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Marca gran solemnidad la jornada del Jueves Santo en Jerusalén

21/04/2011 12:14 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

En una profunda solemnidad se celebraron hoy en Jerusalén las principales ceremonias de la jornada de Jueves Santo, en la que religiosos y peregrinos fueron pasando por los puntos más significativos relacionados con la trayectoria de Jesús. La jornada comenzó con una misa en el Santo Sepulcro, lugar que alberga la que fue la tumba de Jesús durante tres días antes de la Resurrección y, hoy, uno de los tres epicentros de las conmemoraciones. Allí tuvo lugar la ceremonia del Lavado de Pies por el patriarca latino de Jerusalén, Fouad Twal, ante cientos de religiosos, feligreses y curiosos. Tal y como enseña la tradición, el religioso, máximo líder de la Iglesia Católica en Tierra Santa, se arrodilló ante 12 representantes de la comunidad cristiana en un gesto de “humildad” y “amor” que se originó hace dos milenios, y con el que la Iglesia transmite dos de los mensajes más básicos de la fe cristiana. “No hemos podido ver la ceremonia porque era imposible entrar, pero es igualmente de emocionante”, decía una turista española que esperaba esta mañana para entrar al lugar. La ceremonia recrea el lavado de pies de Jesús a los 12 apóstoles en la Última Cena, y fue seguida por la procesión del Sacramento Sagrado. Poco después, al mediodía, las puertas del Santo Sepulcro fueron cerradas, y en un programa estrictamente respetado desde hace siglos, sus custodios musulmanes entregaron la llave a los representantes eclesiásticos de las distintas corrientes. Una tradición con la que se otorga simbólicamente la potestad del recinto a la Iglesia, después de que durante todo el año sean dos familias musulmanas las que abran y cierren las puertas de la Basílica para evitar disputas entre los distintos ritos. La procesión de frailes para la reapertura de los grandes portones fue seguida por numerosos creyentes, que inmediatamente después inundaron la tumba de Jesús con colas de hasta dos y tres horas. Las ceremonias, sobre todo las ortodoxas, impregnaban todo el recinto de un fuerte olor a incienso que se mezclaba con el de la cera derretida de cientos de velas colocadas alrededor del Sepulcro. A la entrada, devotas cristianas de los países del este de Europa se inclinaban sobre la Piedra de la Unción con aceites y algodones que llevarán de regreso a sus países de origen, en la creencia de que tienen propiedades curativas porque allí fue depositado el cuerpo de Jesús antes de ser sepultado y, de acuerdo con la fe cristiana, resucitar al tercer día. “Esta es una costumbre de los seguidores de la Iglesia Ortodoxa, pero son muchos los creyentes que tienen tradiciones muy diversas en los lugares santos y al final se copian unos a otros”, explica el padre Thomas, miembro de un monasterio fuera de Jerusalén. A primera hora de la tarde, los frailes franciscanos y de otras órdenes católicas se dirigieron en procesión hacia el Cenáculo, un pequeño reducto de dos habitaciones y diseño gótico que fue convertido en mezquita por los otomanos en el siglo XVI y en el que aún resaltan los motivos árabes. El Cenáculo, que recibe su nombre de la voz latina "Cenaculum", es el lugar donde la tradición sitúa la Última Cena de Jesús con los apóstoles, y está en un edificio de dos plantas que alberga también la tumba del rey David, venerada por los judíos y de cuyo linaje debía provenir el Mesías. De acuerdo con la tradición cristiana allí también solían pernoctar los apóstoles cuando se hallaban en Jerusalén, y es considerada por esa y otras razones la “primera iglesia cristiana”. Desde que Israel ocupó la parte oriental de Jerusalén en 1967, el Cenáculo está bajo control de las autoridades israelíes y en el lugar, cuya propiedad disputa el Vaticano, no se pueden celebrar oficios religiosos más que dos veces al año. La primera es en Jueves Santo y la segunda en Pentecostés, cuando se celebra el descenso del Espíritu Santo y el inicio de la actividad de la Iglesia. El reducido reducto y sus dos pequeñas puertas no permiten el acceso a un mismo tiempo de demasiadas personas, por lo que los peregrinos fluyeron por la sala a lo largo de toda la jornada, al igual que lo hicieron con todos los otros lugares santos relacionados con este día. “Una emoción sin igual, eso es lo que se siente al pisar cada lugar, como una corriente de espiritualidad y fe en Nuestro Señor”, destaca la chilena Laura Valdés sobre la experiencia de pasar la Semana Santa en Jerusalén. La víspera de la conmemoración de la crucifixión de Jesús es quizás una de las jornadas más emblemáticas de Semana Santa, con decenas de miles de peregrinos deambulando dentro y fuera de la ciudad antigua. Otro de los escenarios del Jueves Santo está fuera de la ciudad antigua, en el Huerto de Getsemaní, donde esta noche se conmemorará la Hora Santa, el momento más místico de las horas previas a la crucifixión. En la Iglesia de la Agonía o de todas las Naciones, porque fue financiada con dinero de una docena de países, se concentran todos los años miles de fieles para orar y celebrar misa, en un entorno relacionado con la agonía de Jesús antes de su captura. El evangelio de Juan menciona que “salió Jesús con sus discípulos al otro lado del torrente Cedrón, donde había un huerto en el cual entró con sus discípulos” y se retiró a orar en solitario y afligido por la soledad. Cánticos en diferentes idiomas recordarán la universalidad de la Iglesia en un oficio marcado en todo momento por la solemnidad y los rezos en privado, por cuanto fue allí donde Judas Iscariote entregó a Jesús a los romanos al identificarlo con un beso. Una procesión con luces y antorchas desde el huerto, donde se cree que aún hay árboles de la época de Jesús, hasta la iglesia del Gallicantu, también fuera de las murallas y donde estuviera la residencia del gran sacerdote Caifás, sella las ceremonias del Jueves Santo. Mañana, Viernes Santo, las conmemoraciones llegarán a su máximo esplendor con el recorrido del Vía Crucis por las estrechas calles de la ciudad vieja, en un recorrido por las catorce estaciones en las que se paró Jesús en su camino a la cruz.


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