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Mercado laboral y mujer: un campo de minas

06/03/2019 12:10 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

La precariedad y los bajos sueldos tienen nombre de mujer. Además de la «brecha salarial» el sistema capitalista neoliberal ha encontrado en las mujeres el nuevo sujeto a explotar en aras de maximizar sus beneficios

Que la precariedad tiene rostro de mujer es algo que todos los observatorios feministas tienen ya por asumido.

El caso tipo, inclusive antes de la crisis, es el de una mujer cuidadora que va encadenando trabajos en los cuales nadie le hace contratos.

Por ello, tampoco puede tributar, a no ser que sea motu proprio, para generar derechos, ya sea de paro o de jubilación.

Pobreza con nombre de mujer

La pobreza en nuestro país tiene nombre de mujer, y habitualmente a esa categoría se le suman otras dos: ser migrante y madre soltera.

Los datos son de la ONG Intermón Oxfam, en su estudio Voces contra la precariedad: mujeres y pobreza laboral en la Europa del 2018.

Y sí por eso no fuera poco, en nuestro país existe una más que evidente «brecha salarial», que ha puesto de relieve el Instituto Nacional de Estadística (INE), y que supone que las mujeres, de media y por el mismo trabajo, ganan un 22% menos que los hombres.

Una conciliación que no existe

En los casos antes citados – mujer, migrante y madre soltera – la conciliación es una entelequia.

De hecho, son muchas las mujeres que optan por enviar de nuevo a su prole a sus países de origen porque ellas no pueden cuidarla ya que no tienen tiempo material para ocuparse de ella.

Otra de las causas de la imposibilidad de conciliación entre la vida laboral y la personal tiene que ver con que los sueldos tampoco alcanzan para vivir a esas mujeres, de manera que tienen que encadenar varios trabajos en el mismo día, y se ven obligadas a jornadas laborales maratonianas.

La «economía invisible» del trabajo doméstico

Para algunas feministas de inspiración marxista, la emancipación de la mujer calló en las redes del capitalismo, dado que lograr un trabajo que permita a las mujeres ser independientes ha provocado que desempeñen tareas de muy baja cualificación.

Tras la II Guerra Mundial, existían dos vías posibles para la emancipación de la mujer: un mundo feminista basado en democracia participativa y solidaridad social, o una sociedad neoliberal basada en el individualismo y la maximización de beneficio.

Tras la victoria de las democracias occidentales contra las potencias del Eje, las mujeres se convirtieron en cómplices de la sociedad neoliberal que se construyó a partir del año 1945.

Un trabajo mal pagado y que embrutece

La calificación es de muchas mujeres que trabajan en el servicio doméstico o como cuidadoras de niños y ancianos.

De servil y degradante califican muchas mujeres su trabajo, a pesar de que no tienen más remedio que dedicarse a dichas funciones.

Además, el trabajo de au pair no llega a ser considerado ni como un trabajo, ya que en el inconsciente colectivo el trabajo de cuidadora se estigmatiza como una ocupación para jovencitas, que se realiza en el extranjero, y que es desarrollado por jóvenes ávidas de nuevas experiencias.

En España, vivimos en una sociedad que todavía no considera que el trabajo de cuidadora sea un trabajo real, a lo máximo se considera como una «chapuza» hasta que se encuentra un trabajo «de verdad».

La «huelga feminista» del 8 M

Desde planteamientos puramente feministas, son muchas las organizaciones que han encontrado un nuevo frente de batalla en el desempeño laboral de cuidadoras y las mujeres que se dedican al servicio doméstico.

Tal como refieren mujeres que se dedican a cuidar niños, cuando cuentan la cantidad de horas que trabajan cuidando a los infantes de otras familias, la pregunta más habitual es si esos niños tienen madre.

Muchas responden que sí, que tiene madre, pero que está trabajando para ganar el suficiente dinero como para pagarlas a ellas, las cuidadoras.

Un paro de las mujeres que se dedican al cuidado de niños y ancianos y las que trabajan en el servicio doméstico, sí que haría mucha «pupa» al sistema económico neoliberal; es muy probable que los colapsara temporalmente.

Reducción de jornada, la auténtica «brecha salarial»

Es la necesidad del cuidado de los hijos lo que realmente acaba provocando la «brecha salarial», que es especialmente sangrante en España.

A partir de los 30 años, las mujeres que optan por la maternidad, en su mayoría, se ven en la dicotomía de que sean abuelos y cuidadoras los que eduquen a sus hijos, o bien adherirse a la reducación de jornada.

Tanto es así, que ya se empieza a hablar de economía feminista, una economía que pasa obligatoriamente por la conciliación de la vida familiar con la laboral

Esa es la principal causa de la «brecha salarial»: familias en las cuales el padre no llega hasta las tantas porque está trabajando, y la mujer opta por reducción de jornada para evitar que sean extraños los que eduquen a sus hijos.

A partir de los 30 años las mujeres comienzan a cobrar un 10% menos que sus colegas varones; con 40 años la «brecha salarial» se amplía al 15%.

Reducción de jornada y «brecha salarial»

Son multitud los testimonios de mujeres que informan que haber optado por reducción de jornada no solamente ha tenido consecuencias en unos menores emolumentos, sino que también ha afectado a las tareas que desempeñan.

Muchas veces, estas mujeres son «castigadas» con cambios de departamento y son obligadas a desarrollar trabajos de mucha menor cualificación de la que deberían por la titulación que han adquirido.

De hecho, son muchos los compañeros varones que piensan que la reducción de jornada no tiene nada que ver con el cuidado de los hijos, sino que ese mayor tiempo libre se invierte en ir al gimnasio, irse de compras o «devorar» series.

Crisis económica, «a río revuelto ganancia de pescadores»

Inclusive la crisis económica ha venido a auxiliar el sistema económico neoliberal, en forma del empeoramiento de las condiciones de trabajo y sus sueldos asociados.

El sistema económico, todavía se ha vuelto más inhumano: trabajos donde la conciliación es imposible, precariedad que impide la maternidad e imposibilidad manifiesta de poder acceder a una vivienda.

Por otro lado, la crisis de cuidados es concomitante con otras crisis que se suceden simultáneamente: crisis ecológica, desplazamiento masivo de poblaciones, crisis de salud y crisis de sentido.

Lo que antes era solamente una dialéctica entre el capital y el trabajo, ahora se ha transformado en una pugna entre el capital y la vida.

En esa nueva lucha, es donde el feminismo está irrumpiendo con fuerza como un vector que se configura como una alternativa especialmente viable.

Cuidadoras, una difícil articulación

En principio, las cuidadoras desempeñan su labor de manera individual, y bastante tienen con las jornadas de sol a sol como para articular un movimiento que les permita mejoras sus condiciones laborales y de vida.

En este sentido, lo tiene más difícil que otro colectivo que salió a la palestra por exigir mejora en sus condiciones laborales; hablamos de las «quelis».

En el caso del sector la limpieza de hoteles, el que las «quelis» trabajen juntas y ser un colectivo muy numeroso, han hecho que tengan la suficiente fuerza e impacto mediático como para poder ejercer la suficiente presión.

Libélulas: las cuidadoras se organizan

Libélulas es una organización que lucha por la mejora de las condiciones de laborales y de vida de trabajadoras inmigrantes, un colectivo todavía más precarizado si cabe.

Uno de sus últimos «caballos de batalla» tiene que ver con que España se adhiera al convenio 189 de la Organización Internacional de Trabajo (OIT), que busca la mejora de las condiciones laborales de las empleadas del hogar.

Feminismo es anticapitalismo

Tanto es así, que ya se empieza a hablar de economía feminista, una economía que pasa obligatoriamente por la conciliación de la vida familiar con la laboral.

El feminismo también pasa por luchar contra un capitalismo, que a media que avanza el siglo XXI muestra su faz más voraz y precaria, lo que tendría que llevar incluso a que desde el anticapitalismo feminista se ponga en solfa el concepto de trabajo actual.

El dolor que produce un capitalismo cada vez más salvaje, tiene que ser la herramienta que utilice el feminismo para derrotarlo.

Fuente - Público


Sobre esta noticia

Autor:
Gonzalo Sánchez Del Pozo (179 noticias)
Visitas:
1765
Tipo:
Reportaje
Licencia:
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