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Meter al Cliente en el Probador

02/11/2010 14:07 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

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Hace unos días, en un viaja en AVE a Barcelona, sentadas detrás de mi hablaban dos mujeres, el volumen de su conversación era lo suficientemente alto como para permitirme deducir por su conversación que pertenecían al mundo comercial, y mas concretamente, que debían de ser dependientas de una determinada firma de ropa.

De lo que inevitablemente escuché, hubo una frase que me llamo la atención y me pareció muy significativa, le decía una de ellas a su compañera: "cuando consigo meter al cliente en el probador, la venta esta asegurada". Esta afirmación tan rotunda es debida sin duda a que confía en el producto que vende y a que cuenta con un probador optimo para ello (de aquí la importancia que tiene ese lugar especifico de la tienda y del que hablamos en una entrada anterior) y sabe que si consigue que la persona llegue a probarse algún articulo de su agrado difícilmente podrá resistirse a comprarlo.

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Esto que parece tan difícil es la base del comercio hoy en día -cuando la mayoría de las compras que hacemos ya no son por necesidad, sino por impulso-, que todo quede al alcance de la mano, expuesto de la manera más atractiva posible para que al cliente le parezca apetecible y se decida probarlo. Esto en resumidas cuentas es en lo que consiste la famosa experiencia de compra: probar el producto, sea del tipo que sea, hacernos protagonistas por un momento, sentirlo ya nuestro en ese instante, para así incitarnos a su compra.

Muchas veces cuando hablamos de ello pensamos que tener una experiencia de compra en una tienda es difícil, caro, y que la mayoría de las veces tiene mas que ver que ver con el uso de ordenadores y y ultimas tecnologías, y sin que esto sea del todo, también se puede conseguir de una manera mucho mas sencilla y desde luego el probador es uno de los lugares mas indicados para ello, pero eso sí, tiene que ser un probador que reúna buenas condiciones: tiene que ser un lugar mas o menos amplio y cómodo, que no tenga una luz directa que marque tus defectos, que permita distinguir los colores claramente, equipado con un espejo de buen tamaño que no desvirtúe o si lo hace que sea para bien, con colgadores adecuados y en numero suficiente para dejar las prendas, etc; y por descontado y aunque parezca una obviedad, que esté impecablemente limpio (todos hemos pasado por algun probador lleno de pelusas y pinzas de otras prendas). En definitiva, un lugar donde encontrarnos cómodos y a gusto, un ambiente que nos predisponga a vernos a nosotros mismos de la mejor manera posible y nos permita experimentar como un momento placentero el tiempo que pasemos en su interior.

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Según una encuesta realizada por Fitness Magazine y ampliada por el diario estadounidense USA Today a más de mil mujeres, el 88% afirmaba que al entrar al probador tenían una opinión peor de su cuerpo. Ese 88% de las encuestadas afirmaba que cambiaría, como si fuera por arte de magia, alguna parte de su cuerpo. Un 42% se estrecharía la cintura, un 23% las caderas y los muslos, un 10% el trasero, un 10% el pecho y un 4% los brazos.

Y de las comparaciones, mejor ni hablar. Y es que un 59% afirma que no se probaría nunca la ropa en un probador público -algo similar a los de las instalaciones deportivas-. Por su parte, un porcentaje muy cercano al 64% afirma que no hay ninguna duda de que ir de tiendas en busca de nuevos modelos es malo para la autoestima, en tanto que un 80% pensaba después de salir del probador que les sobraban 15 kg de peso, e incluso, una de cada diez confesó que había llorado alguna vez en un probador.

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Un 21% confesó haber mentido alguna vez sobre sus medidas. Además, la encuesta reveló que al menos un 14% había rechazado la ayuda de un dependiente para no tener que revelar su talla, que normalmente no suele ser la que acaban comprando. De hecho, un 39% había adquirido alguna vez algo demasiado pequeño con la intención de ponérselo una vez que hubieran adelgazado y un 15% reconoció haber sufrido algún pequeño percance como rasgaduras o apertura de las costuras por haber elegido una talla menor de la que les correspondía.

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¿Cuál es la forma de perderle el miedo al probador? Para algunas, no pasar por él y elegir la talla que les parece la más aproximada a la suya; para otras, respirar hondo y pasar el trago lo antes posible. Aunque ese no es el camino. Lo recomendable es buscar los puntos positivos y elegir la talla adecuada. Todo ello acompañado, en la medida de lo posible, de una actitud positiva y de hacer el esfuerzo de olvidarse por unos segundos de la autocrítica.

Las imagenes que ilustran esta entrada corresponden a la tienda Bottega y Veneta en Shanghai


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