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Más allá de la vida

14/04/2010 00:32 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

Dr. Jiménez del Oso: Madrid, 21 de julio de 1941 - Madrid, 27 de marzo de 2005, psiquiatra y periodista español, especializado en temas de misterio y parapsicología

La muerte se nos presenta como un fenómeno ajeno, como un hecho a observar. Toda nuestra experiencia en torno a ella es objetiva; sabemos de la muerte en su aspecto exterior, pero ignoramos su esencia, su dinámica y sus consecuencias subjetivas. Se que voy a morir y lo acepto como un hecho lógico, consecuente al fenómeno de la vida, porque la experiencia demuestra que cuanto nace muere, como si la vitalidad fuera un paréntesis entre el orden que entraña el reposo, la inercia.

Todos los que vivimos aceptamos la muerte como algo inevitable, pero volcamos en ella nuestra angustia en cuanto nos planteamos su subjetividad. El “yo he de morir” implica un protagonismo que nos produce angustia, porque a nivel subjetivo ignoramos todo lo que la muerte significa. Sé que estoy vivo porque tengo conciencia de mi propia existencia, de mi propia individualidad.

La realidad, el Universo está claramente dividido en dos conceptos: uno es externo, de cuya experiencia tengo conocimiento a través de los sentidos; el otro es interno e inseparable del “yo” o del “mi”, y en él está toda mi experiencia interna, mis vivencias, mis sensaciones, mis sentimientos.

No nos preocupa que la muerte signifique dejar de estar, sino que con ella dejamos de ser. Por eso, la muerte angustia como experiencia subjetiva.

..........

“Me encontraba tumbada en mi cama. Los muebles de la habitación me eran familiares, pero la habitación en su conjunto ofrecía un aspecto extraño. Me sentía desesperadamente enferma. Sabía que me estaba muriendo, pero sorprendentemente no sentía ninguna sensación de miedo o temor.

A los pies de mi cama pude vislumbrar a mi madre, a un gran amigo mío y a un grupo da personas a las yo amaba, y que sabía que habían pasado ya al otro mundo. Entonces, repentinamente, se abrió la puerta de mi habitación, entró una mujer corriendo, se puso de rodillas y lloró sobre la cama donde yacía. Un médico la seguía

Ellos pensaban que me hallaba en un estado de completa inconsciencia; sin embargo, mentalmente me encontraba en extremo alerta y despejada y, aunque estaba demasiado débil para mover mi cabeza, por lo que, pensé, mis ojos físicos deberían de estar completamente cerrados, podía ver perfectamente todo lo que estaba sucediendo a mi alrededor. La principal emoción que sentía en aquel momento era de lastima por aquellos que estaban lamentándose por mí, cosa que me pareció totalmente innecesaria.

"La muerte no existe. La muerte es vida"

Una curiosa sensación comenzó a la altura de mis pies. Era casi como si fuera un liguero guante que fuese quitado de los dedos. Esta sensación recorrió todo mi cuerpo, hasta que ascendió hasta mis hombros y garganta. En ese momento tuve un repentino desmayo, sumiéndome en la inconsciencia. Cuando desperté de mi desmayo, me encontré a mí misma que estaba junto a la cama, mirando al cuerpo que yacía inerme sobre la misma...

Para mí sorpresa, pude comprobar que aún tenia brazos, y piernas, y un cuerpo, pues yo siempre había concebido el alma como algo sin forma. Me encontré, pues, que aunque muerta, aún conservaba una forma, forma que era nueva para mí. De nuevo sentí lastima por los que estaban llorando por mí.

Fue entonces cuando de forma súbita, apareció en el espacio que me circundaba una abertura, algo similar a un túnel, en cuyo extremo final se vislumbraba una luz. Me moví hacia él, y pronto me vi atravesándolo. Al cabo, me hallé a mí misma en el extremo del túnel, en lo que me pareció ser la cima de una colina cubierta por el césped más verde y brillante que jamás hubiera visto en mi vida terrena. El campo era ondulado y muy hermoso. Entre escenas de bosques se dejaban ver veneros de agua aquí y allá. No había un sol visible, pero la luz que todo lo bañaba tenía una maravillosa y desusada cualidad.

Junto a mí encontré una figura que portaba un traje talar claro y brillante. Yo sabía que era un amigo.”Mira hacia atrás, y contempla el camino que has recorrido hasta llegar aquí”, dijo él. Yo miré hacia el túnel que había traspasado poco antes. Vi que mi cuerpo aún yacía en mi cama. Mis amigos aún lamentaban lo que creían mi muerte. Me sugirieron entonces que variara mi foco de atención, y que dejara de mirar a mi cuerpo inerme. Inmediatamente pude comprobar que era capaz de ver el mundo entero tan claramente como había observado antes los detalles de mi habitación.

Puse de nuevo mi atención en la cama donde yacía mi cuerpo y pude ver que los que lamentaban mi muerte exhalaban nubes de dolor, miedo y profunda depresión. Me sentía muy apenada, y quise decirles que me encontraba bien, sin temor alguno, viva y feliz. No pude entonces comprender cómo no entendían esto; pues yo me encontraba mucho más viva que jamás lo hubiera estado sobre la Tierra. “La muerte no existe. La muerte es vida”, Exclamé. Poco después me desperté hallándome de nuevo en mi cama. Desde entonces, el viejo terror a la muerte desapareció para mí”.

La parapsicología viene comprobando lo que el hombre sabe desde hace milenios, y las formas de conocimiento inconsciente han dejado de ser superstición para convertirse en sujeto de investigación.


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