo hacer un paralelismo exacto entre la historia del pueblo dominicano bajo el mandato del dictador Trujillo y mi país: México, no dejo de preguntarme por qué cuesta tanto trabajo levantar a las sociedades latinoamericanas. Si tan sólo encontráramos la fórmula mágica para fomentar la lectura y la educación en estos países..." El hombre parecía divertirse con mis gestos, me sonreía, sacó de su saco una tarjeta y empezó a escribirle algo por detrás, antes de alcanzar a dármela, se vio forzado a salir por la puerta de emergencia que estaba a lado mío empujado por empleados del lugar. Había sonado la alarma de incendios y estaban evacuando rápidamente. Me decidí a seguirlo y empecé a caminar rápidamente por Columbus Avenue, apenas lo alcanzaba a ver entre la gente, iba rumbo al Lincoln Center. Ya llevaba tres cuadras caminando y no parecía alcanzarlo, extrañamente, seguía escuchando la alarma contra incendios; lo comprendí: maldito despertador.


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Autor:
Elmundodeanita (16 noticias)
Fuente:
elmundodeanita.wordpress.com
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Tipo:
Reportaje
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