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México: el horror como espectáculo

17/08/2010 18:18 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

Las atrocidades de la guerra contra el narcotráfico y otros linchamientos son difundidos en internet y en los medios de comunicación como un espectáculo de libre consumo

El horror ha ocupado nuestro país, y se ha normalizado en nuestras mentes. Antes, veíamos esta costumbre periodística de exhibir el horror en la televisión o en las fotografías de personas que considerábamos exóticas, porque su origen estaba al otro lado del mundo. Y porque las guerras ocurrían allá, lejos de nuestra conciencia. Una ejecución, un fusilamiento, un cuerpo destrozado sobre la calle, fosas comunes, lapidaciones, nada de ello nos era familiar. Eran ‘ ellos’ .

Hoy, se trata de nosotros, y no sólo porque nos hemos acostumbrado a la exhibición videográfica o fotográfica de crueldades infligidas a las víctimas de violencia en nuestras propias ciudades; sino que, además, mientras extasiados de horror observamos una ejecución con lujo de violencia en la comodidad de nuestro feliz hogar, oficina o escuela, perdemos la sensibilidad ética, o mejor dicho, incurrimos en un tipo de corrupción moral que para decirlo con Michel Walzer, las personas de izquierda (y otros también) debíamos combatir.

Las imágenes de violencia ofrecen un testimonio calamitoso de nuestra perversidad humana. La sangre retrata bien, ha sustituido con éxito a los pobres de los que ya no quiere enterarse el mundo, sube drásticamente el rating, deja ganacias lucrativas y vuelve famosos a los anónimos que dan rienda suelta a su morbo detrás de un lente, como el caso de la fotógrafa mexicana Soledad Vázquez, quien paso a paso va disparando su cámara para recoger cada minuto en el que arde el cuerpo de un joven de 16 años de edad, al ser acusado de intentar asaltar a un taxista en Salinas Cruz, Oaxaca. El grupo de taxistas, frente a policías municipales, rocía gasolina al joven ya golpeado e inmóvil, pero aún vivo y prende su cuerpo. El dolor que sufre el joven es escalofriantemente captado por la fotógrafa como un espectáculo de consumo masivo. Y no se equivocó. Uno de los diarios de corte conservador en la Ciudad de México compró su material y lo puso ‘ en exclusiva’ en la red donde circula libremente ‘ para el consumo de chicos y grandes’ .

Los pavorosos videos de torturas, decapitaciones frente a la cámara, cuerpos mutilados, colgados con mensajes, rostros cubiertos con cinta adhesiva, circulan en la red y por correos electrónicos

Hay una línea muy fina que cruzó la fotógrafa. Habrá periodistas que argumenten la importancia de su trabajo y de darlo a conocer al mundo, pues no sólo se trata de imágenes audaces, sino de realidades dolorosas. Sin embargo, la comercialización de estas imágenes muestra una gran falta de compasión por el joven y por la familia de éste. Muestra ese lado de corrupción moral en pos del mercado. Muestra una gran desvergüenza de fotografiar vivencias demoledoras que se perpetran en imágenes de consumo mercantilista. Pues se trata de un linchamiento ante sus propios ojos, un sufrimiento de horror de una vida real. Y esta atrocidad ha quedado en la memoria de muchos como una fotografía más de ‘ lo que pasa en México’ , pero en el corazón de la madre del joven ha quedado una dolorosa injusticia sin responsables y un odio a una fotógrafa sin ética.

México tiene un presente trágico, poblado de atrocidades, también con la llamada guerra contra el narcotráfico, en la que han sido ejecutadas más de 30 mil personas, según las cifras del gobierno federal. Más de treinta mil espectáculos de horror que los mexicanos hemos consumido en los últimos tres años por diferentes medios. Los pavorosos videos de torturas, decapitaciones frente a la cámara, cuerpos desollados, mutilados, destazados, colgados con mensajes de amenazas, rostros cubiertos con cinta adhesiva, circulan en la red y por correos electrónicos. Son videos grabados desde los celulares de los mismos miembros de los cárteles de narcotraficantes ‘ para su difusión’ , como reza los mensajes de envío. Estos videos nos los hacen llegar a nuestros correos personales, especialmente si somos periodistas, pero con igual libertad circulan por la red entre jóvenes y adultos. Las televisoras y los diarios participan de la construcción de este espectáculo. Y los más audaces crean sus blogs y sus páginas web para incrementar sus ganancias con el consumo de moda: el horror.

¿Qué se quiere enseñar con estas atrocidades? Nuestra mirada ha normalizado el horror, lo ha grabado en nuestra memoria colectiva, y lo lanza de manera indiferente, corrompida, ?cada que hay oportunidad? al escenario público. Y mientras nos arranca un ¡Qué terrible!, los muertos están entre nosotros.

La sangre retrata bien, ha sustituido con éxito a los pobres, sube drásticamente el rating, deja ganacias lucrativas y vuelve famosos a los anónimos


Sobre esta noticia

Autor:
Guadalupe Lizárraga (28 noticias)
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