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La mascota familiar alteraría el riesgo de alergia a largo plazo

31/07/2009 11:09 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

Estar cerca del gato o el perro de la familia a los tres meses de vida ofrecería protección contra la alergia a los ácaros del polvo y al polen más adelante en la vida, pero no parece impactar sobre el desarrollo del asma a los 8 años

Estar cerca del gato o el perro de la familia a los tres meses de vida ofrecería protección contra la alergia a los ácaros del polvo y al polen más adelante en la vida, pero no parece impactar sobre el desarrollo del asma a los 8 años.

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La doctora Marjan Kerkhof, del Centro Médico de la Universidad de Groningen, en Holanda, y sus colegas estudiaron los efectos de las mascotas del hogar sobre el desarrollo de asma y alergias a los alergenos del medio ambiente en 2.951 niños que habían sido controlados anualmente hasta los 8 años.

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A los tres meses de vida, el 34 por ciento de los chicos vivía con un gato en su hogar, mientras que el 16 por ciento tenía un perro en la casa, informaron los autores en la revista Allergy.

Los niños con un gato o un perro en el hogar a los 3 meses de edad eran menos propensos a ser "sensibles" a varios alergenos inhalables a los 8 años, revelaron los investigadores.

Tener una mascota en el primer año de vida "no debería desalentarse para prevenir las alergias posteriores en los niños", dijo Kerkhof a Reuters Health.

Sin embargo, los resultados también sugieren que la presencia de un perro después de los dos primeros años implica "cierto riesgo mayor de síntomas aéreos", añadió la experta.

En cambio, entre los niños no expuestos a un perro, el 2, 8 y el 8, 4 por ciento desarrolló sibilancias y tos seca

Entre los niños expuestos a un perro en el hogar después de los 2 años, el 3, 9 y el 10, 6 por ciento, respectivamente, desarrolló sibilancias y tos seca a la noche, durante el año posterior.

Estos síntomas similares a los del asma fueron evidentes después de tener en cuenta otros factores de riesgo vinculados a la alergia, como la exposición a otras mascotas o niños y al tabaquismo; el género; los antecedentes familiares y la duración del amamantamiento.

En cambio, entre los niños no expuestos a un perro, el 2, 8 y el 8, 4 por ciento desarrolló sibilancias y tos seca.

Con todo, los investigadores no hallaron relación entre el diagnóstico de asma en los primeros ocho años de vida y tener un gato o un perro en la casa.

El equipo informó que sacar a la mascota del hogar no influía en el desarrollo de asma entre los niños sin síntomas asmáticos previos.

Dado que el asma es una enfermedad tan diversa, con distintos tipos asociados a diferentes alergenos, Kerkhof y sus colegas instan a continuar los estudios a largo plazo para identificar los vínculos entre la exposición infantil a las mascotas y el asma más adelante en la vida.


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