Globedia.com

×

Error de autenticación

Ha habido un problema a la hora de conectarse a la red social. Por favor intentalo de nuevo

Si el problema persiste, nos lo puedes decir AQUÍ

×
×
Recibir alertas

¿Quieres recibir una notificación por email cada vez que Lermanorberto escriba una noticia?

En México, ser político es más rentable que ser delincuente

03/11/2010 10:13 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

En ambos bandos hay excepciones, pese a que en algún extremo y en repetidas ocasiones las dos profesiones se tocan

Juan Norberto Lerma

La única profesión más rentable que ser delincuente en México es ser político. Además, esta última ofrece ventajas superiores: se vive lento, entre más pasivo, mejor, puesto que así se puede hacer una carrera de largo aliento, lo cual, desde luego con el tiempo, resultará mucho más redituable.

Para muestra, varios ejemplos: un diputado le cuesta al erario nacional 77 mil 888 pesos por concepto de dieta, 45 mil 786 para la asistencia legislativa y 28 mil 772 para sus actividades de gestión y atención ciudadana. Lo que da un total de 152, 446 por legislador. Además, cuentan con un seguro de gastos médicos mayores, cuya suma asegurada básica es de hasta mil 500 salarios mínimos generales mensuales vigentes en el Distrito Federal y un aguinaldo equivalente a 40 días de su dieta.

Los senadores se embolsan 146 mil pesos mensuales, más prestaciones.

Cada uno de los consejeros del Instituto Federal Electoral (IFE) gana 330 mil pesos mensuales entre sueldo, bonos y prestaciones.

En la Suprema Corte de Justicia de la Nación un ministro recibe 347 mil pesos.

Un consejero de la Judicatura Federal 337 mil pesos.

Por si fuera poco, los partidos políticos recibieron durante 2009 las siguientes cantidades: PAN: 705’695, 000; PRI: 493’691, 000; PRD: 424’209, 000; PT: 201’211, 000; Convergencia: 190’244, 0005. Etcétera.

En cambio, la vida del delincuente es rápida, se mide como la de los animales, un mes equivale a varios años, o algo parecido, y aunque en nuestro país ninguno de los dos oficios es muy riesgoso, ser político viste y encumbra más, pese a que en algún extremo la finalidad de los dos trabajadores es casi la misma.

Acerca de las ganancias de la delincuencia sólo hay datos estimativos y ni siquiera la lista de Forbes es confiable, pero es de suponer que los beneficios anuales son equiparables a una buena parte del presupuesto nacional. Sin especificar sus fuentes, algunos medios de comunicación aseguran que los narcotraficantes mexicanos obtienen ganancias anuales del orden de los 24 mil millones de dólares. Algo así como la mitad de los 53 mil millones que posee uno de los hombres más ricos del mundo, también mexicano.

Desde luego ser político tiene sus dificultades, Para serlo quizá lo más difícil sea obtener el descrédito suficiente como para ser aceptado en un oficio tan cerrado y lleno de reglas oscuras y, por si fuera poco, primero hay que ser considerado un sujeto capaz de incidir en la vida de otros sin pudor alguno como para poder competir con la desfachatez de aquellos a quienes se pretende igualar.

Desgraciadamente no hay escuelas en donde el aspirante pueda aprender el cinismo que se requiere para ejercer día con día su trabajo, tampoco hay postgrados que cultiven el aprendizaje del egoísmo y la ambición rampantes indispensables para poder abrirse paso en esta notable profesión; en los casos más complicados, en los cuales hay valores de por medio, no existe ningún curso en el mercado que pueda borrar de un plumazo los atavismos éticos o morales que estorban demasiado para salir bien librado en las batallas políticas.

"Ya dominada la profesión, uno se puede permitir el lujo de patentar nuevas iniquidades"

¿En dónde aprender pues?

Si a andar en bicicleta se aprende subiéndose al artefacto y pedaleando, uno puede deducir que se aprende a ser un buen político a la mexicana alborotando colonos por el puro afán de hacer ruido, creando expectativas en donde la esperanza esté muerta, por supuesto sin intenciones de cumplir lo que se promete; fraguando fraudes en pequeña escala que redunden en enormes ganancias personales; intrigando aquí y allá de tal forma que uno esté presente en cuanto asunto pueda para dividir, tergiversar y en el mejor de los casos obstaculizar o de plano expoliar al grueso de la población. Es decir, la política se aprende con la práctica.

Incluso, ya dominada la profesión, uno se puede permitir el lujo de patentar nuevas iniquidades, de las cuales ejemplos sobran: “Haiga sido como haiga sido”, Esa voz de la grabación no es mía, es decir, sí soy yo, pero no es mi voz, “El error de diciembre”, “Ya nos saquearon, no nos volverán a saquear”, etcétera.

Para ser delincuente de respeto también se requiere una preparación, nadie sale a asesinar nada más porque pasó una mala noche. Es un proceso. Casi siempre es un asunto del entorno, las circunstancias y, sobre todo, una cuestión familiar. Lo demás viene solo y si se encuentra el apoyo necesario de la autoridad, el oficio se ejerce durante más tiempo que si lo hiciera alguien por su cuenta y riesgo.

En cambio, la vida del político mexicano es como la de los elefantes o mejor aún, como la de los árboles. Se mueve sólo cuando hay órdenes de hacerlo y se presenta en su empleo únicamente en el remoto caso de ser indispensable. La vida se mide por curules, por campañas o sexenios.

Se tiene mucho tiempo libre para planear el futuro personal, para fortalecer círculos que los arropen en caso de caer en desgracia por culpa de un descuido de las siempre perfectibles leyes. No necesariamente se tiene que ser un político con notoriedad para disfrutar del placer de imponer su voluntad o ser admirado por otros.

Es cierto, la gente no los aprecia, pero en el fondo les teme y hace cuanto puede para agradarlos y tener alguna oportunidad de disfrutar de los dispendios que los acompañan. Su aura de todopoderosos encandila a buena parte de la sociedad. La población copia sus métodos corruptos de conducirse y los interioriza sin ningún reparo, los hace suyos y luego los sataniza. En un país “educado” por la tele y dirigido a través de teléfonos celulares los políticos son los únicos personajes que en determinados momentos desplazan con sus discursos los contoneos de las estrellas del espectáculo.

En cambio, al maleante sólo sus iguales lo siguen. Su oficio es casi siempre solitario porque en cualquier momento puede terminar su vida o él mismo puede acabar con la de quien lo acompaña.

Ya incrustado en su medio, el político mexicano puede acomodarse en algún rincón de algún instituto político, en una oficina no muy visible de una secretaría sin muchos asuntos que atender o si de plano es muy protagónico y sabe poner buena cara al mal tiempo, se puede alquilar para hacer bulto y aprobar lo que el partido mande en cualquiera de las dos cámaras del Congreso. Como sólo a sí mismo se representa, nadie le exigirá cuentas. En todo caso, su partido será el que dé la cara por él haciéndole una especie de “casita” para que pueda evadir la maledicencia de la opinión pública negativa.

Por supuesto que hay excepciones en ambos bandos, sin embargo, salvo contadas excepciones, ser político en México es más rentable que ser delincuente, pese a que en algún extremo y en repetidas ocasiones las dos profesiones se tocan.

"Tampoco hay postgrados que cultiven el aprendizaje del egoísmo y la ambición rampantes indispensables para poder abrirse paso en esta notable profesión"


Sobre esta noticia

Autor:
Lermanorberto (28 noticias)
Visitas:
4874
Tipo:
Opinión
Licencia:
Copyright autor
¿Problemas con esta noticia?
×
Denunciar esta noticia por

Denunciar

Comentarios

Aún no hay comentarios en esta noticia.