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Mercados con un ataque de nervios

15/02/2010 22:58 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

El impacto de la crisis l Los movimientos de capitales y las reformas en ciernes El castigo por el riesgo de insolvencia de Grecia se propagó al bono español por las apuestas especulativas a la baja contra activos vinculados al euro en el mercado de futuros de Chicago

Europa  Press

En medio de esa vorágine, la economía española vivió varias jornadas de fortísima presión vendedora tanto de acciones de empresas cotizadas en Bolsa como de bonos emitidos por el Tesoro. Tras algunas declaraciones poco matizadas y bastante simplificadoras que parangonaban injustamente la solvencia española con la griega (el endeudamiento público español es casi la mitad del helénico y se sitúa 20 puntos porcentuales por debajo de la media de la zona monetaria del euro), muchos ahorradores salieron huyendo para refugiarse en los bonos alemanes -percibidos como muy seguros-, lo que obligó a España a subir el interés de los suyos, con el consiguiente sobrecoste para el erario público.

El dinero es temeroso y detrás de todos estos movimientos de fortísimos nervios y fuerte tendencia vendedora subyacía la fortísima incertidumbre que había cundido en los mercados sobre la sostenibilidad del euro tras la crisis griega.

Pero a ello también contribuyó, y de forma nada irrelevante, las apuestas especuladoras contra el euro, sobre todo en el mercado de futuros de Chicago.

El Chicago Mercantile Exchange (MERC) nació en 1898 como un mercado de futuros ligado a producciones agrarias. Con ello, formalizando contratos anticipados y cerrando precios a un plazo determinado, los productores se protegían de las malas cosechas y de los vaivenes del mercado y algunos inversores asumían riesgos pero con perspectivas de altas ganancias si sus apuestas sobre el precio del trigo u otros productos resultaban acertadas. El inversor le garantizaba un precio a largo plazo al agricultor partiendo de la premisa de que, según sus estimaciones, la cotización sería aún más alta de lo pactado. El campesino se eximía de riesgos y el especulador se apuntaba el beneficio (o la pérdida) de la apuesta.

En 1972 el MERC impulsó, a semejanza de este mecanismo, el primer mercado de futuros sobre divisas -el International Monetary Market (IMM)- aprovechando que en 1971 Richard Nixon había suprimido el tipo fijo de cambios: el patrón-oro. Una vez que las monedas comenzaron a flotar libremente y que su cotización quedó al albur del mercado, era factible crear un mercado donde cotizasen las divisas, al igual que otros instrumentos financieros.

Uno de esos instrumentos financieros son los CDS: los «crédit default swap», unos seguros que protegen al inversor de un posible impago de deuda. Se trata de un producto financiero derivado que permite cubrirse de las contingencias. Se hace una inversión y se blinda con un CDS previo pago de una prima. Si la inversión resulta fallida y se produce un impago, el CDS cubre la pérdida. En caso contrario, el emisor del CDS gana la prima.

Pero este producto de ingeniería financiera, que nació para dar estabilidad y seguridad al mercado como herramienta de cobertura de riesgos sobre deuda emitida por empresas y estados, ha pasado a convertirse en un factor susceptible a su vez de fuerte especulación y en uno de los instrumentos más utilizados para ganar dinero en tiempos de desconfianza generalizada, como ocurre ahora, cuando todos los países han visto acrecentarse sus déficit públicos y la deuda soberana de los estados tiende al alza por las políticas de estímulo aplicadas contra la recesión. Y más cuando varios países han entrado en suspensión de pagos (Dubai) o en riesgo de hacerlo (Grecia).

El mecanismo no es muy distinto al de las apuestas bajistas sobre acciones de empresas. En este caso, a cambio de una compensación económica al titular, se toman en préstamo títulos con el compromiso de devolverlos en un plazo convenido. El especulador vende esas acciones de inmediato en el mercado a su cotización vigente, convencido de que van a bajar de precio y de que podrá recomprarlas a menor coste para devolvérselas en la fecha pactada a quien se las prestó. Otra modalidad más osada consiste en hacer esa misma operación «en descubierto», es decir, sin ni tan siquiera haber tomado acciones en préstamo.

Con los CDS se puede hacer algo análogo. Porque todo aquello que cotiza también es susceptible de que sea objeto de especulación, es decir, de la búsqueda de beneficios aprovechando las variaciones de los precios o de los cambios.

Se pueden contratar CDS sin ni tan siquiera tener un bono o título de deuda que asegurar. Es decir, sin haber asumido el riesgo de la inversión que cubre el seguro contratado. Se adquieren CDS sobre deuda pública emitida en euros -deuda española, por ejemplo-, en la creencia de que la prima de riesgo va a subir y que el valor de esos CDS se acrecentarán. Si eso ocurre, el titular del CDS gana mucho dinero; en caso contrario, pierde lo que le haya costado el CDS.

El dólar sigue fortaleciéndose ante el euro y el yen, entre datos que reflejaron un descenso de la confianza de los consumidores en Estados Unidos

Europa  Press

En las últimas semanas quienes hicieron estas apuestas anticipadoras sobre la deuda española ganaron mucho dinero. Cuando, por mera suspicacia, el nerviosismo suscitado por Grecia se propagó a otras economías mediterráneas -como España y Portugal-, los valores de los CDS sobre deuda española a cinco años triplicaron su valor.

La especulación no es inocua porque cuando se produce una fortísima concentración de apuestas a la baja sobre un valor, lo habitual es que el valor se deprecie, aun cuando no haya causas objetivas para ello. Es lo que los economistas denominan las «profecías autocumplidas».

Imponer tendencias y percepciones en el mercado sobre el riesgo de insolvencia de un país es mucho más fácil con los CDS porque su cotización se puede mover con mucho menos dinero que si esa presión se ejerce directamente sobre la deuda pública de esa nación. Por eso se dice que los CDS, que nacieron como un seguro frente a un riesgo de impago, se han acabado convirtiendo en un factor desestabilizador de la confianza. El inversor estadounidense Warren Buffet los denominó «armas de destrucción masiva».

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El efecto inducido por los especuladores cuando hacen apuestas bajistas sobre un activo y generan corrientes vendedoras poco reflexivas en el común de los inversores se produce por un efecto «manada» que está siempre presente en los mercados. Igual que las gacelas salen huyendo cuando lo hace el macho de la manada, sin que ninguna se pare a verificar si existe o no el peligro que las pone en fuga, los ahorradores también toman posiciones en masa o desinvierten de forma apresurada en acciones, monedas o bonos cuando detectan fuertes movimientos de dinero en uno u otro sentido. Se parte de la creencia intuitiva -y muchas veces errónea- de que quienes marcan tendencia lo hacen con información privilegiada, pero con la certeza de que, dispongan o no de ella, cuando los mercados castigan un valor -con motivo o sin él-, el valor cae. Por eso se dice que los mercados siempre sobrerreaccionan (al alza o a la baja) y que si la desconfianza inicial es racional, el pánico que se acaba generando puede ser irracional.

El dólar sigue al alza aunque la confianza de los consumidores de EE UU retrocede.

Las apuestas bajistas contra el euro alcanzaron hace una semana un récord en la Bolsa de futuros de Chicago. En plena incertidumbre sobre la solvencia financiera de Grecia, y sin que hubiera aún seguridad de que el resto de la zona euro fuera acudir a su rescate, el recelo sobre la solidez de la deuda pública emitida por otros estados periféricos de la zona monetaria -caso de España- cundió en los mercados, y a ello se sumó la actuación de los especuladores a la búsqueda de oportunidades de ganancia. Se llegaron a apostar 8.000 millones de dólares contra valores referenciados en la moneda europea.

El dólar sigue fortaleciéndose ante el euro y el yen, entre datos que reflejaron un descenso de la confianza de los consumidores en Estados Unidos y un tímido avance de la actividad económica en la eurozona a finales del pasado año.

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Por un euro se pagan 1, 3618 dólares frente a 1, 3683 dólares que se conseguían el jueves, de forma que para adquirir una moneda estadounidense se necesitaban 0, 7343 euros, frente a 0, 7308 euros en la sesión previa. Respecto de la divisa japonesa, el dólar se cambiaba a 89, 99 yenes, después de pagarse 89, 72 yenes el día anterior. La divisa estadounidense se fortaleció ante la libra esterlina y al franco suizo, en tanto que registró una leve variación ante el dólar canadiense.

Los datos del índice de confianza que elabora la Universidad de Michigan fueron desfavorables: se sitúa este mes en 73, 7 puntos, frente a 74, 4 puntos en enero.

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Sin duda nuevamente el mercado se desestabiliza, pero con nuevos actores, que antes ni el mas pintado hubiera previsto, aunque no ha de sorprender, que economias como la de españa, sea parte de la lista, quien lo hubiera dicho, pero sin dudas hay un detalle, el fortalecimiento del dolar, pero aun mucho peor la idea de flaquezas del euro, eso si trae preocupacion, creo es una semana preocupante, pero mas aun es el efecto onda que traera esta nueva faceta, en la economia, , , , , esperemos que las ondas expancivas no sean tan fuerte, , , , ud que opina..........


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Carlomaas (229 noticias)
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