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Marx, esconde las razones del neoliberalismo en el corazón de la izquierda

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30/11/2019 12:39 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

Hay una confusión en la doctrina marxista sobre el nuevo mercado, o hasta allí no llego la tesis

El Reloj del Tiempo

El l5 de mayo de 1818 nació en Tréveris el filósofo Karl Marx. Fue el hombre que, como otros pensadores del siglo XIX, intentó elevar a la Historia, con mayúsculas al modo hegeliano, a la categoría de ciencia y de libro de instrucciones para entender el presente y construir el futuro. Pero el balance final sobre su legado está lleno de contradicciones, que suelen ser el resultado de supeditar las premisas ideológicas a los hechos. Esto no es extraño porque el pensamiento de Marx quería asemejarse a una fortaleza inexpugnable, resguardada por un temperamento abrupto, lleno a la vez de lógica e indignación, y opuesto por completo a las ensoñaciones románticas de su tiempo en la política o en la literatura.

Sin embargo, coincidía con algunos de esos románticos en la conciencia de estar en el mundo para cumplir una excelsa misión, si bien era él mismo el encargado de elaborar paulatinamente los contenidos de la doctrina para llevarla a cabo

Las largas horas dedicadas al estudio en la biblioteca del Museo Británico y a la redacción nocturna de escritos en su casa londinense con el escaso interés demostrado por conocer sobre el terreno la realidad del país que le da cobijo. Isaiah Berlín, uno de los biógrafos llega a decir que Marx podría perfectamente haber escrito su obra en Madagascar. Las coordenadas geográficas no habrían influido en absoluto en las coordenadas ideológicas.

 

Es interesante recordar que Marx, juntamente con Friedrich Engels, fue en su día analista de la política internacional de su tiempo por medio de una serie de artículos publicados en diario New York Daily Tribune,  un periódico considerado el más influyente de EEUU entre 1840 y 1870. El medio, fundado por Horace Greely, destacaba por su oposición a la esclavitud y a la autocracia, y buscaba un corresponsal en Londres, aunque solo estaba dispuesto a pagar una libra por artículo. No le importaba demasiado a Marx, pese a no estar nunca sobrado de dinero, pues quería tener a su disposición una tribuna influyente. Los temas le eran impuestos a Marx, pero si no eran de su agrado o no tenía demasiados conocimientos, eran redactados por Engels. Su método de trabajo casi siempre era el mismo: un breve esquema de los sucesos o personajes descritos, seguidos de una exposición de los intereses ocultos o de las actividades siniestras derivados de ellos. Eso le interesaba más que los motivos explícitos. Se podría decir que era un analista internacional marcado por el escepticismo, la sospecha y probablemente por lo que hoy se conoce como “teorías de la conspiración”. Tampoco es extraño porque las ideas de Marx representan una negación de la política. Son, de hecho, el antipolítico porque reducen al Estado a un simple instrumento al servicio de la clase dominante. Pero destruir el Estado y el orden político sin tener bien definido lo que le va a sustituir, no deja de ser una incertidumbre. Este vacío solo puede ser colmado por un sistema de partido único.

Para ver dónde estamos, lo que se ha hecho y lo que se amenazaba con hacer, es importante recordar lo que se decía al comienzo del mandato de Trump y cuál es la situación ahora. Con independencia de la respuesta, la palabra inequívoca que califica la coyuntura es incertidumbre, una incertidumbre aumentada por la falta de nombramientos importantes para la región en lugares claves del gobierno, como el Departamento de Estado, el Tesoro, o la DEA.

¿Qué se esperaba de Trump? En primer lugar, la inmediata construcción del muro, que para más escarnio debían pagar los propios mexicanos. Hoy su construcción no avanza y su presupuesto está bloqueados en el Congreso. También hay un número creciente de republicanos que se oponen, comenzando por los estados fronterizos.

El complemento del muro era la abolición del TLCAN. Inclusive se especuló con introducir un arancel, inicialmente del 35%, luego reducido al 20%, sobre las importaciones mexicanas, pero, debido a la presencia de las cadenas de valor hay productos que durante su fabricación cruzan repetidamente la frontera en ambas direcciones.

La negociación con México distó de ser el paseo militar que Trump imaginó. Sin negar la necesidad de renegociar el TLCAN (un acuerdo antiguo en muchos aspectos, firmado al comienzo de la década de 1990), los mexicanos comenzaron a delimitar el marco de la negociación y recordaron la importancia de su mercado para las exportaciones agrarias estadounidenses

¿Marx, un nuevo planteamiento?

Algunos han descalificado a este escritor por sentimental, pero seguramente son incapaces de comprender su mirada compasiva, sobre todo en estos tiempos en que se rinde culto tan solo a la eficacia.

 

Hoy en día la denominada extrema derecha está presente en la mayoría de los parlamentos nacionales de la UE, con las notables excepciones de Portugal, España, Eslovenia, Irlanda y los micro-Estados. También ha calado hondo en sus socios europeos más importantes como Serbia, Ucrania, Noruega y Suiza. ¿Cómo se explica este giro hacia la derecha en los últimos cinco años en Europa, un continente caracterizado por un modelo social de bienestar y unos valores democráticos compartidos?

Marx, ha quedado como una referencia para la historia con sus implicaciones, constituye solo un aporte para el Capitalismo. Por desgracia, el nuevo marco de expresión que ofrece internet no está tampoco exento de censura y represión, lo que impide que las voces prodemocráticas salgan del anonimato o se expresen sin miedo a ser castigadas por ello.

A fin de cuentas, no hay que olvidar que el régimen recibe duras críticas por su constante  información de irrespeto a los Derechos Humanos. Sin embargo, cualquier movimiento, por tímido que sea, podría ser clave a la hora de canalizar el descontento de una población que ve cómo el Estado no satisface sus aspiraciones personales o sus necesidades sociales.

 

El incremento en la inmigración es quizá el tema más mediático pero detrás del mensaje visceral del que algunos hacen gala, los partidos de más éxito (como son equidad y justicia –PiS– en Polonia, el Partido de la Libertad Austriaco –FPÖ–,  Fidesz en Hungría y el Frente Nacional francés de Marine Le Pen) proponen también ambiciosos programas económicos basados en los subsidios a las familias, pequeños empresarios y programas de nacionalización del sector privado que están atrayendo el voto tradicional de izquierdas. El resurgimiento de la derecha radical y populista es más que la manifestación de un pensamiento racista: es la manifestación del localismo frente al actual orden mundial de internacionalismo. La soberanía frente a la globalización.

Así pues, en Polonia, la política estrella del PiS durante las elecciones fue su brazo derecho a las familias mediante la reforma del sistema de subsidios, el incremento de las bajas maternales y la futura introducción de una paga mensual de 500 złotych (113 euros) por hijo. En Hungría, el Fidesz nacionalizaron fondos de pensiones, aprobaron impuestos sobre transacciones financieras y redujeron el precio de la energía en el mercado para beneficiar a hogares e industrias. Sin embargo, la contracción del PIB del 0, 8% en lapsos predeterminados, la decreciente calidad de los servicios públicos y la alta tasa de pobreza (con el 40% de húngaros en riesgo de exclusión) han dado alas a Jobbik, partido aún más a la derecha de Fidesz, que apuesta por un incremento del gasto público y que se ha convertido en el primer partido de oposición en el país. En Francia, la candidata francesa Le Penpropone un incremento del salario mínimo del 13%, una revalorización de las pensiones, una bajada de impuestos en las tarifas energéticas y un proteccionismo económico generalizado. Por último, el FPÖ austriaco esgrime el rechazo al libre comercio, con medidas proteccionistas para proteger a los empleados nacionales e incremento de viviendas públicas y del gasto en sanidad, cosechando así el 88% del voto de la clase obrera en las últimas elecciones presidenciales.

Cuba, se abre al mercado privado

  

Sobre Venezuela, ya sabemos, el presidente Nicolás Maduro Moros es extremadamente neoliberal y su estandarte de izquierda es conceptual y los ciudadanos residentes de ese país sufre escasez de alimentos para su adquisición y con una constante violación de los Derechos Humanos.

 

Pero la conjura contra Europa viene sobre todo de dentro de las sociedades europeas, desde una política que les están fallando a escala nacional y a escala europea, ya sea en sus aspectos colectivos (el Consejo Europeo, el Parlamento Europeo), como en el escaso liderazgo de una institución clave como es la Comisión Europea, o en la política nacional. Deriva de una profunda crisis social y de identidad que lleva a un repliegue nacional, al resurgimiento de las fronteras, al rechazo al extranjero, incluso el de los otros europeos, por no hablar de los musulmanes, muchos de los cuales son nacidos en Europa y ciudadanos de sus Estados miembros.

Pese a las críticas de amplios sectores de la sociedad contra la política de austeridad, no hay desde España conjura contra Europa. Pero cuando Europa va mal, España va mal. Sin proyecto europeo, o ante un proyecto des-europeizador, el proyecto de país no acaba de cuajar.

 

El liderazgo europeo siempre ha sido colectivo. El mejor momento (es verdad que con una UE más pequeña) fue cuando coincidieron en el Consejo Europeo Kohl, Mitterrand, Thatcher y González, con, al frente de la Comisión, una personalidad fuerte y creativa como Jacques Delors.

 

Liderar implica también tener visión. Y en estos momentos no hay visión de a dónde debe ir esta Europa. Esta crisis de liderazgo coincide con una crisis de la política que lleva tiempo larvándose: de la política europea –con una patente falta de democracia, en favor de la tecnocracia– y de las políticas nacionales en unas sociedades en mutación. Una política sin respuestas a los problemas actuales. Y el que De Gaulle llamaba el “federador externo” de Europa, EEUU, está en un cierto repliegue y metido en un complicado proceso electoral.

Europa está renunciando a sus principios fundacionales. Crecen las dictaduras de derecha en los continentes. El régimen de Recep Tayyip Erdoğan en Turquía refuerza su control sobre los medios de comunicación, pero los dirigentes de la UE prefieren mirar para otro lado y ofrecer a Ankara acelerar las negociaciones de ingreso –que se han demorado demasiado– y facilitar la inmigración de los turcos, a cambio de que estos se queden con los refugiados (y dinero para gestionarlos) que entren a través de Grecia, aunque al final encontrarán otras rutas

 

En los últimos años hemos asistido a la aparición creciente de conflictos bilaterales por motivos políticos y económicos entre los países de América Latina, de forma paralela a las tradicionales disputas fronterizas. Todos ellos surgen a la par que numerosos proyectos de cooperación política e integración económica. Estos últimos pretenden impulsar la integración regional para fomentar el desarrollo conjunto de sus países y sociedades. Se presenta así una realidad paradójica: se insta a la integración, pero la relación con los países vecinos suele ser conflictiva. Este hecho no se explica sin el nacionalismo, que frecuentemente es utilizado como estratagema política por sus gobernantes. En el panorama actual destacan una serie de conflictos bilaterales latentes que perjudican las relaciones vecinales y regionales y que ni UNASUR ni otras instancias de integración han ayudado a resolver, Ni lo harán. Por motivos de espacio prescindiré abordar aquellos conflictos transfronterizos latentes y sin repercusiones actuales.

 

Ahora es Nicaragua, quien tiene abiertas varias disputas territoriales con distintos países vecinos: Colombia, Costa Rica, Panamá y Jamaica. En 2001, Nicaragua denunció a Colombia ante la Corte Internacional de Justicia (CIJ) por la delimitación de la frontera marítima entre ambos países y reclamó la soberanía de las islas San Andrés y Providencia. El 19 de noviembre de 2012, la CIJ declaró que la soberanía de dicho archipiélago correspondía a Colombia, pero perdió 75.000 km2 de zona económica exclusiva en favor de Nicaragua. El presidente Santos consideró que el fallo era “inaplicable” porque la Constitución colombiana prohíbe modificar las fronteras nacionales.

Entre Costa Rica y Nicaragua, el principal foco del conflicto es la soberanía del cauce del río San Juan y sus territorios adyacentes. Una disputa vinculada al proyecto de construcción de un nuevo canal interoceánico paralelo al de Panamá. En septiembre de 2009 el presidente Daniel Ortega, en plena campaña electoral, comenzó trabajos de dragado y limpieza del río, provocando la entrada de tropas nicaragüenses sobre territorio costarriqueño. En 2010 Costa Rica denunció que éstas hubiesen entrado de forma ilegal a la isla del Portillo, y el presidente Ortega respondió diciendo que la isla pertenecía a Nicaragua. Así que Costa Rica decidió acudir a la CIJ. El último de los acontecimientos en este conflicto se produjo cuando Daniel Ortega declaro la soberanía de Nicaragua sobre el territorio de Guanacaste, a lo que Laura Chinchilla respondió llamando a consultas a su embajador en Nicaragua. A parte de estos dos países, Panamá y Jamaica también mantienen conflictos transfronterizos con Nicaragua. Todos ellos,  a iniciativa de Colombia, presentaron un 23 de septiembre una demanda ante la ONU denunciado los “afanes expansionistas de Nicaragua” en el mar del Caribe.

En el futuro previsible, EEUU va a seguir controlando las rutas marítimas que más utiliza China, y, por tanto, hay que abrir otras por tierra y por mar (15 de los 20 puertos más importantes del mundo están hoy en China) que le permitan garantizar el transporte de sus exportaciones (para algunas, la vía aérea resulta prohibitivamente cara) y los suministros de materias primas, especialmente las vinculadas a la energía. El proyecto implica a toda Asia, los países del Golfo y de Oriente Medio y el Norte de África y Europa.

Charles Dickens es un autor clásico de referencia, del que en 2020 celebraremos el 150º aniversario de su muerte. Despierta el interés de gentes de todas las edades, jóvenes y mayores, al sentirse atraídos por la humanidad presente en sus relatos o por la galería de personajes en los que se retrata lo mejor o lo peor del ser humano.

Este fragmento es el inicio de una curiosa incursión dickensiana en el género histórico. Se trata de Historia de dos ciudades (1859), ambientada en Londres y París durante el período de la Revolución Francesa y sus años precedentes. Recordemos, al pub más antiguo de Londres, uno de los autores citado en la novela y uno de los más frecuentados por Dickens. No lejos de allí estaban situados los tribunales que también juegan un papel en la trama. Pero además esta historia está asociada al cine. Un crítico cinematográfico en Caracas, que no conocía directamente el libro, me dijo, tras haber visto la adaptación al cine dirigida por Jack Conway en 1935, que seguramente este título tenía la finalidad de contraponer dos sistemas políticos, el del parlamentarismo, representada por Londres, y el de una revolución asentada sobre el terror, encarnado en París. De hecho, al final de la película, Charles Darnay, sobrino de un odiado marqués y que logra escapar a Inglaterra con su familia, hace un elogio de la revolución americana con referencias a George Washington y a los derechos del hombre. Por cierto, Hannah Arendt resaltó una vez la paradoja de que la Revolución Francesa había sido elevada a la categoría de acontecimiento universal, mientras que la americana fue considerada por muchos historiadores casi como un suceso local. Por otra parte, el escritor y granjero Arthur Young en su libro Viajes por Francia (1787), se preguntaba si en el país vecino se copiaría el sistema político inglés, liberado de sus defectos, o bien partiendo de teorías se implantaría algo meramente especulativo. En el fondo, esta apreciación no deja de ser el reproche de muchos ingleses a la política y el derecho continentales.

Creen que se parte de construcciones abstractas, un tanto cartesianas, y no se tienen en cuenta las tradiciones y peculiaridades culturales. Lo afirmaba uno de los padres del pensamiento conservador, Edmund Burke, en sus Reflexiones sobre la Revolución Francesa (1790), y ese argumento sigue estando hoy presente en la desconcertacion en  el Brexit hacia la Unión Europea, un instrumento “normalizador” que disolvería las identidades nacionales. Winston Churchill y Margaret Thatcher no habrían dicho algo muy diferente. El problema es que algunos no han querido plantearse en el escenario de la globalización, donde no funcionan los postulados simplistas, si estos argumentos esgrimidos desde hace tiempo son válidos para el momento presente o necesitan de alguna matización o adaptación. Se aferran a las glorias pasadas de los Estados nación y no acaban de entender, como dijo en cierta ocasión Tony Blair, que la soberanía no solo sirve para decir no.

 

* Escrito por Emiro Vera Suárez, Docente en Ciencias Políticas. Orientador Escolar y Filósofo. Especialista en Semántica del Lenguaje jurídico. Escritor. Miembro activo de la Asociación de Escritores del Estado Carabobo. AESCA. Trabajo en los diarios Espectador, Tribuna Popular de Puerto Cabello, y La Calle como coordinador de cultura. ex columnista del Aragüeño

Hay que ver a los nuevos teóricos de la religiosidad y del socialismo

 

 

 

 

 

 

 

 

 


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