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De México a Argentina pasando por Colombia, el submundo de la explotación infantil

08/03/2012 20:30 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

Esta no es la segunda parte del trabajo de los niños esclavos. Es un aspecto diferente de la explotación infantil que va de las horas interminables a el sexo de los patronos

Las peores formas del trabajo doméstico infantil se dan por vía del trato, situación de esclavitud, abusos o explotación sexuales, o la realización de un trabajo considerado como peligroso. Los niños trabajadores domésticos que trabajan fuera del hogar familiar son los más vulnerables y explotados.

La mayoría de los afectados son niñas, poseen escasa educación y normalmente provienen de familias pobres y a veces rotas. Ese trabajo se hace incluso más peligroso cuando se lleva a los niños a otras ciudades o países para trabajar como sirvientes domésticos.

Las causas fundamentales de la existencia del trabajo infantil doméstico son múltiples, entre las que sobresalen la pobreza y su feminización, la exclusión social, la falta de educación, la discriminación de género y étnica, la violencia doméstica, los desplazamientos, el éxodo rural y la pérdida de los padres por conflictos y enfermedades.

Las graves consecuencias son la falta de acceso a la escolarización, al juego infantil y a una socialización básica, alejamiento de sus familias con privación de todo afecto y apoyo de los más próximos. Generalmente empiezan a trabajar a una edad muy temprana, asumen excesivas responsabilidades como el cuidado de otros niños, manejo de utensilios peligrosos, interminables jornadas de trabajo, con escasa o nula remuneración.

A pesar de los avances en la lucha contra la explotación infantil, aún se requiere que muchos países aclaren y regulen la situación de los niños y niñas empleados en el trabajo doméstico y, por otro lado, acaben drásticamente con la situación de esclavitud de muchos.

El perfil mayoritario de las víctimas. Suelen tener entre los 5 y 17 años. La gran mayoría de ellos son niñas (salvo en algunas zonas, como Sudáfrica o Nepal). Provienen de familias pobres y destrozadas, ya sea por conflictos bélicos, fenómenos naturales o por la incidencia del sida. Casi siempre tienen una escasa educación.

Los abusos que sufren

Sufren el incumplimiento sistemático de los derechos que se les reconoce en la Convención de Naciones Unidas, como su derecho a recibir una educación, atención sanitaria adecuada, contacto con otros niños y otros aspectos. El trabajo infantil doméstico, por lo tanto, debe entenderse y enmarcarse conjuntamente con cuestiones tan serias como el tráfico de niños, el abuso sexual y la explotación para el comercio sexual infantil:

Realizan interminables jornadas de trabajo, de hasta 18 horas, sin períodos de descanso. Malos tratos por parte de sus ‘amos’, él o ella. La mayoría de niñas en esta situación sufren abusos sexuales, en algún momento de su servicio en familias. Y no tienen contacto con ninguna autoridad que les ampare y si tratan de cedera alguna autoridad sí tienen el peligro de ser descubiertas y en el mejor de los casos, despedidas.

Las causas de la barbarie

Discriminación de género y étnica. Violencia doméstica muchas veces debida a diferencias étnicas, en las que la sirvienta, de entrada, es de raza inferior. Eso ocurrió en Sudáfrica en los días del “Apartheid” y en ese contexto, las iglesias jugaron un papel positivo importante contra los racistas blancos. Los éxodos rurales hacia la ciudad.

Las zonas más calientes

En Haití al menos 250.000 niños trabajan en el servicio doméstico, de los que el 10% tiene menos de 10 años.

En Guatemala 40.000 niños de entre 5 y 17 años trabajan en el ámbito doméstico, y el 90% son niñas. En Paraguay, Perú, Brasil y Colombia la Organización Internacional del Trabajo (OIT) reveló que el 83, 5% de los niños empleados domésticos eran niñas.

En Vietnam, el 60% de las niñas trabajadoras de entre 10 y 14 años lo hacen en el servicio doméstico. Sólo en Hanoi, uno de cada 100 hogares emplean a una trabajadora doméstica de menos de 16 años. En Filipinas se calcula que hay 230.000 niños trabajando en hogares, de los que 120.000 lo hacen como internos, en casas ajenas.

India: Un estudio realizado en ese país revela que el 70% de los ‘esclavos domésticos’ sufren malos tratos y el 33% de las niñas sufren abusos sexuales o sirven de hecho como mancebas del señor de la casa. En Bangladesh se acepta como un hecho normal el que las niñas y adolescentes del país sólo tengan tres salidas para el mañana, todas vinculadas con la ropa: trabajar en las fábricas de ropa, lavar la ropa como criadas o quitarse la ropa para prostituirse.

En Marruecos el 70% de las niñas de entre 7 y 14 años que ejercen el servicio doméstico no acude a la escuela o no ha ido nunca. El dueño de la casa lo es también del acceso sexual a las domésticas. En la capital de Etiopía, Addis Abeba, por ejemplo, un 43% de las niñas trabajadores domésticas entre los 11 y los 14 años de edad aseguran recibir algún tipo de maltrato físico y hasta un 67% confesaban ser acosadas sexualmente.

El trabajo agrícola en México un calvario para los niños esclavos casi desamparados del poder

En México, 3.6 millones de niños y niñas de entre cinco y 17 años de edad trabajan en la agricultura, uno de los tres sectores laborales más peligrosos para los mexicanos. Junto con la construcción y la minería (naturalmente el grave problema de los narcos supera los trabajos más peligrosos pero eso trataremos en otro momento) el director de la oficina de la Organización Internacional del Trabajo (OIT) para Cuba y México, Germán López Morales lamentó esta situación. El 60% de los trabajadores infantiles son del sexo masculino.

El agrícola es uno de los sectores con mayor tasa de explotación infantil. El 40% de todos los niños contabilizados oficialmente pertenecen a este sector. Le sigue el comercio y el servicio doméstico. Muchos de estos niños combinan el “trabajo” con la asistencia a la Escuela. Pero más del 40% de ellos no pisa la escuela, solo trabaja. Y en la práctica, todos los niños que trabajan son víctimas del mal llamado “fracaso escolar”.

Y si esto se sabe, habiendo cifras que -como en el caso de Colombia- proporcionan datos a las instituciones al Estado, ¿por qué no se hace algo decididamente eficaz contra este delito de lesa humanidad? Porque las leyes -es decir, la auténtica voluntad política- son inexistentes y “flexibles” para los explotadores, que lo saben y se aprovechan.

“México tiene un camino recorrido y tiene aún un camino por recorrer, pero muchos miran de cerca lo que ocurre aquí en este campo”, advirtió López Morales, durante la presentación del proyecto Alto al Trabajo Infantil en la Agricultura. A ese evento presidido por López Morales estuvieron presentes Susana Sottoli, representante de la UNICEF en México, y el secretario del Trabajo, Javier Lozano, quien aseveró que el gobierno mexicano se puso como plazo el 2015 para terminar con la explotación laboral de niños menores de 17 años en sectores de riesgo.

Anunció que con el aval de la UNICEF y la OIT, el gobierno mexicano pondrá en marcha el proyecto antes citado, que tiene el objetivo de brindar ayuda a niños jornaleros en campos de Veracruz, Sinaloa, Chiapas y Michoacán, además de crear mecanismos para la prevención y erradicación del trabajo infantil agrícola.

Susana Sottoli indicó que además de estos programas de ayuda se necesita sobre todo de la voluntad política de los gobernantes para erradicar la explotación de niños en trabajos pesados.

Un paseo por Ciudad de México da una idea a cualquier visitante de la realidad triste de los niños mexicanos

Los niños de ese país no están protegidos contra su explotación laboral y desde muy temprana edad muchos comienzan a trabajar en lugar de acudir a la escuela. Pero, aun así, sorprende conocer su cifra: casi cinco millones de menores de entre seis y 14 años trabajan.

Lo dice el informe que ha presentado recientemente la Comisión Nacional de los Derechos Humanos, que desvela, además, las terribles condiciones que soportan los niños desde que se incorporan al mercado laboral. Por ejemplo, 1, 3 millones ni siquiera obtiene una remuneración más allá de la propina que el patrono quiera darles. Y 600.000 lo hacen como jornaleros en el campo.

"A pesar de tener derechos reconocidos por diversos estamentos internacionales y por la legislación nacional, la niñez mexicana es víctima de la explotación laboral", según ha denunciado la CNDH en un comunicado de prensa.

La realidad revela que con seis años se les pone a partirse el lomo en la agricultura, con jornadas de ocho a 14 horas y expuestos, sin protección alguna, a pesticidas y condiciones climatológicas extremas.

Lo que un día escribimos del amianto tiene su repetición en los niños-esmeralda de Colombia

La infancia mexicana, sostiene la Comisión, "padece constantemente violencia, explotación y abuso" y corre el riesgo de "ver afectado su desarrollo físico, mental y moral". Por ello, exige a las autoridades mexicanas "una vigilancia más eficaz, además del reconocimiento y respeto al derecho de la infancia mexicana a la alimentación, atención médica, educación y un sano esparcimiento y desarrollo".

Argentina es una sociedad prácticamente desconocida en Europa. Los problemas laborales apenas empiezan ahora a saberse con motivo de los sucesos de la Patagonia

En un amplio y acrecentado sector de la sociedad argentina se acentúa la necesidad de una incorporación temprana de los hijos a la actividad laboral para contribuir al ingreso familiar pues las familias en situación de pobreza se han ampliado muy significativamente. La proporción de hogares con niveles de ingresos insuficientes para cubrir sus necesidades básicas es dramática.

Diferentes estudios relacionados con la situación rural han mostrado la significativa disminución de la población adulta activa en el trabajo agrario a la que corresponde paralelamente el aumento del trabajo de niños en el campo argentino.

El sector rural está caracterizado como invisible y por eso las cifras son aleatorias, el tipo de trabajo al que no puede llegar ningún servicio de inspección. La relación no permanente en el ámbito rural es la circunstancia que más contribuye a la esclavitud infantil. Los periodos del tipo de relación trabajador-patrono son de difícil constatación y eso es malo para el niño. ¿Quién lo controla? ¿Quién protege al menor? y, al igual que en el sector urbano, la precarización de las relaciones laborales se ha incrementado de forma constante.

Aunque actualmente es considerable el número de menores que trabajan y también de los que andan buscando empleo es precisa la búsqueda de más mano de obra.

En el contexto de una desfavorable situación en el mercado de trabajo se observa que los que se ven obligados o forzados a aceptar condiciones leoninas de trabajo que les ofrecen, luego tienen que desempeñarse en condiciones laborales inadecuadas, de gran riesgo y peligrosas para su salud.

En noviembre de 1989, la Asamblea General de las Naciones Unidas aprobó la Convención sobre los Derechos del Niño, que Argentina ratificó por la Ley Nº 23.849, en octubre de 1990.

Esta Convención refleja un consenso internacional y en un breve período de tiempo se ha convertido en el tratado de derechos humanos más ampliamente aceptado, aunque su cumplimiento en casi 25 años de vigencia ha dependido de la voluntad de los gobiernos y no ha sido cumplida en gran parte. Sintomáticamente no fue ni tan siquiera ratificada por dos países: Estados Unidos y Somalia. Firmaron la ratificación 191 estados.

En numerosos países, la vida de los niños sigue hoy amenazada por conflictos armados, trabajo infantil, la explotación sexual y otras violaciones a los derechos humanos.

En muchos lugares, los niños que viven en zonas rurales tienen menos oportunidades de obtener una educación básica o de acceder a los servicios de salud que los niños de la ciudad. La convención afirma que tales disparidades son también una violación de los derechos humanos.

A 23 años de su aprobación, la problemática del Trabajo Infantil en Argentina y sus consecuencias, sigue vigente. Los datos de la Organización Internacional del Trabajo (OIT) y Unicef Argentina, son subjetivos, pero es lo único a que referirse.

Según datos de Unicef, en Argentina:

* El 59% de los niños del país vive en la pobreza, según datos del INDEC y el Banco Mundial. O sea que el 59% de los niños del país son oficialmente pobres. Es decir, hay 5´8 millones de pobres menores de 14 años en Argentina.

* Hay cerca de 400.000 menores de 14 años que trabajan

. El 73% de ellos lo hace en zonas urbanas, por lo general en los servicios. El 27% restante lo hace en el campo, en diversas actividades: cuidado de la huerta o granja, trabajos a destajo de tipo estacional e intensivo, cosechas de tabaco o algodón, recolección de frutas o zafras.

Teniendo en cuenta que las implicaciones del trabajo infantil llevan a los niños a estar absorbidos toda la jornada las relativas a la educación y la formación profesional del niño, quedan a un lado. De hecho el trabajo infantil da lugar al analfabetismo y provoca la deserción escolar.

La discriminación del niño que trabaja le excluye, al limitarle las oportunidades de acceso al descanso apropiado, esparcimiento, juego, actividades recreativas propias de su edad y a participar libremente en la vida cultural y en la educación.

La principal causa del trabajo infantil es la pobreza y las familias que la afrontan se ven obligadas muchas veces a recurrir al trabajo de todos sus miembros, inclusive de escasa edad. En el caso del niño que ha roto sus vínculos familiares, el trabajo es una opción ineludible para sobrevivir.

En el medio urbano, el trabajo infantil implica generalmente alguna actitud coercitiva por parte de los adultos, que suele entrañar alguna forma de explotación, violencia y /o abandono. La entrega de tareas de cuidado del hogar a los niños, muchas de las cuales requieren responsabilidad adulta, como el cuidado de los niños más pequeños, entraña también un grado de abandono social de la infancia.

La actividad laboral es una importante fuente de riesgo para la salud y la integridad del niño. Dada su fragilidad, inexperiencia y falta de información o de conocimientos sobre la materia, el niño afronta riesgos laborales superiores a los que afronta el trabajador adulto en tareas similares. Es por ello que la incorporación prematura en trabajo ocasiona un desgaste precoz y la aparición de patologías críticas.

El niño que trabaja habitualmente para subsistir y no concurre a la escuela, está hipotecando su futuro.

Los niños y niñas que realizan alguna actividad para obtener ingresos, como vender objetos en bares, medios de transporte o en la calle, abrir la puerta de los autos, "cuidarlos" mientras están estacionados, lavar parabrisas o coches, así como juntar desechos o elementos de la basura, solos o junto a algún miembro de su familia, constituyen una realidad visible que podemos observar día a día.

Sin embargo, los chicos que realizan este tipo de actividades, muchas de las cuales no son fácilmente asimilables a la vida del trabajo, son sólo una parte muy limitada del multifacético universo de los chicos que trabajan.

Colombia: Los niños-esmeralda

Alrededor de 10.000 niños entre 10 a 15 años de edad trabajan filtrando con pala y tamices las sobras y desechos de piedras y lodo procedentes de las minas de esmeraldas de Muzo, a 90 kms de Bogotá, (Colombia)

El trabajo consiste en buscar minúsculas esmeraldas o polvo de ellas escapado del filtro de la mina. Son piedras de un intenso verde, consideradas por los gemólogos como las de mayor calidad del mundo. También utilizan a los niños flacos y pequeños para picar en túneles demasiado estrechos para cualquier otro niño.

La vida de Muzo gira alrededor de la explotación de esmeraldas y para esa comunidad minera «cada uno practica la minería por su cuenta donde quiere sin apoyarse en la comunidad, ni depender de otras familias o asociarse con ellas». Y por supuesto son los propios padres quienes enseñan a sus hijos, desde tierna edad, a la faena de la extracción de la esmeralda. Es una de las localidades de Colombia con mayor índice de analfabetismo. El estímulo a la escuela simplemente no existe. Otra característica de Muzo es el hacinamiento: parece que es el Dorado. Promedio: 10 personas por habitación.

El 55% del mercado mundial de esmeraldas proviene de Colombia, que tiene las piedras más finas del mundo.

La explotación de esmeraldas exige a los niños y niñas un gran esfuerzo físico y los somete a diversos riesgos para su salud e integridad físicas (los niños-esmeralda trabajan a temperaturas extremas, olores tóxicos o la presencia de polvo en el ambiente, picaduras de insectos y mordeduras de animales, ruidos o vibraciones durante horas). Baten record en enfermedades respiratorias, y la mayoría son sordos. Es el municipio con mayor número de menores enfermos.

Viven bajo una presión que los impacta psicológicamente. Es una violación a los derechos humanos de los niños, mucho peor que la de los niños-guerrilleros.

Cuando veamos un zarcillo, collar o anillo con esmeraldas, tratemos de observar bien esas piezas, seguro que en la parte más densa, más íntima de esa piedra, descubriremos la silueta del rostro de uno de esos niños que se quedó sin futuro.


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