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Messi en su laberinto

12/09/2009 19:00 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

Frustraciones que no se detienen. Broncas ocultas que van por dentro. Las respuestas a tantas demandas que no llegan. Se percibe abatimiento en Lionel Messi, a poco tiempo de aquellos días felices con el multicampeón Barcelona

Messi en su laberinto

11 septiembre 2009 02:00 AM

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Por Martín Castilla

De la Redacción de LA NACION

Frustraciones que no se detienen. Broncas ocultas que van por dentro. Las respuestas a tantas demandas que no llegan. Se percibe abatimiento en Lionel Messi, a poco tiempo de aquellos días felices con el multicampeón Barcelona. No puede con su genio. Ni con su ánimo. Quiere demostrar su condición de "distinto", pero detesta oír la palabra "salvador". Esperó el partido con Brasil para soltar los nervios maniatados, pero no pudo. Mucho menos lo consiguió anteayer con Paraguay.

Habían pasado quince minutos de la derrota con Paraguay; Diego Maradona tomó la palabra para intentar convencer a través de un mensaje que ya no llega igual en la cabeza de sus dirigidos. El DT habló poco en el vestuario de Defensores del Chaco y una vez más apeló a sus discursos encendidos. Concluyó y se marchó a la conferencia de prensa y entonces fue Gabriel Heinze el que tomó la palabra ante todo el plantel. Todos escucharon y fueron pocos los que aportaron voces en ese juramento por conseguir la clasificación para Sudáfrica 2010. En todo ese tiempo, Messi miró siempre al piso; no miró a nadie más. "Lo noté derrumbado, como todo el equipo", confió una persona con acceso a la intimidad del plantel argentino.

Hace poco más de un año, Messi tampoco pasaba por un momento de plena felicidad. "Leo estaba algo raro", reconocía tiempo después un colaborador del cuerpo técnico del Barça. En la pretemporada, en Saint Andrews, en Escocia, hubo quien lo atribuyó a la ausencia de Ronaldinho y Deco, pero no tenía sentido; la relación de Messi con el resto de los futbolistas siempre fue buena. La cuestión es que estaba como indiferente, serio... Así que Guardiola lo llamó a un costado y le dijo: "Sólo quiero que seas feliz. Dime qué necesitas y haré lo posible". "Quiero ir a Pekín, a los Juegos Olímpicos", contestó. Guardiola convenció a Joan Laporta y Messi viajó a China para dar por terminado el Messigate. Obtuvo la medalla dorada y algo más: empezó a sonreír. "En ese momento comenzó su gran año", reconoce alguien que conoce bien a la Pulga.

"Messi ha sido feliz como nunca. No sé, yo le he visto muy contento... creo que lo hemos conseguido", admitió Guardiola en la conferencia de prensa en el Camp Nou, dos días después de la consagración en Roma en la final de la Liga de Campeones y antes de viajar a La Coruña para cerrar la temporada; consciente de que la clave para que la Pulga pudiera hacer felices a los hinchas de Barcelona era que antes lo fuera el rosarino. "Pep lo trató como un entrenador trata a un futbolista y como un hermano mayor o un amigo más joven", dicen quienes viven el día a día de la relación entre Guardiola y Messi, a los que a menudo se los ha visto comer juntos y tener charlas de fútbol como el rosarino no las ha tenido con ningún otro entrenador en su carrera.

Fue en una de esas conversaciones que la Pulga escuchó conceptos que le quedaron por siempre grabados en su memoria: "Como en todo deporte de equipo, en el fútbol el todo afecta a las partes". Hace rato que la selección se convirtió en un constante campo de ensayo de nuevos y rebuscados esquemas de juego, con intérpretes que varían notablemente de un partido a otro y que por estas razones nunca llegan a generar un verdadero funcionamiento colectivo. Todo lo contrario de lo que sucede en Barcelona, donde todos saben a qué juegan incluso desde las inferiores.

Habían pasado quince minutos de la derrota con Paraguay; Diego Maradona tomó la palabra para intentar convencer a través de un mensaje que ya no llega igual en la cabeza de sus dirigidos

La imaginación volaba en la Argentina con las imágenes de la final entre Barcelona y Manchester United. La Pulga hoy cuestionada lucía el N° 10 con un aura resplandeciente y conducía al club catalán directo hacia la consagración europea. La triple corona se hizo realidad. Resultaba imposible no cerrar los ojos e imaginarlo en una situación parecida, pero con otra camiseta... una celeste y blanca con el escudo de la AFA bordado en el costado izquierdo, bien cerca del corazón.

"Es más complicado con la Argentina que en Barcelona. Allá tengo todo el año para demostrar y si no juego bien hay revancha rápido?", explicaba Messi hace unos meses. ¿Cómo juega en Barcelona? ¿Cómo lo hace en el seleccionado? ¿Puede jugar Messi como lo hace en España? ¿Puede la Argentina de Maradona adoptar un sistema y un funcionamiento similares a los que utiliza el equipo catalán para aprovechar lo mejor de la Pulga? ¿Qué le pide Guardiola? ¿Qué pretende Diego de él? Son preguntas que desde hace tiempo deambulan por el seleccionado.

Se intuye que Messi se siente cómodo cuando Barcelona ataca, pero el campeón europeo lo hace con los delanteros y también llegan los pivotes. En cambio, en la selección, hay jugadas en las que el que tiene la pelota no sabe qué hacer porque no hay acompañamiento. Cuando le toca a Messi, tiene que arrancar de atrás porque no le llega el balón. ¿Cómo está viviendo este momento? Con demasiadas ansiedades que dan vueltas por su cabeza y con una profunda carga que hace que todos sus movimientos sean forzados.

Un puñado de buenos partidos aún no le valieron el reconocimiento ni la consagración en la Argentina. Se espera más de él. Mucho más que el título en un Mundial Sub 20 o que la medalla dorada en los Juegos Olímpicos, aunque no sean logros mínimos, es cierto. Messi se mueve aún entre cierta sensación de asfixia en el seleccionado argentino. No puede salir de un laberinto que lo tiene perdido.

  • En España lo defienden de las críticas

    El diario catalán Sport, atento a lo que sucede con Messi, también opinó sobre el presente. En partes de su artículo ("Messi, el Barça es tu casa"), el periodista David Rubio opinó: "Leo es el mismo jugador a ambos lados del Atlántico, los que cambian


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