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México y Brasil ante la crisis de Honduras

25/09/2009 21:50 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

México y Brasil son los dos países más grandes y poblados en América Latina. El territorio mexicano totaliza 1 972 550 kilómetros cuadros, mientras que el de Brasil lo cuadruplica con 8 511 965 kilómetros cuadrados

… los Estados Unidos Mexicanos y el Imperio de Brasil están destinados a ser las primeras naciones de las nuevas del continente americano, ya por su posición geográfica como por el arreglo y economía de la marcha de su administración; que las relaciones que se establezcan consolidarán los intereses recíprocos, y que las dos naciones prestarán en la balanza de la política americana todo el poder necesario para sostener el equilibrio y uniformar las relaciones internacionales.

Visión del gobierno de Anastasio Bustamante en 1831, respecto al establecimiento de relaciones diplomáticas con Brasil

http://galeria.calderon.presidencia.gob.mx/main.php?g2_view=core.DownloadItem&g2_itemId=32698&g2_serialNumber=2

Existen 108 700 891 mexicanos y 183 888 841 brasileños. En términos del producto interno bruto (PIB), Brasil es la segunda economía más importante del continente americano con 1. 9 billones de dólares (en términos de su poder adquisitivo), sólo superada por Estados Unidos. México tiene un PIB de 1. 5 billones de dólares. Sumando el PIB de México y Brasil, el resultado supera al PIB de Alemania.

Los dos son países en desarrollo. En los índices de desarrollo humano del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), México se encuentra en el 51º lugar, entre los países de alto desarrollo humano, misma categoría en que figura Brasil, aunque en la 70ª posición. Pero estas cifras no dan cuenta de las profundas asimetrías sociales y económicas que enfrentan los dos países, mismos que congregan en sus territorios a la mitad del total de los pobres de América Latina.

Encuentros y desencuentros

Si se caracterizara a las relaciones entre México y Brasil, las palabras más adecuadas serían “encuentros y desencuentros”, en una especie de vinculación pendular. Pese a enfrentar problemáticas afines por su condición de países periféricos, con una pésima distribución de la riqueza y estando fuertemente endeudados, no han logrado cerrar filas para contar con mejores capacidades de negociación frente a los más poderosos. Antes bien, la rivalidad entre México y Brasil ha sido la norma, quizá porque cada uno percibe al otro como un “intruso” en su respectiva región geográfica. Por supuesto que los dos países han tenido importantes coincidencias, por ejemplo, en la década de los 80, ante la crisis del endeudamiento externo, cuya magnitud hermanó a México y Brasil, aunque al final terminaron negociando de manera individual con los acreedores.

Cabe destacar que en los libros sobre la historia de la política exterior de México y de Brasil, las referencias a las relaciones mutuas son escasas. Para los dos países, las relaciones con Estados Unidos constituyen una alta prioridad aunque por razones distintas. A México, que comparte una frontera terrestre de 3 326 kilómetros con la Unión Americana, que tiene una enorme diáspora mexicana residente en Estados Unidos, además de estrechas relaciones comerciales y financieras con esa nación, le resulta difícil volver los ojos a otras regiones. Brasil, en contraste, que mantiene fronteras con 10 países –es decir, todo el cono sur salvo Chile y Ecuador- que totalizan 14 691 kilómetros, ciertamente tiende a dirigir su atención a sus vecinos, aunque también a Estados Unidos, Alemania, Japón, y la RP China por la importancia comercial y política que revisten para el gigantesco país. Con todo, Brasil históricamente se ha sensibilizado más acerca de la importancia de sus relaciones con los países latinoamericanos, de lo que lo ha hecho México.

Los datos referidos, son un punto de partida para explicar la histórica rivalidad y los desencuentros entre México y Brasil. Luego de obtener la independencia por canales distintos –la mexicana fue producto de una sangrienta revolución, mientras que la brasileña se obtuvo a través de una negociación con Portugal-, los factores que determinarían el carácter de los vínculos entre las dos naciones, prácticamente estaban definidos, destacando

  • Continuará..

    la lejanía geográfica;

  • la interposición de Estados Unidos;

  • el reconocimiento mutuo a un liderazgo regional facilitado por la distancia; y

  • la naturaleza competitiva, no complementaria, de las dos economías.

  • Para poner en contexto estos rasgos definitorios de las relaciones entre México y Brasil, es necesario hacer un breve recorrido histórico por los contactos desarrollados por ambas naciones. Así, en las primeras décadas del siglo XIX, luego de que México y Brasil nacieron a la vida independiente, la lejanía geográfica fue un factor que contribuyó a demorar el establecimiento de relaciones comerciales y políticas fluidas. Los representantes diplomáticos de los dos Estados se encontraron a menudo gestionando sus relaciones bilaterales en un tercer país, la Gran Bretaña, potencia de la época y de la que buscaban el reconocimiento como naciones independientes. Siendo tan importante el reconocimiento británico para los dos países, otras consideraciones parecían menos apremiantes. Con todo, México fue el segundo país en reconocer la independencia de Brasil el 9 de marzo de 1825, sólo detrás de Estados Unidos. Es en esa misma fecha que se establecen las relaciones diplomáticas entre las dos naciones.

    Si bien existía –y subsiste- un reconocimiento mutuo respecto a la importancia que tanto México como Brasil tienen en sus respectivas regiones, e inclusive, en los acontecimientos del continente americano, el factor geográfico ha desestimulado los contactos bilaterales por largo tiempo. Inclusive al comenzar el siglo XX, la ruta más directa para viajar de México al cono sur era extenuante.

    En consecuencia, era costoso para el erario de ambas naciones, crear y mantener representaciones diplomáticas en el otro país. Para México, debido a las contiendas armadas con Estados Unidos; la pérdida, a manos de ese país de más de la mitad del territorio nacional; y considerando también las pugnas internas entre liberales y conservadores, los recursos presupuestales eran muy limitados, como lo mostró la decisión de Benito Juárez de declararse insolvente, situación que a su vez precipitó la intervención francesa. A lo largo de las décadas de los años 30, 40 y 50 del siglo XIX, era frecuente que las autoridades mexicanas debatieran lo costoso de mantener una representación diplomática en tierras brasileñas, ante las limitaciones presupuestales existentes.

    Pero además, ante tantos conflictos con los países poderosos, México apelaba al apoyo de las naciones latinoamericanas, quienes difícilmente podían ir más allá de las simpatías y la solidaridad moral, toda vez que no deseaban involucrarse en una dinámica que les generara tensiones con las potencias europeas ni con Estados Unidos. Tampoco hay que perder de vista los graves conflictos que enfrentaron los países sudamericanos tanto en el siglo XIX como en el XX, en buena medida, por el injerencismo de las potencias. En consecuencia, la vecindad geográfica con Estados Unidos estaba llamada a ocupar buena parte de las energías y los esfuerzos del gobierno mexicano, y los vínculos con América Latina tendrían un nivel de prioridad secundario. De manera análoga, los problemas que padecían los países sudamericanos los sensibilizaban más respecto a los vecinos y a las potencias involucradas, y México era visto como un territorio remoto.

    Un episodio muy interesante en las relaciones entre México y Brasil, se produjo durante la intervención francesa en México. Como es sabido, Maximiliano y Pedro II eran primos hermanos, y una vez en el poder, el primero buscó el reconocimiento de los países latinoamericanos a su gobierno.
  • Por supuesto que le era muy importante el reconocimiento de Brasil. Sin embargo, el resto de los países latinoamericanos reprobaban el imperialismo europeo, lo cual, a su vez, limitaba los márgenes de maniobra del gobierno brasileño. Este, ciertamente pospuso la audiencia a Pedro Escandón, el enviado de Maximiano, haciéndolo esperar un mes –de enero a febrero de 1865- antes de que pudiera presentar sus cartas credenciales a Pedro II. En consecuencia, en los siguientes años, las relaciones entre México y Brasil se enfriaron debido al disgusto que el gobierno mexicano poseía por la decisión de Pedro II de haber reconocido al efímero régimen de Maximiliano.

La autora de este articulo: María Cristina Rosas Profesora e investigadora en la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la UNAM


Sobre esta noticia

Autor:
Ariel (3890 noticias)
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Tipo:
Nota de prensa
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