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Marthaler en Aviñón o hasta dónde aguantará el espectador

13/07/2010 08:37 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

Cómo ser el más moderno en el mayor Festival de Teatro del mundo

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Christoph Marthaler, de origen suizo, ha sido uno de los artistas asociados invitados para esta edición del Festival de Teatro. Mezclando ópera y teatro ha sabido conquistar al público y llenar las salas de las mejores instituciones culturales europeas. Pero no se sabe que virus ataca a los buenos artistas cuando se les invita a Aviñon pero muchos pierden el norte, y algunos también el resto de los puntos cardinales, cuando crean obras para la ciudad de los Papas. Y como muestra, lea lo que sigue e intente comprenderlo.

El artista había prometido crear una obra en la iba a tratar del carácter ilusorio de la verdad. El escenario era inmejorable, el patio del citado Palacio: un guía ciego introduce a un grupo de visitantes para mostrarles los sarcófagos de los papas y la lavadora que reina en el centro de las escena. El público, generoso, perdona todas las licencias con tal de que tengan un sentido y, al fin y al cabo, hace unos minutos que ha empezado la obra. El guía recupera la vista al introducir la cabeza en la lavadora (chiste fácil pero bueno... démosle unos minutos más), el silbido como estimulante sexual, actrices que tiran bocadillos a sus compañeros desde lo alto del Palacio (el público empieza a sentir que no va a ser un bocado al alcance de todos), la adoración de un carrito de la compra, convertida en una aviso de bomba, siendo ésta una barra de pan... Los intectuales del público aprecian la metáfora, tras revisar la teoría psicopatolígica freudiana en su integridad y sonríen de medio lado porque la sala empieza a calentarse y parece que acabará en bronca.

Tras diez minutos de silencio, sin ningún tipo de relato, ni acción, ni reflexión, ni contemplación y con sólo dos actores que permanecen sentados, el resto de la compañía se ha paseado en silencio ante el público un buen rato antes de salir de escena mientras que varias decenas de espectadores abandonan el recinto, y en ese momento de aburrimiento total se monta el jaleo y la mitad de los espectadores empiezan un alterado abucheo frente al resto que defienden la ¿obra? y pide silencio. Y aquí se produce la magia: el espectáculo está entre el público y ya nadie hace caso de la obra.

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El artista para montar este objeto teatral, digámoslo así, ha utilizado entre otros, textos de Cadiot, Cioran, Dario Fo, Kierkegaard, Henri Michaux y música de Bach, Chopin, Haydn, Listz, Mozart, Palestrina, Satie... para aburrirnos mortalmente durante dos horas y cuarto y hacer "gags visuales" dignos de Benny Hill.

Aún así esto es Aviñón y el espectáculo debe continuar, y debemos dar las gracias a Marthaler por no mentir en el título de la obra Papperlapapp significa blablabla... y, sobre todo, porque el espectáculo sólo se presentará en el Festival.


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El Reportero Dicharachero (56 noticias)
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