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Mazar-i Sharif: la sed que mata

05/04/2011 21:43 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

Vestigios de civilizaciones helenísticas, santuarios y mezquitas testigos de una guerra donde la desesperación lleva a los combatientes a beber la sangre del enemigo. Un último acto- por el momento- culmina con el asesinato y profanación de personal ONU

Nuevamente la tragedia se hace presente en esta ciudad de más de 300.00 habitantes y en la cual algunas ramas del islam honran la tumba de Abi Talib, primo y sobrino de Mahoma.

Esta vez la parca alcanza a funcionarios internacionales ONU que sostienen programas de asistencia al débil gobierno de Hamid Karzai. Una reacción salvaje a la quema del libro sagrado islámico por parte de un no menos fanático pastor de una minúscula iglesia en Estados Unidos. La irracional venganza que bien podemos denominar a control remoto se salda con estos funcionarios violentados, quemados, decapitados.

Estas formas de violencia no son novedad en esta guerra prolongada cuya imagen parece desenvolverse a cámera lenta, en un ralentti que hace palidecer a sus actores dejándonos la impresión que las acciones se repiten al ser tan similares. El impacto de de estos conflictos que se empantanan años y donde no se aprecia- o existe- un triunfo claro por parte de uno de los bandos, se diluye en la opinión pública y se impone la engañosa sensación que la anormalidad de la existencia allí es ya parte intrínseca de lo cotidiano y esto se acepta más aun si no le cabe a uno influir en ese sino.

Pero de Mazar-i –Sharif, hoy sede de fuerzas OTAN en tierra afgana, el duelo no se aleja. Al menos vuelve periódicamente.

Mazar-i-Sharif anegada en sangre

En 1988 las fuerzas talibán, luego de sangrientos fracasos, logran terminar con la resistencia del jefe militar Rashid Dostum, uzbeko que habría logrado establecer en la región una pequeña y funcional república facilitada por sus lazos con el fronterizo Uzbekistán.

La derrota de Dostum llevó a una carnicería de las minorías uzbekas y hazaras, rivales históricos de los pastunes, base talibán. Ocho días duró la masacre y no hubo escondite para las víctimas. Las casas de los próximos sacrificados eran marcadas con piedras tintas en sangre e impedidos de salir sólo les quedaba esperar su turno. Del 8 al 16 de agosto los vencedores limpiaron de “infieles” el territorio conquistado.

En Tres meses la situación sería revertida y tendrá lugar otra tragedia. Quizás sería más apropiado hablar de la continuación de la misma con iguales actores que cambiaban su rol.

Una rebelión sofocada con mucho plomo y nada de agua.

En Qala-i-jangi, penal cercano a Mazar-i Sharif, los prisioneros soportan- a fines de noviembre del 2001-, lo insoportable. Apiñados, maltratados por por las fuerzas antitalibán y los efectivos norteamericanos que “asesoran” a las tropas de la Alianza del Norte, intentan una asonada que se prolonga por tres días.

Miles de talibanes muertos de sed o asfixiados. Se nombra comisión investigadora. Funcionarios ONU decapitados por masas de fanáticos

Cercados, los sobrevivientes se entregan. Se descubre así como ha muerto Johnny Michael Spann, norteamericano, gracias al testimonio de presos y ulterior confesión de uno de los tres autores.

Spann, 32 años, padre de dos hijos, agente de la CIA y experto en torturas y en funciones en la cárcel de marras contravino una de las conductas caras a la agencia: instruir a los ejecutores, indicar, graduar los sufrimientos de la víctima pero no intervenir directamente. Su celo le fue fatal. Fue declarado como la primera baja de Estados Unidos en la campaña de Afganistán

Resultado oficial de la autopsia de Spann: muerto a dentelladas.

Sólo uno de los tres reconocidos atacantes sobrevivió al cerco de la cárcel. Presentado a los corresponsales, Raid Samman, negó los mordiscos letales: “ No lo comimos ni mascamos-sostuvo-.Ni a mí ni a mis compañeros nos quedaban muchos dientes. Estábamos desesperados y ya no sentíamos hambre, sólo sed. Lo bebimos”.

Técnicamente, como lo subrayó, con humor macabro un enviado francés, la muerte acaeció no por extracción mecánica de pedazos del cuerpo del agente sino por deshidratación.

Nadie escapa a su sino

Samman no tuvo mejor suerte, sobrevivió a su torturador menos de un mes. Tres hermanos y una hermana reclaman, hasta hoy inútilmente saber su paradero luego que se le contara entre los cientos o más de mil-las cifras difieren según las fuentes- de talibanes que murieron en diciembre del 2001-cuando eran trasladados de prisión en contenedores de metal. ¿Asfixiados?¿ De sed?

Recientemente se acaba de nombrar una comisión para investigar ese crimen masivo. Quizás los parientes de ese Drácula forzado vivan para averiguar las conclusiones, si las hay.

Un último drama.Ultimo en la concepción de más reciente, no necesariamente el final de la barbarie

La muerte de los funcionarios de la ONU a manos de masas fanatizadas pone a Mazar-i Sharif de nuevo en un primer plano.

La ciudad parece negarse a considerar que su tributo de sangre-aun en esta guerra que se ralentiza para el espectador- es más que suficiente.

Mazar-i Sharif, desesperación y barbarie en una guerra que se ralentiza. La CIA proporciona la primera baja de Estados Unidos


Sobre esta noticia

Autor:
Allende Elmar (3 noticias)
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Suceso
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