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En México: Historias de la Chulanga: "Y ella preguntó: ¿Te molestaría verme con otro?"

27/01/2010 08:33 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

Esta mujer/narradora se desnuda frente a los lectores; expone su libido sin vergüenza ni tapujos. Libertad que cifra gestos en alocución espontánea que conmueve por su certeza

Eran pasadas las nueve cuando desperté relajada al lado de Mi Doctor, después de una noche llena de amor que me dejó exhausta. Sus caricias tienen el don de transportarme a otro mundo y dejarme vagando en un estado entre el cielo y la tierra. Nada me gusta más que ese sentimiento de inigualable unidad porque sólo así, con nuestros cuerpos entremezclados, alcanzamos un vuelo virtual al infinito del que cada uno regresa a su ritmo, al estado de simples mortales anclados a la tierra.

He descubierto que la prueba inequívoca para comprobar que uno duerme con la persona correcta está en la primera décima de segundo en que, después de cabalgar por el mundo de los sueños, uno despierta, toma conciencia de sí mismo y reconoce a la persona con la que comparte su cama. En ese primer instante de regreso a la realidad, es cuando uno se alegra o se deprime por estar ahí, con esa compañía. Mucho tiempo, durante mi matrimonio, ese abrir de ojos estuvo lleno de desilusión; ahora sé que prefiero mi despertar solitario al tedio de la mala compañía; me inclino más por la sorpresa que por la decepción.

Abrí, pues, los ojos y me encontré con que MiDoctor llevaba un rato despierto concentrado en un libro. Mi alegría al saber que es él con quien comparto la cama me iluminó de inmediato y me le acerqué instintivamente.

—Los huesos de Descartes, es de Russell Shorto —me dijo.

—¿Los huesos?

—Sí, habla de las consecuencias de la filosofía de Descartes en el mundo. Cuando murió lo enterraron en Estocolmo y quince años más tarde llevaron sus restos a París, por eso lleva ese título.

—Cuéntame más —le pedí y volví a cerrar los ojos para que su voz me arrullara y pudiera yo despertar de nuevo.

—Descartes afirma que el método para obtener conocimiento está basado en la observación y no en la aceptación del dogma; a partir de entonces la palabra ciencia adquiere otra acepción. Imagínate, pone en duda en 1637 todo el conocimiento basado en la Biblia y en las enseñanzas de Aristóteles. La base de su pensamiento afirma que todo puede cuestionarse, que aquel que da por hecho todo, no piensa; de ahí su famoso dicho: “Pienso, luego existo”; “Cogito, ergo sum”, ”I think, therefore I am”. A partir de entonces, inicios de 1700, cambia la forma de ver el mundo. Mira, esto te va a encantar: en el segundo capítulo, Shorto habla de los primeros seguidores de Descartes, los cartesianos, quienes primero afirmaron que la sociedad le había negado a la mujer el derecho a entender y expresar su placer sexual con el fin de controlarla. A partir de ese momento empiezan a surgir libros de sexualidad, incluyendo los del Marqués de Sade —desperté del todo.

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—Yo hubiera pensado que esas teorías son mucho más modernas. Imaginé que sería en los años sesenta, en la época de los hippies y de la revolución sexual. ¿No se te hace que las ideas de Descartes tardaron demasiado en proliferar? —dejó el libro a un lado y se acostó sobre de mí.

—Poca gente se cuestiona, la mayoría prefiere creer… por eso una sociedad tarda tanto en cambiar. Para Descartes, uno no debe fiarse ni siquiera de sus sentidos.

—Me imagino que así piensas tú también, pero dime, ¿qué tan liberal eres? En serio, ¿te molestaría verme con otro? —aproveché la ocasión para tocar un tema que tenía pendiente y apenas terminé la pregunta sentí sus ojos clavados en los míos, pude ver en su rostro la sonrisa traviesa que tanto me gusta y me dio miedo ser yo la que no soportara verlo con Natalia.

—Mi placer es tu placer… entiéndeme bien. Para mí, lo más importante en cualquier relación es que no haya mentiras. Yo, como Descartes, dudo de absolutamente todo lo que determina nuestra sociedad, pero entre más viejo me hago, más puedo confirmar que el amor verdadero no acaba nunca.

Cuando escuché sus palabras salté sobre él con la certeza de que nosotros nos querríamos por siempre, comencé a besarle el cuerpo entero y no lo dejé en paz hasta que metió en mí todas sus ganas. En lugar de quedarme a descansar a su lado, me fui a la cocina a llamarle a Natalia y organizar con ella la fiesta que teníamos pendiente. Le dije que MiDoctor ahora sí estaba invitado, que pusiera a enfriar el vino que no abrimos la semana pasada. Ella me interrumpió con una voz triste recordándome que le quedaban sólo tres semanas más en la ciudad, que ya pronto regresaría a su casa de la playa… hicimos planes para sacar fotos con mis hijas, para intercambiar las recetas de algunos platillos y cuando nos quedamos mudas de tristeza, usé la frase que MiDoctor me acababa de enseñar y le aseguré que el verdadero amor no acaba nunca.

Nora Emilia

lachulanga@gmail.com


Sobre esta noticia

Autor:
Ariel (3890 noticias)
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Tipo:
Nota de prensa
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