Metamorfosis de la envidia: un cruce de espadas con la vida
Por Raysa White
En todo el tiempo que viví en La Habana –quizá veinticinco años- usé unos diez pares de zapatos. Cuatro de ellos los tuve, recuerdo, las plantillas cocidas con alambre. Qué dolor en los pies cuando me acostaba y mayor cuando me levantaba. No podía dar un paso. Aún así había personas que sentían envidia porque, en medio de aquel dolor infame, sonreía.
Por qué traigo esta historia. La envidia es una emoción tan despreciable que Dios la situó entre los siete pecados capitales. Lo que equivale a decir que quien desea vehementemente y siente escozor por lo que el otro es capaz de conseguir, o es incapaz de soportar el éxito ajeno, no merece clemencia. La envidia, aunque no lo creáis, puede llevar al crimen. La humanidad conoce dos famosos sólo por esta causa: la muerte de Abel a manos de Caín y la crucifixión de Cristo.
Sin embargo.
Aquí en Dominicana, Palmón (*) - un pintor, a quien descubrí una vez de puro frac en medio del verano-, sorprendentemente no conocía la envidia, y una vez “diz que pintando”, dio de bruces con ella y cayó en tumbos por las escaleras de su casa. Como no es hombre de fracasos, se incorporó rápidamente, sacudióse el polvo y empezó a pintar, pero en lugar de ultimar a la asesina la entrampó en su pincel creador, nada vengativo, y fue llevándola a golpe de color hacia una nueva identidad. Creando la serie que propició en su quehacer una nueva etapa. Esto en arte se llama crecer.
El pintor dominicano opta por la bondad -que es, a la vez, belleza. Colocó al nefasto sentimiento en la etapa de gusano y lo convirtió en mariposa.
La envidia suele verse verde u amarilla. La pasión y la acción que se ponen en ella llaman al color rojo. No es casual que al unirse la luz roja y la verde aparezca un amarillo. Palmón le introduce el azul que se va comiendo en una secuencia de cuadros al verde y al amarillo. El simbolismo se haya bien enfocado. Cuando comienzan a aparecer las alas, reina sólo la pasión del creador, y el azul cuasi morado nos conduce a un momento místico, a un toque de espiritualidad.
Con la Metamorfosis del gusano de la envidia Palmón construye un nuevo ser y una nueva colección ahora más envidiable. Lo cual quiere decir: ya está triunfando. O dicho de otro modo, es digno de envidiar.
(*) Pancracio Almonte, pintor dominicano










