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Una máquina para viajar al futuro: una experiencia de ficción en la Casa Blanca

22/05/2009 19:01 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

De la teoría de la relatividad de Einstein a los de Tipler (1974) todo sirve para plantear la entrada en el futuro en un tiempo quizá breve. Pero ¿se incluye la vuelta al presente?. Ese es el quid del problema que se plantea en este relato

Parece tomado de un libro de ciencia-ficción y lo es. La escena imaginada se produce en la Casa Blanca. El presidente Greatman avanza por un largo pasillo al final del cual pulsa un timbre y el muro, que oculta una puerta secreta, le deja paso. El presidente entra en una inmensa galería situada a unos 30 metros del parque de la Elipse, al sur del gran edificio. Ante su vista hay una extraña máquina de las que aparecen sólo en los libros de Asimov o de las películas tipo “La guerra de las galaxias”., ”Odisea del Espacio” o “La Fuga de Logan”. Necesita saber el futuro del país y el suyo propio después de que un meteorito de tres kms. de diámetro ha caído cerca de Washington el 22 de diciembre del año 2023.

En la máquina, la piloto Marjorie, pulsa un botón que provoca la impulsión ultracorta de rayos de gran poder en una trayectoria marcada en el tablero que apunta hacia el remolino de la supergravitación. La máquina está lista para recibir un mensaje del futuro. El presidente y la piloto-operadora miran el rayo luminoso con aprensión. Reciben después un mensaje hablado venido del futuro: “Pienso que tiene usted algunos días por delante antes de la catástrofe final, señor Presidente”. El presidente Greatman reflexiona: “Toda la costa Este de los Estados Unidos quedará destruida para esa fecha por meteoritos…” terminó la voz”. Hay que hacer algo pensó Greatman y lo primero que hizo fue volver al presente.

¿ Pronto será posible visualizar el futuro?..¿Cuándo?

El matemático y físico Frank Tipler –nombre real- imaginó en 1974 un largo cilindro ultra denso, que da vueltas a una velocidad igual a la de la luz. En esa máquina el tiempo se invierte en la mitad del recorrido. Para atravesar el muro del tiempo hay que dar vueltas al mismo ritmo que el cilindro. En el mismo sentido de éste se penetra en el futuro. En sentido opuesto, se vuelve al pasado. Todo ocurre a la velocidad de la luz.

Ya en esa época, que para nosotros parece un pasado casi remoto, no hay nada que se oponga a la construcción de esa máquina que daría la seguridad de un retorno al pasado. “Un día –dijo Tripler hace 32 años- ese ingenio se construirá ¿Ha llegado el tiempo de su realización?

No hay duda que el físico cuando escribió todo eso se sabía las teorías físicas reconocidas y verificadas. La de la relatividad espacial y general de Einstein, prevén la posibilidad de manipular el tiempo. Un día u otro, en lugar de ser esclavos del péndulo nos lanzaremos a “una misión temporal” de una hora a través del tiempo tan fácilmente como hoy se lanzan a los astronautas a misiones espaciales increíbles, desafiando a la basura espacial que flota en el cosmos o viajamos al espacio exterior y pronto lo haremos sobre naves espaciales mucho más sofisticados que los actuales. Será posible comer en Nueva York y volver a Europa para la hora de la cena. Según Einstein para el astronauta que viaja a la velocidad de la luz el tiempo transcurre más lentamente que para su familia que se quedó en tierra.

“Un día –dijo Tripler hace 32 años- ese ingenio se construirá ¿Ha llegado el tiempo de su realización?

En sus conversaciones con otros físicos en ratos libres, Einstein trató el tema –se dice- muchas veces. Se podría viajar en el futuro con una máquina que igualara la velocidad de la luz. Pero el sabio advirtió: el viaje sería en sentido único, lo que quitaría las posibilidades de la realización de tal máquina, por el momento. Eso según la ley de la relatividad espacial. Pero según esa ley era posible “atravesar las horas” en un sentido que es, en el fondo, lo que logramos en una navette.

No sólo una máquina si vencemos a la ultra gravitación

La teoría sugiere diferentes tipos de máquinas para explorar el tiempo. El quid del problema es la ultragravitación. Depende del constructor y su habilidad para adaptarse a las teorías de la relatividad el que la máquina sea viable. Una de las máquinas “posibles” sería una especie de supertorno hiperdenso en rotación que se aproxime a la velocidad de la luz.

El sabio Kerr describe el campo de la gravitación en el exterior de una masa en rotación que se va concentrando y adquiriendo una densidad colosal. En el centro de esa masa se forma un agujero negro (que nada tiene que ver con los agujeros negros de Hawkings) con un vacío central. Ese vacío es la puerta del tiempo. Quien se aventure en él, astronauta, gobernante o aventurero, se adentra en el futuro. En este extraño hiperespacio la dimensión temporal se convierte en dimensión espacial.

Quimeras como ésas, planteadas hace más de 30 años en los que estuvo de moda –gracias a una serie de películas bien conocidas- el viaje al mañana pueden resolverse, si se soluciona el problema de la ultragravitación. Cuestión de nuevas técnicas y de dinero. Pero no llamen por favor ni a Asimov, ni a Arthur C. Clarke, ni a van Voigt, ni tan siquiera a Robert A. Einlein.

En cuanto al problema del principio de este trabajo, todo quedó en un mal sueño del que el Presidente despertó sudoroso. Afortunadamente no se le ocurrió llamar a sus sabios militarizados del Pentágono sino que consultó con un viejo libro de Nostradamus y las fechas no coincidían con nada que amenazara la seguridad de los Estados Unidos. No pasó nada porque no tenía que pasar, pero creer en los adivinos lo consideró un pecado y no dijo nada a nadie. Y siguió durmiendo, porque él tampoco creía en sucesos catastrofistas a no ser que hayan sido generadas por el hombre. Greatman fue un gran presidente. Vio el futuro, sin necesidad de máquinas.


Sobre esta noticia

Autor:
Martín Gainza (9 noticias)
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Reportaje
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