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La matanza de practicantes de Falun Gong por sus órganos

22/01/2010 22:56 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

Por David Matas

David Matas, abogado internacional de derechos humanos

Cuatro mensajeros llegaron con Job, uno le contó de la pérdida de sus bueyes y asnos con sus sirvientes; el siguiente le habló de la muerte de sus ovejas y pastores; el tercero le contó de la muerte de todos sus camellos con los criados y el cuarto le contó de la muerte de sus hijos e hijas. Cada mensajero le dijo: "Fui el único que escapé para contarte". Estas son también las palabras de Ismael, en la novela de Herman Melville "Moby Dick", al final de la trágica historia del capitán Ahab y el barco Pequod.

Estrictamente hablando, no soy un sobreviviente del Holocausto, pues mis cuatro abuelos llegaron a Canadá antes de la Primera Guerra Mundial. Sin embargo, en cierto sentido muy legitimo, cada judío es un sobreviviente del Holocausto. Seis millones de judíos fueron asesinados. Todos los judíos fueron atacados. En la Segunda Guerra Mundial, por fortuna la guerra dio la victoria a los Aliados antes que al Eje. Si las potencias del Eje hubieran ganado, ni yo, ni ningún judío estaríamos vivos ahora.

Escapé para contar. Si pudiéramos dar un significado a la insensata masacre de tantos millones de inocentes, hubiéramos aprendido las lecciones del Holocausto. Decir "nunca más" es fácil. Pero que esto ocurra no es tan fácil. La realidad es que desde la Segunda Guerra Mundial, el genocidio ha sucedido una y otra vez, no a los judíos, sino a los camboyanos, los hutus, los tutsis, bosnios, somalíes y ahora a los practicantes de Falun Gong.

Una de las lecciones que saqué del Holocausto es nunca aceptar en silencio violaciones masivas de los derechos humanos, dondequiera que estas ocurran. El Holocausto no hubiera sucedido, si la gente en todas partes hubiera protestado por las violaciones masivas de los derechos humanos, donde sea tan pronto como se produzcan.

Me he comprometido al trabajo de derechos humanos para impulsar esta lección, unir la lucha de los derechos humanos en este frente. Luchando desde este frente, tuve que combatir a un enemigo que ronda por todo el campo de batalla de los derechos humanos, un jinete de nuestro propio apocalipsis hecho por los humanos, el jinete de la impotencia.

Existe una opinión muy extendida de que las violaciones a los derechos humanos son tan masivas y tan lejanas, que nada puede hacerse al respecto. En mi opinión, no solo los individuos en países como Canadá, tan lejos de violaciones masivas y flagrantes, pueden tener un impacto positivo en el respeto a los derechos humanos. Son las voces de los individuos de todo el mundo los que deben guiar hacia el respeto de los derechos humanos.

Hay la tendencia de volver a los gobiernos o a la ONU promotores del respeto de los derechos humanos. Sin embargo, los derechos humanos pertenecen a los individuos. A menos que los individuos fomenten el respeto a los derechos humanos, estos derechos están destinados a marchitarse.

Cuando se me pidió con David Kilgour, investigar las acusaciones de que los practicantes de Falun Gong eran asesinados para obtener sus órganos, no dudé en aceptar. No tenía ninguna opinión de si las acusaciones eran ciertas. Pero sabía que el gobierno chino tenía la política y la práctica de perseguir a los practicantes de Falun Gong. Y además sabía, en mi experiencia con organizaciones no gubernamentales de derechos humanos, que era una acusación difícil de evaluar para esas organizaciones.

Por este presunto crimen, era improbable tener algún testigo presencial. Las personas presentes en la escena de la extirpación de órganos a practicantes de Falun Gong, si es que estaba ocurriendo, habrían sido autores o víctimas. No habría ningún espectador. Porque las víctimas, de acuerdo a la acusación; eran asesinadas y luego cremadas, no se encontraría ningún cuerpo, ni autopsia. No habría víctimas sobrevivientes para contar lo que les sucedió. Es improbable que los perpetradores confesaran, si estaba ocurriendo, crímenes de lesa humanidad.

La escena del crimen, si este hubiera ocurrido, no hubiera dejado huellas. Una vez que la extirpación de órganos terminó, la sala de operaciones luce como cualquier otro quirófano vacío.

El régimen chino reprime a los periodistas y defensores de derechos humanos. No hay libertad de expresión. Los que informan de las violaciones a los derechos humanos desde dentro de China a menudo son encarcelados y a veces acusados de revelar secretos de estado.

Al Comité Internacional de la Cruz Roja no se le permite visitar prisioneros en China. Tampoco a ninguna otra organización interesada en los derechos humanos de los presos.

Estos obstáculos para obtener pruebas, me dejó en claro que las organizaciones no gubernamentales con las que he trabajado no podrían hacer nada al respecto. Había una denuncia que clamaba por la investigación, pero no se estableció ninguna organización no gubernamental para investigarlo. Así, estuve de acuerdo con David Kilgour para intervenir y llenar el vacío.

Cómo fuimos capaces de enfrentar a las acusaciones, las pruebas en que nos basamos, pueden averiguarlo por ustedes mismos leyendo nuestro trabajo. Nuestra conclusión es que ha habido y continúa ocurriendo hasta hoy, extirpación de órganos a gran escala de practicantes de Falun Gong sin su consentimiento.

Llegamos a la conclusión en julio de 2006, de que el gobierno chino y sus agencias en numerosas partes del país, desde 1999 han asesinado a un número grande pero desconocido de prisioneros de conciencia de Falun Gong. Sus órganos vitales, incluyendo riñones, hígados, córneas y corazones, fueron tomados contra su voluntad para venderlos por grandes sumas de dinero, a veces a extranjeros, quienes normalmente tienen largas esperas para donaciones voluntarias de tales órganos en sus países de origen.

Nuestra conclusión no salió de un solo tipo de evidencia, sino de unir juntas todas las pruebas que consideramos. Cada parte de evidencia que consideramos es, en sí misma verificable y en la mayoría de los casos, indiscutible. En su conjunto, pintan un panorama completo. Es su combinación la que nos convenció.

Porque ambos somos militantes de derechos humanos, no podíamos quedarnos de brazos cruzados, una vez que llegamos a la conclusión de que los inocentes fueron asesinados por sus órganos. Nuestra militancia, nuestros viajes por esa militancia, nos condujeron a descubrir nuevas pruebas. Realizamos una segunda versión de nuestro reporte en julio del año 2007 y una tercera versión en forma de libro en noviembre del 2009, bajo el título de Bloody Harvest.The Killing of Falun Gong for their Organs (Cosecha Sangrienta. El asesinato de practicantes de Falun Gong por sus órganos).


Sobre esta noticia

Autor:
José Jimenez (238 noticias)
Fuente:
deorienteaoccidente.wordpress.com
Visitas:
4272
Tipo:
Reportaje
Licencia:
Distribución gratuita
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